Manuel Villanueva en el misterio de la Amargura

Radiografía del mundo del costal por los capataces

Los hermanos Ariza, Antonio Santiago, Rafael Díaz Talaverón y Carlos y Manolo Villanueva nos dan su visión sobre el mundo del costal y la Semana Santa.

Por  1:41 h.

Hombres de referencia en el martillo. Apellidos que suenan año tras año, generación tras generación. Las sagas de capataces en nuestra ciudad se mantienen con los mismos patrones que marcaron sus padres o bisabuelos. Seriedad, humildad y mucho esfuerzo son las claves para ocupar el sitio más afortunado en una cofradía, porque una cosa es ir delante del paso y otra muy distinta disfrutar.

Desde hace aproximadamente quince años, el mundo del costal está viviendo una explosión continua. Muchas personas son las que quieren entrar en una cuadrilla y estrenarse en una cofradía. Los hermanos Ariza, Rafael, Pedro y Ramón, Antonio Santiago, Rafael Díaz Talaverón y Manolo y Carlos Villanueva viven cada año como ha crecido esta afición. «Es muy positivo que la gente joven se acerque a las hermandades a través del mundo del costal y la devoción. Lo preocupante sería que no hubiera gente con ilusión. Tanta gente es beneficioso para nosotros y para las hermandades», apunta Rafael Ariza. En este sentido, Manolo Villanueva destaca algo importante. «En este boom, hay personas que buscan trabajar con un capataz determinado porque durante 5 ó 6 años se ven las mimas caras en las igualás. Además, en esta moda que hay ahora, hay gente con y sin experiencia», añade el capataz del misterio de la Amargura. Sin embargo, Rafael Díaz hace una puntualización. «Para los pasos de Cristo hay más gente que para los palios. No es lo mismo la cantidad que la calidad. Es cierto que hay mucha gente en las igualás, pero después en los ensayos pidiendo sitio no hay tanta gente».

Antonio Santiago en la Paz / J. J. COMAS

Antonio Santiago en la Paz / J. J. COMAS

La indumentaria de los costaleros

En los últimos años las juntas de gobierno de las hermandades están haciendo mucho hincapié en las normas para los costaleros, tanto en indumentaria como en el comportamiento durante la estación de penitencia. «Llevamos una representación del Señor y de la Virgen, y por tanto, el comportamiento de las cuadrillas debe ser riguroso. Si la hermandad tiene una uniformidad la cuadrilla también la debe tener porque es parte del cortejo. Creo que no es necesario ponerse delante del paso con una camiseta de tirantas enseñando músculo. El costalero no debe olvidar que está haciendo estación de penitencia», asegura Antonio Santiago. Sobre este tema los hermanos Ariza indican que «a nosotros no nos gustan las estridencias pero hay que tener en cuenta que el costalero debe ser anónimo.

Dentro del paso nadie ve al costalero. Se está haciendo un ejercicio físico y hay que estar cómodo. El problema viene cuando fuera del paso el costalero se señala». Continuando con esta idea, resulta interesante lo que apunta Rafael Díaz Talaverón. «Estas cosas el mismo capataz las corrige. Es cierto que ha habido costaleros que han sacado los pies del tiesto, pero creo que hay mucho aburrido en la Semana Santa que se dedica a hablar de estas cosas cuando hay problemas más graves que resolver. Es innecesario que una hermandad se gaste un dineral en vestir a sus cuadrillas, porque realmente las están vistiendo para los bares. El costalero debe ser anónimo y así la hermandad no se vería perjudicada por un comportamiento inadecuado de una persona en particular». 

Rafael Ariza mandando el paso de palio de la O

Rafael Ariza mandando el paso de palio de la O

La prohibición de las dedicatorias en las levantás

Recientemente la junta del gobierno de la Hermandad del Valle ha estimado que no se dediquen las «levantás» de sus pasos el próximo Jueves Santo. «Creo que si se trata de una cosa comedida y puntual no deber haber problema. Estas cosas pasan por ciertos abusos», asegura Antonio Santiago.

«Todo esto viene de los excesos que se han cometido haciendo pregones delante de los pasos cuando está la delantera llena de micrófonos y cámaras. En el término medio está la virtud. Hay muchas familias con problemas de salud que lo están pasando mal y no creo que se malo dedicarles una «levantá». Como capataz me he sentido la persona más útil del mundo. Se han dado casos que el costalero que va debajo se entera que acaba de ser padre, ¿hay algo más bonito que dedicarle una «levantá» a ese niño?. Todo debe entrar dentro de la mesura», relatan Pero y Rafael Ariza.

¿Tanta importancia para la Campana?

Estas cuatro sagas de capataces conocen perfectamente la importancia que ha adquirido la frase «hacer una buena Campana». Para algunos, como Carlos Villanueva, «la televisión tiene gran parte de culpa. No entiendo por qué hay que malgastar tiempo una zona donde precisamente no andas sobrado de minutos. La cosa es que en la Campana hay que lucirse pero hay diez mil vueltas mejores en el resto del recorrido». Por su parte, par Antonio Santiago «la Campana se ha convertido en un sitio emblemático donde antes lo capataces se ofrecían a otras hermandades. Ya no ocurre eso, pero si es cierto que se hace un esfuerzo tremendo para el lucimiento de la cofradía. El problema viene cuando se hace la carrera oficial a la Campana en vez de a la Catedral». En esta línea también opinan lo hermanos Ariza que ven «a la Plaza de Campana como un trámite. ¿Qué tiene la Campana que no tenga la calle Castilla, la calle Pureza o incluso la calle Sierpes?. Es cierto que hay que lucirse en todos los sitios pero siempre con cordura».

Rafael Díaz Talaverón en la Caridad del Baratillo

Rafael Díaz Talaverón en la Caridad del Baratillo

Los pasos con cambios

Cada capataz tiene su estilo y en este caso, estas cuatro sagas no abogan por los cambios en los pasos que dirigen. Antonio Santiago entiende que «los cambios pueden distorsionar el mensaje real del paso o de la imagen. Además supone un riesgo porque la persona que está mandando debajo no ve lo que pasa fuera. Hay que tener cuidado ya que nos podemos salir del objetivo con el que salimos a la calle».

Para Rafael Díaz Talaverón «la evolución de los últimos treinta años ha sido brutal. Por ejemplo, San Gonzalo siempre hacía sus cambios, ¿cuándo?, pues tenías que seguir al misterio porque no lo hacía todo el recorrido. Ahora creo que se abusa muchos de los cambios en ciertos momentos. En una marcha se hacen todos los cambios posibles y creo que se ha perdido la improvisación y el pellizco».

Sin embargo, para Manolo y Carlos Villanueva, los hermanos Ariza o «Fali» ven al misterio del Beso de Judas o al de San Gonzalo como algunos de los mejores pasos con cambios. Por otro lado, a Antonio Santiago le gusta «el Señor de la Sentencia y el misterio de los Panaderos porque además soy hermano». Preguntándole por el estilo, para algunos demasiado serio, de la Macarena o del Cristo de la Victoria de la Hermandad de la Paz, Antonio Santiago es claro. «Quien diga que la Macarena va seria es que no ha visto como iba la Esperanza en el pasado. El palio se ha movido siempre de forma suave y armoniosa. En cuanto al Señor de la Victoria, me gustaría ver ese paso con cornetas y tambores. Creo que va muy bien en su andar. Pienso que no le cabe más. Tienen un andar muy valiente», asegura el capataz de la Macarena

El folklore negro

La Semana Santa de Sevilla como la mayoría de las cosas en la vida se mueve por modas y tendencias.

En este sentido, en los últimos años parece que cuanto más serio sea el perfil de una cofradía en la calle mejor hermandad es. «Soy de la opinión las hermandades tienen que gustar al público que siempre ha estado ahí, es decir, Santa Genoveva le tiene que gustar a la gente del Tiro de Línea, el Baratillo a los hermanos del Baratillo, la Macarena a la gente de la Macarena, y así con cada una de las hermandades de Sevilla», asegura Rafael Díaz Talaverón. Carlos y Manolo Villanueva sí han notado «en algunas cofradías esta tendencia. Nosotros nos adaptamos a la idiosincrasia de la hermandad aunque no entendemos esta moda que hay ahora. Por ejemplo en los palios, la bambalina está hecha para moverse. Hay palios que deben ir con marchas fúnebres y otros a los que se les puede tocar marchas de todo tipo, conjugando lo clásico y lo alegre. Todo depende del momento».

Cuatro sagas de capataces que no necesitan la Cuaresma para vivir la Semana Santa.

Ignacio Cáceres

Ignacio Cáceres

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