Detalle del altar restaurado de San Juan Bautista de San Leandro

PATRIMONIO

El convento de San Leandro recupera un valioso altar claustral

El convento de monjas agustinas presenta la restauración del altar dedicado a San Juan Bautista, una muestra de su patrimonio más desconocido

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Hoy viernes, el convento de agustinas de San Leandro de Sevilla presenta a las ocho de la tarde la restauración de las pinturas que conforman el altar claustral dedicado a San Juan Bautista.  Las pinturas, que completan el programa iconográfico del claustro del monasterio, han sido intervenidas durante seis años por los restauradores Adoración Velasco y Antonio Seller. Según nos informa Salvador Guijo, doctor en Historia del Arte y cronista del convento, se trata de una intervención que ha conllevado importante sorpresas y aportaciones a la historia material de la obra, un conjunto que se encuentra situado en uno los ángulos del claustro principal del monasterio de la orden de San Agustín.

En ella se representa, como escena principal, el nacimiento del Bautista y, sobre ésta, la cabeza cortada de san Juan sostenida por dos ángeles, una iconografía habitual que se suele repetir en buena parte de los conventos sevillanos.  Se trata de dos obras yuxtapuestas de autor anónimo que presiden uno de los altares principales de su portentoso claustro, una solemne estancia monumental del siglo XVI entorno a la que se estructuran las principales estancias del convento. Esta pintura, de las de mayor calidad del monasterio, ha sido intervenida durante los seis últimos años. Los restauradores, amigos del sacerdote Carlos Martínez, han sufragado íntegramente la restauración de los lienzos y sus marcos como una altruista respuesta a la iniciativa que partió del fallecido sacerdote que fuera capellán de la comunidad de monjas.  Con esta presentación se pretende hacer un homenaje al clérigo en los días posteriores a su onomástica, la de San Carlos Borromeo, celebrada el pasado 4 de noviembre.

Imagen del conjunto en su lugar original del claustro de San Leandro

Según los evangelios, María se fue a visitar a su pariente Isabel, porque el ángel le había dicho que ella estaba en su sexto mes de embarazo y regresó a su hogar tres meses después. En este Nacimiento de San Juan Bautista, con unas medidas de 1,46 por 1,80 metros y con doce personajes (seis de ellos terrenales y el resto ángeles y criaturas celestiales), se narra este episodio en el que Santa Isabel, en edad avanzada, dio a luz a San Juan. En la escena aparece en primer plano la Virgen María, encinta de Jesús y sosteniendo al recién nacido.

El altar restaurado de San Juan Bautista de San Leandro

El segundo plano está protagonizado por Isabel, aún en la cama, asistida por una partera. A su lado, vemos a Zacarías, marido de Isabel, escribiendo un texto en latín al dictado de un ángel. Este hecho hace alusión al Evangelio de San Lucas: “Zacarías escribió en una tabla “Su nombre es Juan” y, a continuación, recuperó el habla y bendijo “al Señor Dios de Israel” con una oración conocida por algunos como Benedictus”. El mensaje que la obra quería transmitir a las hermanas agustinas es muy claro: “Para Dios no hay nada imposible, la que creían estéril ha dado a luz”. Un mensaje que, en cierto modo, conecta con el de una de las grandes devociones de la orden agustina, la de santa Rita de Casia, que se tiene por “patrona y bogada de los imposibles”.

Retrospectiva de una procesión en claustro / A. SÁNCHEZ CARRASCO

La obra está montada sobre un lienzo fijado a un bastidor y se embutía en una hornacina de medio punto del claustro mayor. Como remate a la anterior, la cabeza cortada del Bautista se presenta sobre un bastidor de medio punto coronando la anterior. La obra presentaba graves problemas estructurales del bastidor, deformaciones y fragilidad del soporte textil, pérdidas de tejido, desprendimientos del lienzo de la estructura de madera a la que está fijado, desconsolidación de la capa pictórica, repintes generalizados, barnices oxidados y suciedad general sobre la superficie que desvirtuaba la visión de la obra. Las actuaciones se han realizado en el taller de los conservadores, donde también se han intervenido los marcos. Uno de los principales dilemas a la hora de limpiar la pintura eran los repintes dorados aplicados principalmente durante el siglo XVIII que, con acierto conservativo, han decidido mantenerse pues actualmente forman parte de la historia material de la obra. Por su parte, la comunidad de religiosas agustinas ha agradecido enormemente la desinteresada actuación de los restauradores para la conservación de esta importante pieza.

Retrospectiva de una procesión en claustro / A. SÁNCHEZ CARRASCO

En la presentación de esta tarde participarán personas vinculadas al monasterio, como José María Maesa Govantes y la mencionada restauradora, que se encargará de presentar la obra y exponer la intervención realizada, en una conferencia de libre asistencia.  Seguidamente, todos los asistentes podrán participar en una visita guiada a la iglesia del monasterio dirigida por su cronista, Salvador Guijo. Además, las hermanas pondrán a la venta sus exquisitos dulces, una ayuda fundamental para contribuir a la necesaria financiación de las obras del monasterio, que pasa en los últimos años por una delicada situación de conservación. El acto de esta tarde será una oportunidad única para contemplar una importante obra patrimonial, ya que con posterioridad se instalará en su lugar original dentro de la clausura.

Retrospectiva de una procesión eucarística con el desaparecido capellán Carlos Martínez / A. SÁNCHEZ CARRASCO

La larga historia del convento de San Leandro se inició en 1295, en otro lugar conocido como Degolladero de los Cristianos, cerca de la Puerta de Córdoba, en la actual Ronda de Capuchinos. Un sitio fuera de la muralla que era conocido por su inseguridad: fueron frecuentes las quejas de las monjas solicitando protección a las autoridades. Como las leyes no bastaron, fue necesario el traslado, que se produjo en 1367, en época de Pedro I. Poco duró el nuevo emplazamiento de la calle Melgarejos, por ser muy reducido, a los dos años la comunidad se trasladó definitivamente a su emplazamiento actual, unas casas que el rey había confiscado a Teresa Joffre por su deslealtad.

Detalle del retablo de San Juan Evangelista, una de las joyas del convento de San Leandro / A. SÁNCHEZ CARRASCO

La iglesia y las primeras dependencias se edificarían en pocos años. Dos siglos más tarde, a finales del XVI, se levantaría una nueva iglesia, atribuida por Pacheco en su Arte de la Pintura al arquitecto Juan de Oviedo. Documentalmente sólo constan los nombres de Asensio de Maeda, que intervino en la obra en 1584 y de los maestros albañiles Juan de los Reyes y Juan Miguel. A lo largo de su historia la comunidad logró atesorar un importante patrimonio artístico que incluyó obras de pintores como Murillo o imágenes de Juan Martínez Montañés o Felipe de Ribas. Aclamadas y reconocidas internacionalmente sus conocidas yemas, la comunidad ha sufrido en los últimos años diversos contratiempos y problemas relacionados con la conservación de su patrimonio. La recuperación que se presenta esta tarde puede ser un avance más en la necesaria recuperación patrimonial de este importante conjunto patrimonial.

Retablo mayor de la iglesia de San Leandro / A. SÁNCHEZ CARRASCO

Retablo de San Agustín del convento de San Leandro

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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