Crucificado atribuido a Blas de Prado

ARTE

Un crucificado manierista, a subasta

La obra se atribuye al poco conocido pintor Blas de Prado (1545-1599), destacado autor manierista que trabajó para la diócesis de Toledo e incluso para el rey Felipe II

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La casa de subastas Isbylia presenta en su más reciente catálogo una notable obra atribuida al pintor Blas de Prado (Camarena, Toledo, h. 1545­ – Madrid, 1599), tabla que permite reflexionar sobre el asentamiento de los modelos estéticos italianos en la España del siglo XVI. Cristo Crucificado en una pequeña pieza de 44 x 31 cm que remite a toda una corriente artística, el Manierismo, concepto cultural que se manifiestó en formas, colores y composiciones estrechamente unidos al pensamiento y a la convulsión intelectual de la Europa del siglo XVI. Un Crucificado que se entiende en paralelo al Cristo del Museo, al Greco, a Gaspar Núñez Delgado, a Jacopo de la Duca, a Franconio, al Greco y, fundamentalmente, junto a Miguel Ángel Buonarotti.

Dibujo de Miguel Ángel Buonarotti

En la biblioteca del British Museum se pueden recordar los dos amores que el artista florentino tuvo en vida, uno masculino y otro femenino. Parece que al femenino, Vitoria Colonna, marquesa de Pescara, podía estar dedicado el dibujo de un Crucificado que el genio del Renacimiento italiano realizó en 1540. Trasladado posteriormente al grabado, lo que multiplicaba su difusión, por Julio Bonasone, el dibujo era la síntesis de un estilo, el Manierismo, que pronto saltaría las fronteras de Italia.

Crucificado atribuido a Blas de Prado

Movimiento artístico complejo, representativo de una época de crisis social y de mentalidades, el Manierismo nació cargado de notas despectivas, al predicarse como estilo imitativo de las “maniera” de Leonardo, Rafael y Miguel Ángel. Pronto se demostró que no se trataba de una repetición vacía sino el resultado de la insatisfacción y de la reacción contra el clasicismo del Renacimiento y como plasmación de las dificultades sociales y religiosas del siglo XVI. Los ideales del Quatroccento italiano habían quedado superados en el saqueo de Roma por las tropas imperiales en 1527. Este Saco de Roma, la capital del mundo, supuso una convulsión artística que se trasladó a la obra de Miguel Ángel y que, el Arte se hacía universal, se repitió por buena parte de Europa. Si las formas del Laocoonte griego, descubierto en una excavación arqueológica a comienzos del siglo XVI, habían inspirado a Miguel Ángel a crear un modelo que se repetiría en diversos cuadros que interpretaban el dibujo original, la representación de Cristo expirante se reiteraría como un nuevo “triunfo del espíritu sobre la materia”.

Cristo del Museo, Sevilla, foto César López

En este contexto hay que entender la obra que sale a subasta en la sala Isbylia, Cristo Crucificado sobre una cruz plana y cepillada, detalle propio de una estética intelectual como el Manierismo, frente al naturalismo barroco que propondrá el empleo de las cruces arbóreas, con una línea serpentinata que se repite en todo el cuerpo, empleo de tres clavos y aparición de la calavera, el recuerdo de Adán, a los pies de la cruz, un símbolo del triunfo de la muerte sobre el pecado. Cristo aparece nimbado, con marcada musculatura y empleo de un sucinto paño de pureza que permite contemplar mejor su anatomía. Como fondo aparece una habitual representación idealizada de Jerusalén, habitualmente basada en los libros de grabados italianos o flamencos.

Grabado de Bonasone a partir del dibujo de Miguel Ángel

La obra se atribuye al poco conocido pintor Blas de Prado (1545-1599), destacado autor manierista que trabajó para la diócesis de Toledo e incluso para el rey Felipe II. Debió alcanzar gran fama en su época, según atestiguan los testimonio de sus contemporáneos, aunque su obra haya llegado a nuestros días muy mermada y con una escasa documentación.

El Greco_-Cristo en la Cruz entre dos donantes(Museo del Louvre)

Pudo nacer en Camarena, donde se bautizaron algunos de sus hermanos, aunque Palomino (fuete poco fiable por ser muy posterior) sitúe su nacimiento en Toledo. En esta ciudad contrató diversos retratos de la familia real para decorar uno de los arcos triunfales con que la ciudad recibió las reliquias de Santa Leocadia. Es posible que en la década de los setenta viajara a Italia, lo que explicaría el influjo de las formas del manierismo italiano. Trabajó en la restauración de los frescos de la sala capitular de la Catedral de Toledo, en diversas obras de tasación del Escorial y en numerosas iglesias de Toledo y Madrid. Comisionado por Felipe II llegó a realizar un viaje a Marruecos que todavía recordaba en 1629 el mismísimo Lope de Vega: “El Rey de Fez escribió al señor Felipe II le enviase un Pintor y le respondió que en España había dos suertes de Pintores; unos vulgares y ordinarios y otros excelentes e ilustres (…) y otros eran razonables, y otros malos ¿y que cuál de aquellos quería? Respondió el Moro que para los Reyes siempre se había de dar lo mejor. Y así fue a Marruecos Blas de Prado Pintor Toledano de los mejores de nuestra edad, a quien el Moro recibió con honras extraordinarias”.

Crucificado, Gaspar Núñez Delgado

También conoció a Francisco Pacheco en su paso por Sevilla, encuentro que el erudito pintor recordó cuando publicó el Arte de la Pintura: “cuando pasó a Marruecos por orden del Rey, llevaba unos lienzos de frutas, que yo vi, muy bien pintados…”

La Sagrada Familia con San Ildefonso, San Juan Evangelista y el Maestro Alonso Villegas

Entre la leyenda y la realidad, según Palomino, Blas de Prado estuvo en Marruecos hasta finales de 1598 y “cuando volvió, vino en traje de africano, y por algún tiempo lo vieron comer en el suelo sobre cojines, o almohadas de estrado, a la usanza morisca. Venía muy rico, y con grandes, y excelentes preseas”. Según Jusepe Martínez, Blas de Prado no fue reconocido en su tierra y acabó sus días en Marruecos: “… Blas de Prado, excelente retratador y colorista: recibiólo el rey de Fez con mucho aplauso, hízole hacer muchas obras y después de algunos años pidióle licencia para volverse a Madrid; diósela y con crecidos intereses, pero visto que en Madrid aunque era estimado, no era tanto como lo estimaba el rey de Fez, determinó de volverse comprando para el rey algunas alhajas de gusto, no usadas por allá, de lo cual le resultó mayores favores, en donde dicen que acabó sus días”.

La Virgen con San Francisco, San Antonio y donantes / Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando, Madrid

Entre las escasas obras documentadas de Blas de Prado habría que citar en la actualidad la grisalla de La emperatriz María y Felipe III príncipe, el lienzo conservado en el Museo del Prado de La Sagrada Familia con San Ildefonso, San Juan Evangelista y el maestro Alonso de Villegas; el monumental Descendimiento de Cristo (345 x 240), que se conserva en la catedral de Valencia y que fue regalo del rey Carlos IV, o el lienzo que representa La aparición de santa Leocadia a san Ildefonso y el rey Recesvinto, conservado en la iglesia de Santa María la Mayor de Talavera de la Reina. Una obra escasa de un pintor por descubrir y que podría tener en la pequeña tabla que subastará la casa Isbylia un nuevo eslabón de estudio. A falta de un análisis más profundo y de una catalogación definitiva, la tabla de Cristo Crucificado de la sala Isbylia permite analizar las formas del Manierismo italiano en el arte español del siglo XVI.

Aparación de Santa Leocadia a San Ildefonso y el Rey Recaredo / Blas de Prado

Descendimiento de Cristo de la Catedral de Valencia

Manuel Jesús Roldán

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