Baldomero Rodrigo Rasero

Luto en el Cerro por la muerte de Baldomero Rodrigo Rasero

Nunca perteneció a una junta, pero ha sido un embajador durante toda su vida de la hermandad de los Dolores por la que trabajó cada día

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Existen muchas personas anónimas en las hermandades que trabajan en la sombra sin querer un cargo de una junta de gobierno, sin estar en primer línea, que lo dan todo a cambio de nada a lo largo de su vida, teniendo como único fin el de poder servir a sus titulares y engrandecer a su corporación, convirtiéndose en primordial para una corporación. Una de ellas ha sido Baldomero Rodrigo Rasero, que ha fallecido en este primer sábado del mes de junio de manera repentina casi a los 80 años de edad.

Era hermano del Cerro. Su vida era su familia y la hermandad de los Dolores. ¿Quién no conocía a Baldomero en este barrio? Todo el mundo. Un auténtico embajador se podría describir a este persona que vivía por y para el Cerro. Sobrino del tallista Francis Verdugo, otro vecino que fue quién realizó las andas del Cristo de la Humildad.

Baldomero era tabernero, como sus padres y lo han seguido siendo sus hijos. Propietario del bar los Balcones, que en un principio estuvo en la calle Afán de Ribera y posteriormente lo trasladó justo frente a la parroquia de los Dolores par estar más cerca de su gran devoción. De allí nacieron muchos proyectos de esta hermandad, como el conseguir que la familia Cardoso sufragara con los gastos del manto de salida de la Virgen de los Dolores.

De su negocio salían grandes ingresos durante todo el año, ya sea de la venta de papeletas de una rifa, de la lotería de Navidad o de obtener donativos para cualquier cuestión en lo que la hermandad estuviese haciendo en ese momento.

Cada Martes Santo, en el salón de celebraciones que poseía, lo cedía para la cuadrilla de costaleros de la hermandad. Allí igualaban, repartían los relevos, se hacían y la ropa, y Baldomero regalaba a cada uno de ellos un desayuno antes de iniciar la estación de penitencia cada año a la Santa Iglesia Catedral.

Un fiel servidor del Cerro, que conseguía todo lo que se proponía para darlo a sus titulares. Un auténtico devoto de la Virgen de los Dolores, uno de sus pilares fundamentales, aunque en la Semana Santa portaba su hábito de nazareno en el Cristo del Desamparo y Abandono.

Su recuerdo perdurará siempre en su barrio, en su hermandad, en esa esquina de su bar frente a la parroquia, quizás llegando a ser la persona que más cerca ha estado de la Virgen de los Dolores durante las últimas décadas.