Pasión con cirineo

SEMANA SANTA SIN COFRADÍAS

Una epidemia y una sublevación dejaron a Sevilla sin cofradías en 1820

Este viernes se cumplen 200 años de la prohibición por parte de Riego del uso del antifaz que provocó que no hubiera Semana Santa en cinco años

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Desde el regreso de Fernando VII tras la invasión francesa, la supresión de la Constitución de 1812 dio paso a unos años de persecución de los liberales, en medio de una gran crisis económica y de un imparable proceso de independencia de los territorios americanos. La carestía económica hizo difícil la organización de un ejército que embarcara hacia América y pusiera orden en las tierras de ultramar. La desastrosa política del rey Felón motivó la extensión de intentos de levantamientos militares para volver a la senda constitucional. Un triunfo que llegaría en el momento menos esperado…

A finales de 1819, una epidemia declarada en San Fernando, y que amenazaba Cádiz, motivó que las tropas preparadas para el embarque a América tuvieran que dispersarse. También se dispersarían los movimientos planeados por los militares liberales para el levantamiento. El uno de enero de 1820, el comandante Riego, aunque no era la previsto, iniciaba el levantamiento en Las Cabezas de San Juan, proclamando la Constitución de 1812. El 3 de enero, el coronel Antonio Quiroga, encargado inicialmente para encabezar el movimiento, tomaba San Fernando y se disponía a entrar en Cádiz, un importante objetivo que se resistiría a las tropas liberales. Daba comienzo un largo invierno de incertidumbre ante una situación incierta, en un periodo sin prensa por la supresión de Fernando VII y que vivía en Sevilla una situación anómala: la nieve hacía acto de presencia. Relata Velázquez y Sánchez el comienzo de una nevada “a las siete de la mañana del martes 11, hasta cubrirse de una espesa capa blanca torres, miras, azoteas, tejados, plazas y calles y en la noche arreció de tal suerte que había más de media vara de nieve en el piso”. Un fenómeno raro en el clima sevillano que quizás advertía del difícil periodo que se iba a vivir.

La Virgen de las Lágrimas de la Exaltación en 1800

Durante el mes de febrero todo fueron incertidumbres. El levantamiento liberal no había triunfado, pero tampoco había sido sofocado. Es más, las tropas rebeldes se movieron por diferentes localidades andaluzas ante el silencio oficial. Las cofradías sevillanas, en pleno proceso de revitalización, afrontaban sus cultos y preparativos de la Semana Santa. Hasta dieciséis cofradías montaron el año anterior sus pasos, Amor, Quinta Angustia, Valle, Montesión, Pasión, Silencio, Carretería, Macarena, Trinidad, Exaltación, San Isidoro, Mortaja, Cachorro, la O y Encarnación, esperándose que en este año 1820 pudieran ser más de treinta las cofradías que procesionaran. Una previsión vana.

Rafael Riego

El levantamiento en Andalucía se extendió a finales de febrero a Galicia, con pronunciamientos en La Coruña, Ferrol y Vigo. Ya a comienzos de marzo, la causa liberal triunfaría en Zaragoza, Barcelona y Pamplona. El marqués de las Amarillas definió perfectamente la situación: “cansado el pueblo español de verse siempre mal gobernado, dejó hacer a unos pocos conjurados este gran cambio político”. La extensión de la presión forzó el reconocimiento de los males del país en un decreto publicado el día 3 de marzo, decidiéndose Fernando VII a aceptar la Constitución de 1812, tal como reclamaban los militares liberales. Temeroso tal vez de perder la corona o incluso de su propia cabeza, como ocurriera en la Revolución Francesa, el monarca juró la Constitución el 9 de marzo, aceptando la imposición de una junta que se haría con el gobierno efectivo de la nación. Se iniciaba el Trienio Liberal, que en Sevilla sería un larguísimo quinquenio sin cofradías.

El Juramento de la Constitución de Fernando VII

El jueves 10 de marzo, una multitud interrumpía en Sevilla la sesión del cabildo municipal, procediendo a su disolución efectiva, al tiempo que se abatía la lápida de mármol que denominaba a la antigua plaza de San Francisco como Plaza Real de Fernando VII. Rota su placa, fue sustituida provisionalmente por un cartel provisional que la bautizaba como Plaza de la Constitución. Otra multitud asaltaría la sede del Tribunal de la Inquisición, por entonces en horas bajas, ya que apenas tenía a dos presos en sus cárceles con la acusación de su pertenencia a la masonería. El 15 de marzo, cuatro días antes del Domingo de Ramos, tomaron posesión del gobierno municipal los nuevos regidores liberales, con el general Tomás Moreno y Daoiz a la cabeza como jefe superior político interino de la provincia. La nueva junta acudió a una misa solemne en la Catedral, con cántico de Te Deum incluido, una asimilación rápida por parte del poder eclesiástico del nuevo poder político de la ciudad. Velázquez y Sánchez relata cómo “la plebe de Sevilla era más bien espectadora que parte activa de las fiestas del nuevo régimen”.

El Rey Fernando VII

El 27 de marzo, Lunes Santo, confluyeron dos elementos decisivos para la suspensión de las procesiones en la Semana Santa. Al atardecer de la jornada entró en Sevilla el coronel Riego, cabecilla de un levantamiento que había estado a punto de fracasar, siendo recibido desde el Patrocinio y en su entrada por Triana “entre vítores de la impresionable multitud, las ovaciones de enardecidos patriotas y los repiques de las campanas”. El mismo día 27, el general Tomás Moreno publicaba un edicto “prohibiendo a las hermandades el traje de nazareno, mandando a las cofradías a sus templos y capillas antes de las oraciones y previniendo a las de madrugada que se abstuviesen de salir antes de romper el día”. El edicto intentaba eliminar cualquier posibilidad de levantamiento por parte de los absolutistas contrarios al nuevo régimen, que podían encontrar en el anonimato de los antifaces la posibilidad de una revuelta. Los más viejos de cada cofradía recordarían las duras medidas de Carlos III en el siglo anterior, y la larga lucha de las cofradías en torno a 1800 para defender sus señas de identidad recuperadas: la noche y la túnica de nazareno.

Nazarenos del Silencio, por García Ramos

La respuesta de las cofradías fue un rechazo unánime. Aunque se convocó al cabildo de horas a más de una treintena de cofradías, ninguna aceptó la invitación a participar en una Semana Santa que aquel año tenía previstas sus estaciones el miércoles, el jueves y el viernes. Argumentaron la extrañeza y la arbitrariedad de las condiciones que se le imponían, llegándose al final de la Semana con una dolorosa realidad: ninguna cofradía hizo estación de penitencia aquel primer año del Trienio Liberal.

Pasada la Semana Santa, las únicas procesiones del mes de abril tuvieron carácter cívico y estuvieron motivadas en la proclamación de la Constitución. Lo peor para las cofradías estaba por llegar. El edicto se mantendría en los años posteriores, y la ausencia de cofradías se prolongaría hasta 1826, cuando ocho cofradías, Amor, Quinta Angustia, Silencio, Gran Poder, Macarena, Carretería, Trinidad y Exaltación pondrían fin a un terrible periodo de cinco años sin cofradías.

El misterio de la Trinidad en una lámina de grima del siglo XVIII

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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