La Virgen de Valme en 1969

CINCUENTA AÑOS DE LA MUERTE DE JOAQUÍN ROMERO MURUBE

Cuando Romero Murube pregonó a Valme pocas semanas antes de su muerte

Joaquín Romero Murube anunció la prestigiosa romería de Dos Hermanas en 1969, pocas semanas antes de fallecer

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Las campanas de la Giralda regían su vida, nada más y nada menos. Privilegiado diapasón para el ritmo acompasado de sus creaciones literarias, concebidas muchas de ellas dentro del Alcázar, donde tuvo su domicilio particular como conservador del palacio. A la luz de uno de los jardines más bellos del mundo, estancias palaciegas monumentales, Joaquín se retrotraía a capilla en los rincones más insospechados del regio edificio donde encontraba la ambientación propicia para concebirlas. Escribió que a nuestra Semana Santa solo podía tratársele con criterios poemáticos, como fiesta de Dios que es, y que nunca moriría mientras existamos los sevillanos. A su juicio tiene cuerpo y alma e invade todos los recintos del corazón de la ciudad. Matices sutilísimos que captó como nadie el poeta de Los Palacios, residente durante su etapa juvenil en el barrio de San Lorenzo, cerca de su Virgen de la Soledad y del Señor del Gran Poder.

A escasas semanas de su fallecimiento, debido a un infarto de miocardio, acudió a Dos Hermanas para pronunciar el pregón en honor de la Virgen de Valme. El acto se celebró el domingo, 12 de octubre de 1969, a las 12 de la mañana, en el Salón Español, hace ahora medio siglo. En realidad, el pregón no llegó a escribirlo nunca de forma literal. Se limitó a elaborar unas anotaciones de consulta, en base a las cuales pronunció el discurso a modo de conferencia. En el acto desgranó varias reflexiones muy profundas e interpretó, con sumo acierto, en qué consiste la gran tradición religiosa y mariana de esta tierra. Junto a sus anotaciones, llevaba también varios folios impresos de su Pregón de Semana Santa pronunciado en 1944. De aquella pieza extrajo unos párrafos que analiza la peculiar forma de ser de los sevillanos y la idiosincrasia andaluza.

Entre las principales ideas motrices de su intervención destacaron las relacionadas con la religiosidad popular, dentro del contexto de los nuevos cambios que supusieron en aquel momento, precedido por el movimiento juvenil de «Mayo del 68», las reformas litúrgicas auspiciadas por el Concilio Vaticano II. Calificó a la Reina del Cielo como de auténtica romera, al convertirse en caminante por las veredas de nuestros campos. Y alabó la capacidad que tenemos para saber transformar una carreta tirada por bueyes en el trono de la mismísima Virgen de Valme.

Romero Murube en el pregón de Valme en 1969

Según Joaquín Romero Murube, la de Dos Hermanas era la romería sevillana por excelencia. No había otra que se le asemejara en Sevilla ni en toda su provincia. El cortejo romero constituía a su parecer una maravillosa obra de arte, al que le daban cuerpo y alma muchos elementos del mundo agro-ganadero y un buen número de familias relacionadas con las haciendas y cortijos de Dos Hermanas. Piropeó a los caballos y jinetes marismeños, así como a la belleza de la mujer nazarena, verdadero paradigma de virtud.

Presentó a la romería como la manifestación de piedad popular más multitudinaria de las que se daban en Dos Hermanas, por encima incluso de las movilizaciones reivindicativas de obreros, jornaleros e industriales que históricamente se habían suscitado allí. Aquella participación romera tan masiva contrastaba con la escasa asistencia de fieles que se registraban en los templos. El formato de este culto de masas contaba con un poderosísimo poder de convocatoria que atraía a un ingente número de personas. Quizá las romerías, en la etapa del régimen franquista, eran de los únicos eventos en los que se permitía la reunión de tanta gente en el campo. Fue entonces cuando creció el Rocío de modo desorbitado. Entre los atractivos de este tipo de acontecimientos religiosos y lúdicos se hallaban también otros elementos del folclore popular, cuya visión para Romero Murube no era peyorativa, sino de verdadera riqueza cultural.

Romero Murube en el pregón de Valme en 1969

Título devocional

Con referencia al nombre de Valme, Romero Murube significó que es el mejor resumen teológico de todas las posibilidades de María, y que solo pronunciarlo es un acto de fe. Entre todos los de la Virgen María (Aurora, Fuensanta, Granada, Paloma, etc.) agrupados por el escritor en función de su naturaleza, expuso que no podía encuadrarse el de Valme entre ninguno de estos grupos, pues el de la Virgen fernandina engloba a todos los demás títulos marianos. Joaquín Romero Murube glosó con gran maestría la estrecha vinculación de Valme con el rey Fernando III, artífice de la reconquista cristiana de Sevilla, quien momentos antes de entrar en la capital, impetró con fervor: ¡Váleme Señora! Retrotrajo los orígenes de esta genuina advocación mariana a mediados del siglo XIII, la vinculó a la monarquía y a los orígenes del antiguo reino hispalense.

Aunque Valme recibió culto, durante varios siglos, en el oratorio del cortijo de Cuarto, el traslado definitivo al pueblo de Dos Hermanas no se produjo hasta 1869, año en el que quedó definitivamente acomodada en el templo parroquial de Santa María Magdalena. Así, en la cercanía con el vecindario, creció la veneración hasta el extremo de llegar a eclipsar muy pronto la rendida a la patrona de la localidad, Santa Ana. Con los años, Valme ha terminado convirtiéndose en la celestial Protectora de Dos Hermanas, después de haber salvado a su vecindario de un sinfín de adversidades de distinta naturaleza. Romero Murube señaló el protagonismo que había tenido también el pueblo llano, verdadero artífice del culto cotidiano profesado a Valme con el que ha ido cincelándose también buena parte de la identidad local.

Guión del Pregón. Hasta el año 2013 permaneció inédito el contenido diseñado por Romero Murube, amén de las distintas crónicas que publicó la prensa diaria sevillana en 1969. Los investigadores locales Hugo Santos, actual hermano mayor de Valme, Rafael M. López y Álvaro Cueli, pudieron tener acceso a las anotaciones que aquella mañana histórica alumbraron la disertación ofrecida por don Joaquín, después de habérselo requerido a la familia del escritor que las conservaba. Los tres estudiosos se afanaron en hacer la transcripción completa del texto y publicaron un libro sobre el pregón, en el que desmenuzan todo el guión, al tiempo que revelan algunos aspectos referidos a la vinculación de Joaquín Romero Murube con el fenómeno devocional de Valme. Él había nacido en Los Palacios y Villafranca el 18 de julio de 1904, por lo que su infancia la pasó también en la ambientación rural de los campos de su pueblo natal, Utrera y Dos Hermanas.

Las ideas argumentales que expuso en este pregón se complementan con varios poemas de temática existencialista en la inestabilidad de tantos cambios que, con antelación al acto, publicó Romero Murube en la revista «Romería de Valme». Los compuso en los años 1963, 1967, 1968 y 1969. El director literario de aquel rotativo local era Salvador Arribas, quien tuvo la gran habilidad de sacarle al escritor palaciego estas exquisitas colaboraciones para honra y gloria de la Virgen de Valme. Es indudable de que Arribas, que en la ilustración aparece conversando junto a él, gozaba de la estimación de Murube a quien fascinaba con su agudeza. De entre las estrofas líricas dedicadas a Valme, entresacamos esta del año 1968, que dice así: «Al borde de las marismas, / entre la ciudad y el cielo / el trajín de nuestras vidas / llega a tu campo guerrero.  / La soledad de tu ermita / solo es faro de recuerdos, / que la máquina y el coche / rompen la paz y el silencio. / La vida cambia y renace / en torno a tu valimiento. / Antes se ganaban guerras. / Ahora te pedimos sueños. / Antigua y joven, sentada / a la brisa de lo eterno. / Eres esperanza cierta / en atardecer incierto.  / Abogada, Madre eterna, / nos das alegría y contento / para el ¡Valme! de la muerte / que es certidumbre de cielos». Y el mismo año de su fallecimiento, días antes del pregón, escribió: «Allá por los campos / del andar y ver, / está una Señora, / niño Daniel. Sentada en su silla, / Patrona del bien, (…/..) / Valme de tus dudas. / Valme del querer. / Valme en tus caídas, / … . Unos versos dedicados a la inocencia, la pureza y la ternura del niño Daniel Serrallé Martínez terminaron de coronar este preciado joyel de oro que cinceló para la historia cultural de Dos Hermanas.

La Romería de Valme a su paso por Bellavista / MJ LÓPEZ OLMEDO