CRÓNICA

Las dos caras del Corpus: del exceso a la excelencia

El público sabe ya que lo importante ocurre al final y, por eso, vacía las calles al inicio y las llena cuando se acerca la Custodia

Por  20:01 h.

Si algo caracterizaba a Sevilla en la celebración de sus fiestas era el sentido de la medida. Todo debía estar ajustado y mimado hasta el último detalle. Desde hace unos años, la masificación en los actos relacionados con las cofradías ha derivado en una ristra de problemas de organización en la Semana Santa y de procesiones ordinarias y extraordinarias que colmatan las calles en cada fin de semana. Y, aunque fueron las hermandades quienes mantuvieron con vida al Corpus cuando entró en una crisis de la que parecía no tener salida, ahora son las que le están rompiendo las costuras al traje mejor ajustado de cuantos se veían en la ciudad. Este jueves, la procesión del Cuerpo de Cristo tuvo dos caras: una primera, la que va de los niños carráncanos a San Fernando, vacía, triste, excesiva, sobredimensionada y tediosa. Y, una segunda, desde el Rey Santo hasta el final, excelsa, multitudinaria y solemne.

Las temperaturas este jueves fueron más que agradables para ser el último día de la primavera en Sevilla. Eso ayudó a que ya cercano el mediodía el público llenara las calles del recorrido. Pero, sobre todo, hay un detalle que marca la razón por la que se ha descontrolado el número de representaciones en las hermandades:las sillas —que es el único modo de poder verla completa sin morir en el intento— no se llenaron hasta que no pasó San Fernando. Justo, el paso que marca el ecuador de la procesión, el de una primera mitad en la que van hermandades y, una segunda, por los estamentos civil, político, eclesiástico y militar. Hubo cotejos como los de la Macarena o la Esperanza de Triana en los que había más cirios que en algunas cofradías durante la Semana Santa. Se llegaron a ver rostros repetidos, es decir, personas que salieron dos veces en la procesión.

Bien haría el Cabildo Catedral en poner un coto a las hermandades, como lleva haciendo por su cuenta en los últimos cinco años Santa Genoveva, que sólo permite que participen 40 personas, con la junta incluida.

Para muestra de estos excesos, entre los niños carráncanos y el paso de Santa Ángela —el primero de los nueve que salen—, pasaron veinte minutos. Y, entre éste y el de las santas Justa y Rufina (el segundo), otra media hora. Y, por el contrario, en esa segunda parte de la procesión, entre la plaza de SanFrancisco y la puerta de San Miguel, estaban los últimos cinco pasos: San Fernando, la Inmaculada, el Niño Jesús, la Santa Espina y la Custodia.

Al paso del Santísimo, ya el público abarrotaba el recorrido, salvo las zonas donde no daba un centímetro de sombra como el Arquillo del Ayuntamiento o la calle Cerrajería. También, gracias a que el grueso de los componentes del cortejo se iban incorporando para ver pasar al Señor.

Si esos excesos están haciendo que la primera parte de la procesión sea una auténtica tortura y que haya gente que pague por ver sólo la segunda en las sillas, algo que no ha ocurrido afortunadamente con el Corpus Christi en Sevilla es la pérdida de solemnidad. La masa que se adueña de otras celebraciones del año como la Semana Santa o las nuevas modas como la de esos grupos de jóvenes exaltados con las procesiones de gloria o las extraordinarias —y que vienen en buena parte de fuera de la ciudad—, no se ve en el Corpus. Lo mismo ocurre con la Virgen de los Reyes. Afortunadamente, la solemnidad con la que se vive la fiesta de la Eucaristía y la de la Asunción con la Patrona, aún pervive.

Por eso, iniciativas como la que ha tenido la organización desde 2018 de ubicar grupos de cámara interpretando canciones eucarísticas en puntos como la plaza de San Francisco y el Salvador, unido a las lecturas y preces al paso de la Custodia, sirven para engrandecer aún más esta fiesta grande de Sevilla. A esto se le une la movilización que el Ayuntamiento ha conseguido, en colaboración con el Consejo de Cofradías y los comerciantes del Centro, para que las calles del itinerario de la procesión estén repletas de exornos, con balcones, altares y escaparates.

Esta solemidad del Corpus Christi, más allá de la sobredimensión evidente de esa primera parte del cortejo, se vive con mayor intensidad cada año. El público que acude sabe qué es lo que está pasando por delante suya. Hace la genuflexión. Guarda silencio. La mañana luminosa de este jueves que reluce más que el sol tiene su cénit en la plaza Virgen de los Reyes. Allí repican las campanas de la Giralda y la tropa rinde honores al Señor, que entró a las 12.27 horas.

Después, la fiesta continúa con el regreso entre multitudes del Señor de laCena hasta Los Terceros. Con los bares y restaurantes repletos y con un final de la jornada con la Hiniesta, cuya vuelta es todo un clásico.

El Corpus es la fiesta que mide el estado de la ciudad, y que tiene dos contrastes:la Sevilla novelera y de los excesos y la de siempre.

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla