Quinario de la Exaltación en la década de los noventa en Santa Catalina / J. JAVIER COMAS GONZÁLEZ

REAPERTURA DE SANTA CATALINA

Así era Santa Catalina antes de su cierre

Una mirada a su historia y a la disposición de su patrimonio antes de su cierre aquel 4 de junio de 2004

Por  1:12 h.

Ya hay una generación de sevillanos que no recuerda su interior. Damnatio memoriae, la condena de la memoria que se realizaba en tiempos de Roma y que hoy parece la condena eterna de la ciudad. Santa Catalina es un templo único. Por diferente. Por inclasificable. Quizás la iglesia más musulmana de Sevilla, siendo totalmente cristiana.  La que tenía un cuadro de una Virgen cuyo manto protegía a los soldados de las balas enemigas: seguro que no ha sobrevivido a una restauración inacabable.  La iglesia que tiene a muchas santas en su portada, pero ninguna es Santa Catalina; la que tiene la Fe triunfante con una corona que parece propia de un tiempo de excesos, la de los capiteles romanos junto a las tabernas donde habitan místicos, la de la divina Providencia de san Cayetano que hoy se olvida por san Román y la del Barroco más espectacular en un microtemplo dentro de otro templo. Leonardo de Figueroa habitado en san Telmo y arrinconado en Ponce de León.  Una joya fuera de las rutas turísticas de la ciudad. No digáis su nombre, que los nombres se olvidan…

Antigua fotografía de la cabecera de Santa Catalina

Un templo que debió realizarse en el siglo XIII, en un sector alejado del centro neurálgico de la Isbilia reconquistada, y que se reconstruyó tras el terremoto de 1356, en una estética gótico mudéjar en la que algunos quisieron ver el reaprovechamiento del antiguo alminar de una mezquita precedente. Hoy todo indica que todo fue obra nueva de tiempos del rey Pedro I, Justiciero o Cruel, que hay sus opiniones.

Antiguo Azulejo de Olavide en Santa Catalina / J. JAVIER COMAS GONZÁLEZ

Conoció intervenciones importantes en el siglo XVI, en el siglo XVIII (momento en el que se reformó la capilla mayor y en el que se añadió la espectacular capilla Sacramental) y en el siglo XIX (cuando se reformó la torre y se derribaron algunas construcciones particulares adosadas a la iglesia). Sobrevivió a los planes de la revolución de 1868, la revolución autodenominada “Gloriosa” que pudo ser desastrosa: del vecino templo de san Felipe apenas quedó una calle para llegar a un templo actual de la cerveza. Hasta sobrevivió a la Guerra Civil de 1936, cuando los que hacían revoluciones quemando iglesias llegaron sólo hasta san Juan de la Palma.

Remate exterior de la capilla Sacramental de Santa Catalina / J. JAVIER COMAS GONZÁLEZ

A la generación olvidada se le puede recordar que es un templo de tres naves, con una original portada de ladrillo de arcos polilobulados, pura estética de recuerdo califal, que no se ven desde el exterior.  De ello es responsable el traslado en 1930, una placa así lo recuerda, de la antigua portada de la iglesia parroquial de santa Lucía, el viejo templo desacralizado, precisamente en la revolución de 1868.

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Iglesia de Santa Catalina

Portada ojival de piedra, con arcos apuntados y abocinados que descansan sobre columnillas. En su parte superior se distribuyen cuatro deterioradas esculturas en piedra bajo doseletes góticos, entre ellas es reconocible la figura de Santa Lucía con sus dos ojos portados en una bandeja, del resto apenas puede reconocerse una talla de la Virgen con el Niño en la parte central. En el exterior quedan las otras dos portadas, la izquierda de gran sencillez (quizás reformada en el XIX) y la del muro derecho con un sencillo arco ojival realizado en ladrillo. Junto a ella se sitúa la torre campanario, donde se pudo aprovechar algún material de la antigua mezquita del Adarvejo.

Remate de la Fe en la iglesia de Santa Catalina / J. JAVIER COMAS GONZÁLEZ

Tiempos pasados en el lenguaje: los adarves eran callejones sin salida, toda una metáfora de los tiempos presentes. Piedra y ladrillo en una torre mudéjar (el único estilo puramente español y qué poco se alardea de ello) que tuvo paños de sebka, la larga sombra de la Giralda, algunos retirados en la restauración de 1881 y otros reinventados en el siglo XXI, con herradura.

Azulejo de la capilla Sacramental de Santa Catalina / J. JAVIER COMAS GONZÁLEZ

Los merlones escalonados que la coronan también fueron rehechos en la restauración del siglo XIX. En el complejo espacio exterior de la iglesia se observan los añadidos de la capilla de la hermandad de la Exaltación (confundida en ocasiones con un antiguo mihrab), la capilla sacramental con sus azulejos en la ventana alusivos a los símbolos del rosario, y los curiosos absidiolos de ladrillo y arcos polilobulados cuya situación (junto a la puerta de acceso) sigue planteando incógnitas a los estudiosos del edificio.

Misterioso rostro en una cornisa exterior de Santa Catalina / J. JAVIER COMAS GONZÁLEZ

En los muros exteriores se recuerda al antiguo cementerio parroquial con su cruz de forja, las antiguas revoluciones sacaron las cruces de las plazas y las colgaron en las pareces, un retablo cerámico de Kiernam con la imagen de Santa Lucía, firmado por Antonio Kiernam y patrocinado, por una O.N.C.E.  todavía sin cuponazo y un retablo neobarroco del Cristo de la Exaltación, obra de Cordero Oliva.

Torre de Santa Catalina, antes de su restauración / J. JAVIER COMAS GONZÁLEZ

El interior de la iglesia muestra el característico modelo de tres naves separadas por pilares con sección en forma de cruz, teniendo una profunda cabecera dividida en dos tramos, uno poligonal y otro rectangular. Siguiendo las formas del mudéjar sevillano, el cubrimiento de piedra, en forma de bóveda de nervadura gótica, se sitúa sobre la zona del presbiterio. Las bóvedas se cubren con artesonado de madera, de tres paños en la nave central (par y nudillo), y a un agua en las laterales (de colgadizo).

Goteras en Santa Catalina en los días previos a su cierre / J. JAVIER COMAS GONZÁLEZ

Pocos recuerdan ya el presbiterio, ocupado por el retablo mayor de Diego López Bueno (1624-29), arquitecto, escultor y diseñador que forma parte de la larga nómina de olvidados de la ciudad, una obra que fue reformada en la restauración del arquitecto José Tirado, un maestro mayor de obras que comenzó como albañil. El retablo presenta diferentes escenas pictóricas de la vida de Santa Catalina, presidiendo la zona central una talla de la titular de comienzos del siglo XVIII, dentro de un camarín realizado dentro de las reformas de 1701. Se completa su iconografía con tallas de san Pedro y san Pablo en el primer cuerpo, con san Juan Evangelista y san Sebastián en el segundo.

Detalle del retablo mayor de Santa Catalina / J. JAVIER COMAS GONZÁLEZ

Difícil memoria. Antes de su ya lejano cierre, si comenzábamos el recorrido por el muro del Evangelio, junto a un cuadro del Bautismo de Cristo de Francisco García de la Vega (1689), entrábamos a la capilla de la Virgen del Rosario, imagen del siglo XVIII que aparecía escoltada por San Félix de Cantalicio y San Benito, en un retablo del siglo XVII. La imagen de la Virgen fue originalmente de talla completa, con posterior reforma para la colocación de telas naturales y hasta con leyenda propia: algún viejo del lugar todavía narra que en un tiempo pasado la Virgen se cambió de posición para convencer a un cura incrédulo… Su hermandad se fusionó con la hermandad del Carmen. En la cabecera de este muro se abre la capilla Sacramental, una de las microarquitecturas más espectaculares de la ciudad.

Iglesia de Sant’Ivo alla Sapienza – 1642-1665, Francesco Borromini

Diseñada por el arquitecto Leonardo de Figueroa a comienzos del siglo XVIII, es de planta rectangular, tiene airosa linterna octogonal que recuerda las formas de Borromini, San Ivo alla Sapienza como modelo, y se remata al exterior por una imagen de la Fe realizada por Miguel Quintero (1724). Otra vez la Fe, como en la Giralda, ahora en un rinconcillo de la ciudad.  El interior es un barroco compendio de tallas, pinturas y yeserías que se caracteriza por su horror vacui: no queda el más mínimo rincón sin decoración. Ha estado largos años convertido en un auténtico búnquer cerrado. Su cabecera la ocupa un espectacular retablo de Felipe Fernández del Castillo y Benito Hita del Castillo, terminado en 1753. Lo preside una dinámica talla de la Inmaculada, en un recargado conjunto donde aparecen ángeles atlantes, ménsulas, rocallas, volutas y todo tipo de elementos ornamentales. En el primer cuerpo aparecen las imágenes del dominico Santo Tomás Aquino y de san Juan Nepomuceno.

Bóveda de la capilla de la Exaltación / J. JAVIER COMAS GONZÁLEZ

El ático superior cobija una hornacina con talla de San Sebastián flanqueada por las patronas de la ciudad, las santas Justa y Rufina. Se completa con una escenografía habitual en los retablos de la época, unos ángeles que abren un gran cortinaje y unas pinturas que aumentan el efecto ilusorio, obra de José García (1730). El amplio programa pictórico de la capilla lo inició Pedro Tortolero y fue continuado por Vicente Alanís; son escenas alusivas a la Eucaristía. Completan la decoración unos óvalos realizados por Duque Cornejo que enmarcan pinturas de Domingo Martínez. En el lado izquierdo se sitúa una pintura de enorme interés, una tabla del Cristo del Perdón, estilizada pintura del flamenco Pedro de Campaña fechada en 1546. Se enmarca en otro abigarrado retablo de Felipe Fernández del Castillo (1756). La decoración de la capilla se completa con unas vitrinas que acogen escenas con figuras realizadas en barro cocido que representan a Jesús con los discípulos de Emaús, la Cena Pascual, la Comida en casa de Simón y la última Cena, todas alusivas al sentido comunitario de la Eucaristía.

Capilla Sacramental de Santa Catalina / J. JAVIER COMAS GONZÁLEZ

Lado derecho del presbiterio. Antigua capilla de los Carrranza. Fundación del siglo XVI y retablo de la Asunción de la Virgen. Superado el presbiterio, la cabecera de la nave derecha acogía un retablo del siglo XVIII donde se situaba la Virgen del Carmen, obra de candelero realizada en 1867 por Gutiérrez Cano, otra devoción acogida largos años en san Román.  Le sigue la interesante capilla de la Exaltación, edificación del siglo XV que sigue el modelo de las capillas qubbas, con planta cuadrada y excelente bóveda sobre paños decorada con azulejos del siglo XVII, un recinto único desconocido para numerosos sevillanos. Allí volverán los Titulares de la hermandad de la Exaltación, a conformar un acogedor recinto en el que no faltarán los ángeles lampareros de Luisa Roldán. A Barahona, segunda mitad del XVII, se atribuye el retablo que acogía al grupo de Santa Ana y la Virgen Niña.

Pintura sobre tabla de Pedro de Campaña de la capilla Sacramental de Santa Catalina / J. JAVIER COMAS GONZÁLEZ

Y a los pies de la nave, otra devoción acogida en san Román, el retablo de santa Lucía, la talla que llegó procedente del convento de las Mínimas para sustituir a la original procedente de santa Lucía que se perdió en el incendio de san Julián… Historias que se entrecruzan: santa Lucía en la portada trasladada y en el interior. No sabemos si volverán a sus muros esos ojos de latón que los antiguos devotos colgaban como exvotos de una ciudad ciega. No sabemos si volverán todos los retablos, si se alterarán los usos, si se cambiarán ubicaciones… Ojos de latón colgados. La ceguera temporal de la ciudad debe acabar con la reapertura de santa Catalina. Toda una vida con las puertas cerradas. Muchas veces, la ciudad no nos merece.

Inmculada de la capilla Sacramental de Santa Catalina / J. JAVIER COMAS GONZÁLEZ

Detalle de la capilla sacramental de Santa Catalina / J. JAVIER COMAS GONZÁLEZ

La denuncia ciudadana / J. JAVIER COMAS GONZÁLEZ

 

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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