El Cristo de la Sed llegando al hospital de San Juan de Dios / R. DOBLADO

Del sanatorio a la prisión, la Sed regresó medio siglo atrás

El crucificado recorrió Nervión para celebrar los 50 años de vida de la hermandad en una procesión extraordinaria y multitudinaria

Por  1:03 h.

«Tengo sed». Cincuenta años lleva el Señor de Nervión inundando de fe un barrio que camina entre el regionalismo y el modernismo. Ayer tenía sed todo el mundo. El termómetro de la Cruz del Campo, media hora antes de la salida del crucificado, marcaba 39 grados. Esa era la sensación térmica al sol de este veranillo que va para largo. En la solana de la Gran Plaza no cabía un alfiler desde un rato antes de que se abrieran las puertas de la parroquia de la Concepción. Dentro, el calor era aún mayor y por algunos trajes de chaqueta aparecía hasta vaho. Nervión celebraba ayer medio siglo de vida de su hermandad de penitencia. Una corporación que nació al amparo del concilio y que ha ido creciendo al mismo tiempo que aquel barrio, mitad rico mitad humilde. El Cristo de la Sed aparecía ayer sin potencias ni corona de espinas, en una estampa que retrotraía a aquellos tiempos en los que salía en las vísperas. Por eso, lo vivido ayer fue un regreso al pasado. Allí estaban los niños que en aquel 1969 fundaron la cofradía, y que hoy peinan canas. Allí estaban los vecinos que conocieron aquellas estaciones de penitencia con nazarenos sin capirotes ni capas.

La hermandad vive un esplendoroso presente y quiso viajar 50 años atrás. El Cristo de la Sed regresó al sanatorio de Jesús del Gran Poder -hoy hospital de San Juan de Dios- y a la prisión provincial de La Ranilla, hoy convertida en parque público y con el pabellón de ingresos vacío a la espera de su conversión en museo de la memoria histórica.

Memoria histórica fue ayer la procesión extraordinaria y multitudinaria del crucificado. Desde la salida hasta la llegada a San Juan de Dios había un ocaso de una hora y veinte. El sol se iba poniendo más allá del Nervión Plaza y, al llegar al cruce de Beatriz de Suabia con Eduardo Dato, ya sólo iluminaba a lo lejos la Giralda. En aquel momento, sonó «Eternidad», una metáfora de la luz, del tiempo y de la nostalgia.

Regresando al presente, el asunto de las marchas es cosa aparte. El nivel musical es altísimo. Las bandas de cornetas y tambores son orquestas sinfónicas. Sin embargo, aquellos antiguos vecinos y hermanos de la Sed que conocieron la cofradía de las estampas en blanco y negro no reconocen lo que escuchan. Alguno incluso recuerda cuando aquel paso de caoba iba en silencio. Sonaba «Eternidad» y un murmullo de admiración despertó al público más joven, que rápidamente sacó el móvil del bolsillo y se puso a grabar para dejarlo para la posteridad. Éste es el contraste de la actual Semana Santa, la de los viejos y la de los jóvenes. Y luego está la de los que, como este cronista, comienzan a comprender que van camino de lo primero cuando oyen pero no escuchan lo que está sonando. En esa transición de lo antiguo a lo moderno estuvo ayer también el camino hacia el Nervión más humilde. Aquella zona más allá de la Gran Plaza, donde hay más Sed de Dios, y que ayer visitó de nuevo el Señor. «Tengo Sed», como aquella antigua vecina que hoy vive en San Juan de Dios y que cruzó la puerta del sanatorio delante del Señor sobre una alfombra de sal.

Contraluz del Cristo de la Sed / R. DOBLADO

La gubia de Álvarez Duarte

Para memoria histórica, los detalles que ayer tuvo la hermandad con el hombre de cuyas manos surgió el Señor del barrio. Luis Álvarez Duarte estuvo ayer en Nervión. Estuvo la masa y su gubia, sobre el monte rojo sangre del crucificado. Estuvo su propia sangre: su hija Guadalupe, que ayer llevó la vara que debió portar su padre que se fue con Dios hace apenas tres semanas. Y estuvo la música. El paso salió al compás de un tambor ronco y, al cruzar el dintel de la parroquia, tras una levantá en su honor, sonó «Requiem». El Cristo de la Sed fue para Luis la obra que lo catapultó al olimpo de la imaginería en Sevilla.

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla