Detalle de la procesión de disciplinantes por Francisco de Goya

HISTORIA

1777: el año que prohibieron la noche, el antifaz y la sangre

Así fue la normativa del Rey Carlos III que cambió la Semana Santa

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Las cofradías no tenían sitio en la mentalidad ilustrada del siglo XVIII. Al menos, el concepto de cofradía barroca heredado del siglo XVII, procesiones en las que existían la disciplina en forma de flagelos sobre espaldas desnudas de penitentes, la oscuridad de la noche como escenario de cortejos con la única luz de las velas o el antifaz de nazareno, una garantía del anonimato del penitente que se mantenía desde siglos pasados. Elementos que en la mentalidad ilustrada se entendían como rasgos de superstición que se combinaban en un escenario de especial peligro, la noche y el rostro cubierto, conceptos absolutamente contrarios a las nuevas ideas de razón, de luces y de higiene. Razón frente a devoción. Imposición de las ideas del poder frente a las ideas del pueblo. Despotismo cofrade: “Todo para el cofrade, pero sin el cofrade.”  

En el último tercio del siglo XVIII, ilustrados como Jovellanos ya habían clamado contra las hermandades y su necesario control, siendo expresivas las palabras de Campomanes contra las cofradías que “con sus abusos han derivado en una especie de antigualla supersticiosa en las que el demasiado consumo de cera, funciones de pólvora, comilonas, vestidos de los hermanos mayores y mayordomos, están clamando por una ley suntuaria que, reduciendo la devoción de los fieles al espíritu del Evangelio y de la tradición de la Iglesia, reduzca a estas congregaciones a un número moderado y a la debida observancia”. Reducir y controlar. El mismo Asistente Pablo de Olavide ya había tenido sus primeros roces con las cofradías en 1768, cuando limitó la presencia de cofradías en las calles al prohibir el horario nocturno, en un año que acabaría teniendo catorce cofradías en la calle.

Ilustración del libro de reglas del SIlencio de 1803

La gran prohibición llegó con la normativa de Carlos III en 1777, una Real Cédula en la que se prohibían los disciplinantes, los empalados y los penitentes de sangre “ni otros espectáculos semejantes, debiendo los que tuviesen verdadero afecto de penitencia elegir otras más racionales y secretas y menos expuestas”.  A estas disposiciones se añadirían otras en las que se suprimían los horarios nocturnos de las procesiones, “saliendo a tiempo de que estén finalizadas ante de ponerse el sol”.

Antiguo Grabado de Ntro. Padre Jesús del Gran Poder firmado por Utrera

Antiguo Grabado de Ntro. Padre Jesús del Gran Poder firmado por Utrera

El historiador Álvaro Pastor Torres explica también la incorporación de otras disposiciones eclesiásticas de aquel año 1777 encaminadas al orden procesional: “túnicas proporcionadas a los cuerpos, demandantes de limosna con juicio y prudencia, en ningún caso jóvenes, prohibición expresa de llevar el rostro cubierto, limitación a tres del número de trompetas…” Unas restricciones que llegaban a la ciudad en un tiempo realmente convulso, ya que el propio Asistente de la ciudad, Pablo de Olavide, permanecía encarcelado por una Inquisición que todavía quería hacer valer su antiguo poder frente al poder ilustrado.

El misterio de la Sentencia de la Macarena en el siglo XIX / GRIMA

La investigadora Rocío Plaza Orellana, en su libro «Orígenes modernos de la Semana Santa de Sevilla» ha analizado el complejo proceso que se inició en este año 1777 por parte de las cofradías. Explica la historiadora su sorpresa ante la reacción “de las cofradías ante la nueva legislación restrictiva: muchas fueron acatando solo lo que les convenía y muchas de ellas orillaron las disposiciones ilustradas”.

El rey Carlos III

Algunas hermandades fueron especialmente celosas en resistirse a la prohibición del horario nocturno y del antifaz de nazareno, consiguiendo ese año la autorización de salir en la madrugada las hermandades de Jesús Nazareno, (Silencio) y del Gran Poder. Fueron las dos hermandades que antes consiguieron recuperar las túnicas de nazareno como hábito penitencial. De hecho, en los años siguientes eludieron los horarios diurnos con normativas ambiguas en un proceso que la profesora Rocío Plaza ha bautizado como la “invención del alba”, ya que era el ambiguo término que indicaban las hermandades para intentar ocultar que, realmente, saldrían de noche.

Grabado concepcionista de la hermandad del Silencio

Una conquista del horario nocturno al que pronto se sumarían las hermandades de la Carretería y de la Macarena. En los años siguientes, la actuación de influyentes personalidades del ayuntamiento y los procesos abiertos por algunas corporaciones, permitieron la progresiva aceptación del antifaz de nazareno en sustitución “del traje de serio”.  La superación del pleito entre las hermandades de la Carretería y el Gran Poder en 1797 supondría la apertura del horario de la madrugada, acuerdo del que se acabaría beneficiando la hermandad de la Macarena.

El palio de la Macarena en el siglo XIX / GRIMA

Años en los que la imposición de la aprobación de reglas por el Consejo de Castilla, desde Madrid, constató la solidez de las corporaciones en conseguir su nuevo marco jurídico: Servitas (1779), Silencio (1783), Gran Poder y la O (1786), San Isidoro (1788), la Cena, Columna y Azotes y Carretería (1790), Oración en el huerto (1792), Sentencia, San Bernardo y Mortaja (1793), Vera Cruz (1804), Santo Entierro (1805) o Pasión (1808) aprobaron sus nuevas reglas. La hermandad del Amor, también a comienzos del siglo XIX, se rehacía y recuperaba sus nazarenos como santo y seña. Los nazarenos y la noche se habían salvado. La sangre de los disciplinantes pasó a la historia.

Grabado de la Virgen del Mayor Dolor del Gran Poder / UMBRETE

Manuel Jesús Roldán

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