Asenjo ante la Esperanza de Triana / J.M. SERRANO

VI CENTENARIO DE LA ESPERANZA DE TRIANA

Asenjo: «La conversión debe ser el argumento central de esta conmemoración»

Homilía del arzobispo Juan José Asenjo en la misa estacional en la Catedral por los seis siglos de hermandad

Por  12:36 h.

El arzobispo Juan José Asenjo ha lanzado un mensaje a todos los hermanos y devotos de la Esperanza de Triana a través de su homilía en la misa estacional celebrada en la Catedral por el sexto centenario fundacional. Dividida en ocho puntos ha recalcado «la espiritualidad» de esta celebración, acentuando que debe ser un «acontecimiento de gracia» y que «la conversión debe ser el argumento central de esta conmemoración». Todo ello ya que «en el momento presente, más que en épocas pasadas, la Iglesia en Sevilla necesita cofrades convertidos, cofrades espiritualmente vigorosos y conscientes del tesoro que poseen y de la misión que les incumbe; cofrades orantes y fervorosos, que viven en las cercanías del Señor, que aman a la Iglesia y viven la comunión con ella, con la parroquia, con los sacerdotes, con los obispos y con todos los que buscamos el Reino de Dios».

Homilía completa

1.Comienzo mi homilía saludando a los hermanos sacerdotes, al señor alcalde y autoridades, al hermano mayor y miembros de la Junta de Gobierno de la Pontificia, Real e Ilustre Hermandad y Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Sacramento y de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, Nuestra Señora de la Esperanza y San Juan Evangelista. Saludo al señor Presidente del Consejo de Hermandades de la ciudad de Sevilla, a los hermanos mayores presentes y a todos vosotros cofrades y devotos de Ntra. Sra. de la Esperanza de Triana y del Señor de las tres Caídas.

2.En esta mañana, habéis venido a la Catedral a dar gracias a Dios en el aniversario de la fundación de vuestra Hermandad en el año 1418 en la real parroquia de Santa Ana. Desde entonces, más de veinte generaciones de cofrades y miles y miles de devotos os habéis postrado ante la Señora para referirle vuestras penas y dolores, vuestras dificultades, alegrías y gozos, encomendándole a vuestros hijos, a vuestros enfermos y ancianos y todas vuestras necesidades materiales y espirituales, encontrando siempre en Santísima Virgen una mirada llena de dulzura y bálsamo y medicina para vuestros sufrimientos. Es justo, pues, que en esta mañana demos gracias a Dios por las muchas dádivas que ha derramado sobre todos vosotros y sobre vuestras familias en estos DC años de dones y bendiciones.

3.Vuestra peregrinación a la catedral debe ser un acontecimiento de gracia para vuestra hermandad. Lo será si, además de la rememoración de un suceso histórico glorioso, que a todos los llena de alegría, tiene también un marcado carácter espiritual, que propicie la conversión de todos nosotros. La conversión debe ser el argumento central de esta conmemoración, que ha de incluir una llamada vibrante a la renovación de la vida cristiana de sus miembros. El papa Francisco nos ha repetido sin cesar en estos años que él busca la reforma de las estructuras de la Iglesia, uno de los objetivos importantes de su pontificado, pero que el objetivo último es la reforma, la conversión de nuestros corazones, la conversión de cada uno de nosotros los cristianos, para abandonar los miedos que nos paralizan y la tibieza que nos impide salir de la mediocridad con el corazón repleto de esperanza, de misericordia, de fidelidad y de ardor apostólico.

4.El fin último de vuestra peregrinación a la catedral, madre y cabeza de todas las iglesias de la Archidiócesis, debe ser el encuentro con Jesucristo, que trasforma nuestra vida, le da un nuevo sentido, una esperanza renovada, una alegría recrecida y rebosante y una sorprendente plenitud. Es la experiencia de los apóstoles, de Pablo, de la Samaritana, de Zaqueo, del Buen Ladrón, de los santos y de los millones de hombres y mujeres, que a lo largo de la historia de la Iglesia se han encontrado con Jesús, pues como nos dice el papa Francisco en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, “la alegría del evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”.

La Catedral llena para la misa estacional por el sexto centenario fundacional de la Esperanza de Triana / J.M. SERRANO

5.La peregrinación de vuestra hermandad a la Catedral es una invitación a todos los cofrades a salir de la frivolidad, la tibieza, la mediocridad, el aburguesamiento espiritual y las apariencias inanes, y a restaurar la soberanía de Dios en vuestras vidas, porque admitir la primacía de Dios es plenitud de sentido y de alegría para la existencia humana, porque el hombre ha sido hecho para Dios y su corazón estará inquieto hasta que descanse en Él. Por ello, con san Pablo, queridos cofrades, os invito a dejaros reconciliar con Dios, que está siempre dispuesto, como en el caso del hijo pródigo, a acogernos, a recibirnos, a abrazarnos y a restaurar en nosotros la condición filial.

6.La celebración de vuestros seiscientos años de historia debe constituir, queridos cofrades de la Esperanza de Triana, una verdadera Pascua, el paso del Señor junto a vosotros, a la vera de vuestra corporación, a la vera de vuestras vidas, para convertirlas, recrearlas y renovarlas. Que ninguno de vosotros echéis en saco roto la múltiple gracia de Dios que en este aniversario quiere derramarse a raudales sobre vosotros. Que todos le abráis con generosidad las puertas de vuestros corazones y de vuestras vidas. En su primera encíclica, Deus caritas est, el papa Benedicto nos encareció con mucha nitidez que el cristianismo no es primariamente un hecho cultural, ni un sistema ético, ni un sentimiento, ni un conjunto de tradiciones familiares por bellas que sean. El cristianismo es, ante todo, el encuentro con una persona, Jesucristo, hasta tal punto que “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro… con una Persona , que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (DCE 1).

7.En el momento presente, más que en épocas pasadas, la Iglesia en Sevilla necesita cofrades convertidos, cofrades espiritualmente vigorosos y conscientes del tesoro que poseen y de la misión que les incumbe; cofrades orantes y fervorosos, que viven en las cercanías del Señor, que aman a la Iglesia y viven la comunión con ella, con la parroquia, con los sacerdotes, con los obispos y con todos los que buscamos el Reino de Dios; cofrades que tienen corazón de apóstol, que no permiten que su fe se fosilice, cofrades que comparten con sus conciudadanos el tesoro de la fe que han recibido, cofrades que rezuman misericordia, que sirven a los pobres y de los que sufren y que aspiran seriamente a la santidad.

8.Así nos lo han dicho insistentemente san Juan Pablo II, Benedicto XVI y el papa Francisco. Una Iglesia que quiera ser luz y sal, tiene que ser una Iglesia convertida, una Iglesia de santos. Esta es la necesidad más urgente de la Iglesia en Occidente: contar con cristianos creíbles, gracias a un testimonio personal y comunitario de vida santa. Este es un imperativo categórico para todos los que pertenecéis a una asociación pública de fieles erigida y aprobada por la Iglesia.

9.Esto es lo que vuestros sagrados titulares, queridos cofrades, esperan de vosotros en esta efeméride jubilar: que apuntéis a lo nuclear y decisivo en vuestra vida corporativa, en la que, si son importantes vuestros cultos, vuestra convivencia fraternal en la casa de Hermandad, vuestras estaciones de penitencia y vuestras largas procesiones, los tocados, los estrenos y la estética, que con tanta profusión destacan los medios de comunicación, lo es incomparablemente más vuestra vida cristiana honda, creyente, orante, fervorosa, fraterna, coherente y ejemplar.

10.Que os ayude el auxilio maternal de la Santísima Virgen esperanza nuestra. Ella es la medianera de todas las gracias necesarias para nuestra fidelidad y nuestra salvación, como nos han asegurado las lecturas que hemos proclamado; que ella, reina y madre de misericordia, como la invocamos en la Salve, nos ayude a todos a vencer en la batalla contra el mal y el pecado, y nos libere de la tibieza, las apariencias vacías, la mentira, la rutina, el desánimo, el cansancio y la desesperanza. Le pedimos que nos lleve de la mano al encuentro con el Señor, el primer valor que da sentido, y esperanza a nuestra vida. Así sea.

Redacción

Redacción

Redacción

Últimas noticias deRedacción (Ver todo)