ROBERT CAPA.

Cuando la Semana Santa fue vanguardia

Por  0:55 h.

Ni un siglo XIX romántico de oscuras golondrinas que vuelven sus nidos a colgar, ni una ciudad de azulejos y forja regionalista, ni una Semana Santa como profunda y piadosa manifestación de la religiosidad popular… En ocasiones, la mística y la ascética se fundieron con la irreverencia, la lujuria, la sorpresa, la heterodoxia, la provocación y la nueva creación. Hoy quizás lo llamaríamos vanguardia, aunque es concepto mutante a lo largo del tiempo, sobre todo en esta época de postmodernidad. Convivieron las vanguardias, hoy llamadas históricas, con la creación en la Semana Santa sevillana, especialmente en el primer tercio del siglo XX, con prórroga incluida y oculta en los tiempos del franquismo y con prolongación creativa en la democracia.

Pedro G. Romero, creador polifacético, autor del sugerente ensayo “Sevilla imaginada”, propone en “Sacer. El martirio de las cosas” una exposición que analiza  el papel de las vanguardias y su relación con la ciudad de Sevilla y sus manifestaciones religiosas. En el antiguo convento de Santa Clara, hoy llamado “Espacio” en una performance que deberá ser estudiada dentro de unas décadas, se expone un conjunto de ilustraciones, carteles, vídeos, libros y material gráfico variado que permite al visitante crear un imaginario diferente de la Sevilla que un día fue vanguardista, alejándose de la postal y de la imagen turística y encorsetada que oficialmente se quería imponer.

Exposición Sacer

Exposición Sacer

Lo oficial y lo real. Sólo sorprenderá al desconocedor de la historia la presencia de Gustavo Adolfo Bécquer y de su hermano Valeriano como introductores de tan heterodoxa muestra. Bajo el seudónimo de SEM, se les atribuye la realización de unas provocadoras viñetas satíricas sobre la Corte de Isabel II, composiciones que hoy podrían ser tildadas de pornográficas y que atacaban los símbolos del poder político y religioso de la época: Isabel II, la patrocinadora de tantas procesiones y cultos en Sevilla, como ninfómana insaciable que muestra su perfil sado ante unos penitentes; San Antonio María Claret, el santo de la hermandad del Silencio, en medio de las andanzas eróticas de la corte, o Sor María de Ágreda, la monja de la orden concepcionista que llegó a tener cuatro monasterios en Sevilla, como participante en las andanzas eróticas de una corte que fue suprimida con la Revolución de 1868. Eran tiempos de Romanticismo, de cortes paralelas en Sevilla y de renovación costumbrista de la Semana Santa, pero la ciudad ya adelantaba sus propias visiones heterodoxas. Un Bécquer que escribió de la Feria pero que no lo hizo de la Semana Santa…

Tras tan sugerente introducción, la exposición se adentra en diversas propuestas literarias en torno a la Sevilla de comienzos del siglo XX, la Sevilla que se reinventaba con vistas a la exposición Iberoamericana y la que cimentaba su perfil anarquista y revolucionario, la de Rodríguez Ojeda, (un transgresor que se atrevió a mezclar el rojo con el verde en el palio de la Macarena) y la de Aníbal González y las reuniones surrealistas de los escritores del grupo Mediodía, la de la foto de la Generación del 27 y la de las miradas extranjeras que enfocaban la Semana Santa desde otro punto de vista.

Nazarenos en bicicleta. Una ilustración de Juan Luis para el libro de Núñez

Nazarenos en bicicleta. Una ilustración de Juan Luis para el libro de Núñez

“La iglesia se refrigera para que no se le derritan los ojos y los brazos…de los exvotos. Bajo sus mantos rígidos, las vírgenes enjugan lágrimas de rubí. Algunas tienen cabelleras de cola de caballo. Otras usan de alfiletero el corazón…” Era la descripción de perfil del sevillano que hacía Oliverio Girondo, poeta argentino que en abril de 1920  jugaba con la polisemia de la perra sevillana, ironizaba sobre los exvotos de cera, imaginaba cencerros de llaves en las manos de un sacristán y jugaba al obsesivo recuento numérico, tan propio de su estilo, contando las costillas de un Cristo en medio de una homilía masticada cual chicle. Ultraísmo que anticipaba el próximo Surrealismo y que se expone junto a obras de Silverio Lanza, Cansino Assens o un atrevido Georges Bataille, que proponía en su novela “Historia del ojo” una audaz visión del Hospital de la Caridad convertido en sacrílego escenario para una novela erótica que llegó a ser publicada y hasta leída en la Sevilla de 1940, aunque la bibliografía oficial no la incluyera en sus libros recomendados…

Nazarenos por Brassai

Nazarenos por Brassai

Se incluyen en la muestra dos primeras ediciones de “Sevilla. Teoría y realidad de la Semana Santa”, la obra de Antonio Núñez de Herrera, el escritor de esa tercera vía imposible, felizmente recuperado por Ortiz de Lanzagorta y definitivamente contextualizado por David González en su reciente edición, completada con numerosos textos desconocidos. Es la Semana Santa de los nazarenos que envolvían sus sandalias con periódicos revolucionarios, la del Gran Poder Divina y buena persona, la del misticismo de las tabernas y la revolución interna en la Macarena por la imposición de un hermano mayor, la de la teología comparada y la de los motes de los costaleros del Cristo de la Salud, la de Pilatos y la del silencio por la muerte de Dios en los arenales, la del compadre del nazareno, bebedor y chistoso, y la que se reinventaba cada año y cada primavera.. Es la Semana Santa, ilustraciones hay en la muestra, de contrastes, de nazarenos en bicicleta en una ilustración de los años 30 y la de palios con ruedas, irrealidad que pudo ser realidad, una constante en la ilustraciones de Andrés Martínez de León o del enigmático Juan Luis.

Procesión en Sevilla. Francis Martínez Picabia

Procesión en Sevilla. Francis Martínez Picabia

Eran los raros de la época. Los que miraban desde otras perspectivas: así le ocurrió a Robert Capa, el mítico fotógrafo que en Sevilla se dedicó a captar la mirada de los que miraban. No hay imágenes ni pasos en sus fotos sino miradas de los que miran, un círculo completo propio del Barroco en el que actor y público, imagen sagrada y devoto, forman un bucle en el que no se entienden uno sin el otro.

ROBERT CAPA

ROBERT CAPA

Época de heterodoxias y de furias iconoclastas. Sigue impactando, muchas décadas después, las imágenes expuestas de publicaciones de la época que se hacen eco de las oleadas incendiarias contra la iglesia: desde los restos de la Virgen de la Hiniesta calcinada en el incendio provocado de San Julián a la imagen icónica de la Macarena en el cajón, de las imágenes mutiladas a las de una excelente colección de ilustraciones sobre el sitio de Madrid que muestran la cara más anticlerical de la España de la época. Imágenes para la  devoción y para la furia, de una España y una Sevilla de contrastes en las que el iletrado iconoclasta, furibundo incendiario de iglesias, acababa concediendo importancia a una imagen que se esforzaba en hacer desaparecer.

La Macarena en un cajón

La Macarena en un cajón

Surrealismo, ultraísmo, dadaísmo… vanguardias representadas en la obra de Marcel Duchamp, un orinal puede ser un objeto artístico, o de Francis Martínez Picabia, autor de una conocida visión de una procesión en Sevilla de tintes cubistas que un siglo después seguiría levantando ampollas entre los sectores academicistas de la ciudad. Su mancha abstracta titulada “La Santa Virgen” tampoco contentaría a buena parte de la crítica actual.

Exposición Sacer revolucionaria

Exposición Sacer revolucionaria

Ora pro nobis. El discurso expositivo se completa con una muestra en el refectorio del antiguo convento de monjas franciscanas donde se puede contemplar los grandes bloques de la cartelería sevillana de Semana Santa y Fiestas Mayores: de García Ramos y su costumbrismo a las influencias modernistas posteriores, pasando por la estética kitsch de algunos carteles del franquismo o el regreso a la figuración ensoñada de Carmen Laffón, con una proyección constante de obras en torno a la liturgia sagrada de la ciudad y de actuaciones y performances que se desarrollarán en el antiguo convento hasta el mes de mayo. Todo es posible en esta ciudad en su Semana Mayor. Refería el comisario de la exposición que “la primera visión que dan los sevillanos de su ciudad es la un rompimiento de gloria”. El capillita pensaría rápidamente en la gloria de un paso de palio. Son visiones complementarias. El universo cabe bajo un paso de palio. El ortodoxo y el heterodoxo. Muchas Sevillas son posibles. Y necesarias.

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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