El misterio de la Quinta Angustia / M. J. RODRÍGUEZ RECHI

ARTE

Del cuadro de Murillo al paso en la Semana Santa de Sevilla

Los cuadros del pintor sevillano que están en la ciudad y que guardan paralelismo con las imágenes de la Semana Santa

Por  1:11 h.

Murillo fue para los artistas sevillanos la principal fuente de inspiración a lo largo de los siglos. El pintor fue coetáneo a Pedro Roldán, con quien trabajó mano a mano en el encargo de Miguel Mañara para el Hospital de la Caridad. Y, de los modelos que marcaron, nacieron imágenes de la Semana Santa. Según el historiador del arte Álvaro Cabezas, que conoce en profundidad la obra del pintor, «ambos comulgaban con las mismas cosas: Roldán era en escultura lo que Murillo era en pintura. Por eso, la Roldana (la hija del primero) y Pedro Duque Cornejo (su nieto), siguieron bebiendo de su estilo».

Con motivo de la exposición antológica por el cuarto centenario del pintor en el Museo de Bellas Artes, a la ciudad han llegado varios cuadros de Murillo de escenas de la Pasión, de los que pueden hacerse analogías con obras escultóricas de las hermandades sevillanas. A estos lienzos se le unen otros que siempre han estado en la capital hispalense y que han servido de fuente de inspiración para los grandes imagineros.

Un ejemplo es el paralelismo claro que existe entre el Cristo del cuadro de la curación del paralítico de Murillo con las imágenes de San Juan Evangelista de la Carretería y de la Quinta Angustia, ambas de Pedro Roldán, «que siempre me han parecido murillescos», apunta.

Ecce Homo

Este cuadro de Murillo, perteneciente a una colección particular de Madrid, ha venido a Sevilla para la muestra en el Bellas Artes. Se trata de una obra muy conocida que, según Álvaro Cabezas, «guarda relación con el Cristo de la Coronación de Espinas del Valle», una obra de Agustín de Perea, de 1687, realizada justo cinco años después de la muerte de Murillo. Para este historiador del arte, el escultor “pudo beber de sus modelos o, al menos, estar en el ambiente del pintor. Murillo pintó varias veces a un Jesucristo doliente, cubierto por una clámide, con las manos atadas y una caña. Además, como era del gusto en Sevilla, representaba al Ecce Homo sin exageraciones expresivas, al contrario que ocurría en otras obras castellanas. De hecho, el Señor de la Salud y Buen Viaje de San Esteban se acomodó al gusto de la época del XVIII, para adaptar un busto anterior a un cuerpo que respondía a estos cánones. Fuera de Sevilla este Ecce Homo de Murillo es una traducción en escultura al que hay en la iglesia de San Francisco de Córdoba, de Luisa Roldán.

Dolorosa

El Ecce Homo hacía pareja con esta Dolorosa que pertenece a la colección permanente del museo de Bellas Artes desde 1949, que fue donada por la marquesa viuda de Larios. Más que conocida, sirvió como fuente de inspiración para escultores como Cristóbal Ramos o Blas Molner, murillistas convencidos. El primero se fijó claramente en este modelo para tallar a la Virgen de las Aguas del Museo, que incluso ha mantenido la vestimenta de aquella época hasta ahora. Al Molner, aunque con menos semejanzas, le inspiró para realizar a la Virgen de los Dolores de las Penas de San Vicente.

Ecce Homo

Este cuadro, más pequeño que el anterior y también perteneciente a una colección privada de Madrid, según Álvaro Cabezas, «a lo mejor no ha servido como como modelo para iconografías escultóricas similares en Sevilla, sino que el rostro ha servido quizá como inspiración para imágenes de cautivos como el Señor de la Sentencia. Esa serenidad, como cordero llevado al matadero, me recuerda mucho a esculturas de este tipo».

Dolorosa

Este lienzo hace pareja también con el anterior Ecce Homo, pertenece a una colección particular y guarda un claro paralelismo con imágenes de escultores coetáneos a Murillo como la Antigua y Siete Dolores o la Virgen de los Dolores de San Alberto, ambas atribuidas a Pedro Roldán. La primera de ellas, que fue titular de una de las cofradías más populares de la época, está ataviada con telas encoladas de la misma forma que la pintura y tiene las manos entrelazadas. La segunda, además de este último detalle, guarda un claro parecido en el rostro, como ocurre con las vírgenes de Roldán del retablo del Sagrario o del Hospital de la Caridad e, incluso la Amargura, considerada hermana gemela de la imagen de la iglesia de San Alberto.

Cristo con la Cruz a cuestas

El Señor, en este cuadro (de 1660-1670), tiene la misma postura que el de las Penas de San Vicente, también de Pedro Roldán. La mirada, la colocación de las manos e incluso la propia cruz (así era antes de que la cofradía adquiriera la de carey), es similar a esta imagen. Pero, además, esta pintura que ha llegado desde Cherburgo, guarda un paralelismo con el Señor de la Salud de la Candelaria, por el modelado de los ropajes. En este caso, se trata de una imagen anterior, también atribuida por unos a Roldán (hacia 1650) y, por otros, a Francisco de Ocampo (de décadas previas incluso). Esta imagen se ubicaba en un retablo en el convento de San Pablo, precisamente en la feligresía donde se crió Murillo. Quién sabe si el Nazareno de la Candelaria le pudo servir de inspiración al pintor.

La Piedad

Este cuadro, que está expuesto de forma permanente en el Museo de Bellas Artes y que perteneció al convento de Capuchinos, según el historiador del arte Álvaro Cabezas no influyó «en ninguna de las tres piedades de Sevilla, ya que la del Baratillo se inspira en la de Miguel Ángel, y tampoco tiene semejanzas con la de la Mortaja ni la de los Servitas». Sin embargo, «me recuerda muchísimo ese semblante a una escultura del Regionalismo como es la Virgen de la Quinta Angustia, de Vicente Rodríguez-Caso. Ese rostro con bastante naturalismo, apacible y un rictus de dolor sereno me pega mucho que el escultor lo tuviera en cuenta para completar un misterio, precisamente, de Pedro Roldán». Igualmente, tiene cierto aire a la Virgen de los Dolores de las Penas.

Cristo recogiendo sus vestiduras

Hasta hace poco tiempo, no existía en Sevilla ninguna iconografía como la que Murillo pintó en este cuadro (1670), que ha llegado a la exposición desde Illinois. El artista también realizó otro similar que hoy está en Boston. Curiosamente, la hermandad de las Cigarreras tuvo una imagen con la advocación de Cristo de la Púrpura, que en 1664 se le encargó al escultor Pedro de Borja, cuyo paso acabó rematando Pedro Roldán. Esa talla se perdió y, en 2016, un grupo de hermanos le encargó a Navarro Arteaga una nueva, que actualmente recibe culto en la capilla de la Fábrica de Tabacos.

Resucitado

Este cuadro está provisionalmente en Sevilla, en el Archivo de Indias, aunque pertenece a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. Esta pintura de Murillo perteneció a la hermandad del Museo y sirvió como modelo para el Resucitado de Francisco Buiza de la iglesia de Santa Marina, como indica Álvaro Cabezas.

FOTOS: J. M. SERRANO

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Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla