HISTORIA

1930: La Semana Santa de la «dictablanda»

Un año en el que convivieron acontecimientos únicos en la historia de España y en la propia historia de la ciudad

Por  10:43 h.

El fin de una época se preludió en la Semana Santa de 1930. Un año en el que convivieron acontecimientos únicos en la historia de España y en la propia historia de la ciudad. A finales de enero había dimitido, falto del apoyo del Rey, el dictador Primo de Rivera, siendo sustituido por el general Dámaso Berenguer. El llamado «error Berenguer» por Ortega y Gasset daba lugar a la denominada «dictablanda«, periodo de transición que hacía presagiar importantes cambios políticos y una clara inestabilidad. En Sevilla se produjeron cambios en el gobierno civil, el gobierno de la Diputación y el propio Ayuntamiento, sucediéndose movimientos políticos de unos y otro signo, desde la constitución de la Unión Monárquica Nacional a la manifestación de obreros que recibían en abril en la Alameda al anarquista Pedro Vallina, desterrado por Primo de Rivera.

—«¿Qué se puede esperar de un pueblo que empeña hasta los calzoncillos blancos para ir a los toros?» se quejaba en su discurso el doctor Vallina. Toros, Semana Santa…Y una exposición. Continuaba la Exposición Iberoamericana inaugurada en 1929, en un ambiente que ya anunciaba los ecos del crack bursátil de la bolsa de Nueva York en noviembre del año anterior y que, en muy poco tiempo, acabaría sumergiendo a Europa en una profunda crisis.

Misterio de la Hiniesta en la Alameda

Misterio de la Hiniesta en la Alameda

 

Fue, por tanto, la Semana Santa de la Exposición, la fiesta de Primavera que contó en Sevilla hasta con cuatro carteles de fiestas primaverales, los de Juan Parradilla, Balceras, Martínez Baldrich y Manuel León, que quedaron clasificados en este orden pero que fueron impresos y difundidos con las mismas tiradas, por lo que fue difícil identificar a uno de ellos como el cartel del año. Carteles con influencias tardomodernistas (acabarían culminando en el cartel de Juan Miguel Sánchez del año siguiente) y de un regionalismo que se mantenía en la estética de la muestra iberoamericana. Carteles que dan cuenta de otro hecho singular: la Feria se celebró en el mismo recinto de la Exposición.

carteles

Fue la Semana Santa de la presencia monárquica. Y la de los estrenos. Y la del dirigible Graff Zeppelin sobrevolando la ciudad. Y la de las crónicas y apuntes de Antonio Núñez de Herrera describiendo aquellos cofrades de la Calzada que daban Vivas a Pilatos y que entraban en comparaciones con la Macarena, la «hermandad matriz» en muchos de sus planteamientos. La última Semana Santa de Rodríguez Ojeda…

5.-Viva-Pilatos

Cambiar todo para que nada cambie. La del Gatopardo de Lampedusa que se hacía presente en las crónicas del 15 de Abril, Martes Santo, referidas al Domingo de Ramos: tanto cambio en el país y en Sevilla toda parecía seguir igual.

«Y no se mete en política el sevillano porque necesita puntos de apoyo; pero puntos fijos, y no esos políticos de Sevilla que son sellos móviles del Estado». Así lo explicaba lúcidamente Núñez de Herrera en el periódico La Libertad aquel mismo mes. La prensa refería los solemnes cultos en la Catedral presididos por el cardenal Llundain, aquel que dijo aquello de «Sevilla es muy católica pero poco cristiana», y que en febrero había sido nombrado hijo adoptivo y predilecto por un Ayuntamiento que sería suprimido tres días más tarde por las nuevas disposiciones del gobierno. Se hacía eco la prensa también de la presencia en la salida de la Hiniesta del príncipe don Carlos, en el día del estreno del pasado de los bordados del manto de la Virgen por el taller de Carrasquilla. También hubo presencia real en la salida de la hermandad de la Amargura desde San Juan de la Palma, con la presencia añadida de la infanta doña Luisa. También se repitió su presencia en la salida de la hermandad del Amor, que aquel año salía con el cortejo unificado y con el estreno de las bambalinas bordadas en Oro según el diseño de Olmo para el palio de la Virgen del Socorro.

Días de presunta normalidad, en los que la ciudad «oficial» parecía vivir ajena a los cambios futuros. Días de estrenos como el de la nueva imagen del Cristo de las Aguas, obra de Antonio Illanes que venía a sustituir a la antigua imagen de pasta de madera que poseía la corporación. Una imagen bendecida por el cardenal en la iglesia de Santa Ana para una corporación que residía en San Jacinto. Imagen relativamente efímera, ya que desparecía en un incendio fortuito en 1942, cruel metáfora después de haber sobrevivido a los incendios intencionados de la década de los treinta.

Montaje del palio de la Virgen de la Palma

Montaje del palio de la Virgen de la Palma

Otra novedad se vivió con el estreno del palio de la Virgen de la Palma, original obra bordada sobre terciopelo azul en los talleres de Victoria Caro, cuyo costo ascendió a cuarenta y dos mil pesetas de la época. Su diseño corrió a cargo de Ignacio Gómez Millán, que siguió las formas de algunos edificios del regionalismo sevillano, tanto en su elementos cerámicos como de forja, a las que añadió una estructuración propia del Renacimiento: era el palio de la Exposición Iberoamericana en su año. En las bambalinas del palio también colaboró Castillo Lastrucci, con la talla de unos originales angelitos que siguen el movimiento del palio, y los bustos de los cuatro Evangelistas que aparecen en el techo del palio. La obra se completó con la orfebrería realizada en el taller de Eduardo Seco Imberg, cuyo coste ascendió a trece mil quinientas pesetas. El manto, también bordado en terciopelo de Lyon, fue realizado en el mismo taller de Caro.

Tiempos de esplendor final que se vieron confirmados con la presencia de una visita de excepción, la del propio rey Alfonso XIII, recogida con profusión de detalles por la prensa, especialmente por el diario ABC de Sevilla.

Alfonso XIII preside el palio de la Virgen de la Victoria

Alfonso XIII preside el palio de la Virgen de la Victoria

En la tarde del Jueves Santo presenció las procesiones en la carrera oficial. Cuando discurría la hermandad de las Cigarreras por la calle Sierpes, a la altura del Casino Militar, Alfonso XIII se incorporó a la comitiva del cortejo, presidiendo desde ese momento la delantera del paso de palio, al que acompañaría hasta la plaza de San Francisco. Fue una de las dos fotos de la Semana Santa de 1930. Posiblemente la del fin de una época. Vestía el Rey el uniforme de gran gala como capitán general, estando acompañado en la presidencia del palio de la Virgen de la Victoria por el director de la fábrica de tabacos, Paulino Herrero, su segundo, Luis Alarcón, el gobernador civil y diversos consiliarios.

4.-La-presencia-de-los-reyes-recogida-en-ABC-de-Sevilla

Antes de la histórica foto, el Rey contempló otro de los grandes estrenos del año al visitar la iglesia de San Antonio Abad, sede de la hermandad del Silencio. Venecia se hacía palio en el nuevo dosel diseñado por Cayetano González para la Virgen de la Concepción, una explicación que el rey escuchó junto a otros proyectos como el de la posible recuperación de los adornos de carey y plata para el paso del Nazareno.

Ya en la madrugada del Viernes Santo Alfonso XIII y su esposa Doña Victoria Eugenia asistieron a la salida del Gran Poder desde los balcones del edificio de Obras Públicas en la Plaza de San Lorenzo. La infanta Doña Luisa salió tras el paso del Señor con el cortejo de las mujeres que acompañaban a la venerada imagen.

Niños sentados en el paso de misterio del Señor de la Sentencia

Niños sentados en el paso de misterio del Señor de la Sentencia

Año de cuatro carteles, de exposición, de coletazos de la monarquía y de mirada al futuro de un niño por, otra vez, Núñez de Herrera: «el año que viene lo verá usted sentado en el paso». Hablaba de un nazareno bebé de la Macarena, la hermandad que aportaría aquel año otra foto que simbolizaría el fin de una época. Se estrenaban el nuevo manto de la Esperanza Macarena, realizado en el taller de Juan Manuel Rodríguez Ojeda en tisú de color verde con bordados en hilos de oro, una pieza patrocinada por el propio rey Alfonso XIII, que había iniciado la suscripción popular entre hermanos y devotos. Su contrato se había firmado el 20 de junio de 1929 con el afamado bordador, que había estipulado en 36.700 pesetas el costo final de su ejecución, incluyendo la mano de obra de su taller y los materiales que suministraría la fábrica de tejidos López de Valencia. Los inicios del trabajo fueron acompañados de una encendida alocución del hermano mayor en la que se animaba a la participación en la obra: «¡Sevillanos, que el manto de la Madre nos junte a todos en un mismo sueño; que al verla pasar en al Madrugada solemne y augusta todos podamos mirarla con emocionado orgullo al pensar que en su manto va el afán de un día, de una hora, de un minuto de nuestra vida!».

Juan Manuel Rodríguez Ojeda junto al manto de tisú de la Macarena

Juan Manuel Rodríguez Ojeda junto al manto de tisú de la Macarena

 

La foto que cerraba el fin de una época era la del propio Rodríguez Ojeda en la trasera del palio, apoyado en la manigueta del paso y con el cansancio del artista que ha culminado una de sus obras postreras. El afamado bordador fallecería en noviembre del mismo año, cuando ya se había firmado un pacto para derrocar la monarquía de Alfonso XIII. 1930. Manto de la Macarena. La foto del fin de una Semana Santa.

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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