La Virgen de las Lágrimas de la Exaltación en la década de los años 60

HISTORIA

El día que quisieron sustituir a la Virgen de las Lágrimas de la Exaltación

El 1 de diciembre de 1969, hace cincuenta años, en la hermandad de la Exaltación se planteó la sustitución de su histórica dolorosa

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1969 fue año de cambios. El hombre había llegado a la Luna en el mismo año que comenzaba la serie Barrio Sésamo en los Estados Unidos. En España un tal Adolfo Suárez llegaba a la Dirección General de Radiodifusión y Televisión. Y Salomé, después del Triunfo de Massiel el año anterior, volvía a colocarse en la gloria del Festival de Eurovisión, con España como anfitriona. Vivo Cantando para el año que se estrenaba La Hormiga Atómica en la televisión española. Tiempos de estrenos y de cambios.

Por Santa Catalina soplaron algunos vientos de cambio en torno a la histórica dolorosa de la Hermandad de la Exaltación. Afortunadamente, no llegó a buen fin una tendencia, no siempre acertada, de los años centrales del siglo XX y que afectó a numerosas hermandades. No era la primera vez que se intentaba sustituir a la Virgen de las Lágrimas, ya en 1914 se intentó con una imagen procedente de Málaga que acabó con un resultado fallido tras estar procesionando hasta 1933. También fracasaría el intento de 1969, con una imagen propuesta de Luis Álvarez Duarte que acabaría en Jerez. Frente al intento de comienzos del siglo, en esta ocasión se contó con todo lujo de detalles en las páginas de ABC de la época. Una crónica firmada por Benigno González que, cincuenta años después, sigue siendo una sorprendente pieza en la que se describen muchos vericuetos internos de un cabildo que no siempre se cuentan…

La dolorosa que llegó a proponerse como Virgen de las Lágrimas de la Exaltación en 1914

“MARTES 2 DE DICIEMBRE DE 1969. EL CABILDO DE LA HERMANDAD DE SANTA CATALINA SE PRONUNCIÓ POR EL NO CAMBIO DE LA IMAGEN TITULAR.

HUBO QUE DESALOJAR EL TEMPLO DE MUJERES QUE SE OPONÍAN A LA SUSTITUCIÓN

-Para que la gente asista a los cabildos de las cofradías hay que echarles platos fuertes.

Esta frase, del buen mayordomo de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Exaltación y Nuestra Señora de las Lágrimas, es tan cierta como que tres y dos son cinco. Pero si para alguno ofreciese duda el aserto del citado cofrade, le bastará enterarse de lo acaecido en el cabildo celebrado el domingo en Santa Catalina, donde se ventiló, ni más ni menos, la cuestión del cambio de la venerada imagen titular, María Santísima de las Lágrimas, por otra Virgen dolorosa.

La imagen de Álvarez Duarte fue presentada en Santa Catalina, en 1969, con el ajuar completo de la Virgen de las Lágrimas

Para el cabildo habla mucha expectación y no poco nerviosismo. En la iglesia de Santa Catalina, y en la misa de las doce y media, se congregaron muchos cofrades y devotos, como asimismo cerca de dos centenares de mujeres deseosas de poner de manifiesto su negativa a la sustitución de imagen. El plato fuerte que pensaban servir en la hermandad de los Caballos parecía que iba a ser condimentado con demasiada especia.

Sobre la una y diez el oficiante terminó la santa misa con las bellas y rituales palabras:

—Podéis ir en paz.

Y con la despedida y exhortación a la tranquilidad y al sosiego, se prepararon los hermanos de la Exaltación para el cabildo. En primer lugar, se impuso la necesidad de desalojar del templo a las mujeres.

Unas llorando y otras con accesos de sofocación, organizaron tal maremagnum, que sembraron de inquietudes los ánimos del cura y de los cofrades.

—¡Que no salga de Santa Catalina!

—¡Pero… ¿a santo de qué van a traer otra imagen?

—¡Virgen de las Lágrimas…’ ¡No lo permitas!

Crónica del cabildo de la Exaltación recogido en las páginas de ABC de Sevilla del 2 de diciembre de 1969

A regañadientes comenzaron a desocupar la iglesia, estacionándose ante la puerta. Sólo quedaron en el interior unas cuarenta, decididas a intervenir en el cabildo. Ante el problema, a alguien se le ocurrió que varones y hembras, cofrades y devotas, salieran de la iglesia y volviesen a entrar, dándose el nombre. Y así se hizo. El cabildo podía reunirse.

Rezadas las preces, el cura de Santa Catalina habló a los cofrades. Pero los ánimos estaban tan exaltados que aquello parecía la torre de Babel. Dicen los que asistieron que hubo mucho de ardor, de arrebato, de acaloramiento.

—¡Basta de preámbulos y al grano!

—¡Eso es, al grano!

—¡Tratemos del cambio!

Previa petición de la palabra, se levantó don Nicolás Fontanillas, el pacificador de Santa Catalina. El guirigay cesó cuando comenzó haciendo un llamamiento a la unión, a la caridad, al amor. No sé refirió a la belleza externa, sino a la belleza de sentimientos. Y como convenció; le aclamaron. Un cofrade se levantó para pedir al secretario que diese lectura a una “Sevilla al día”, publicado por este A B C en la edición del domingo.

En el pulmón del cabildo comenzó a entrar el aire vivificador. Y se propuso el voto, no sin que antes hubiera otras intervenciones para perfilar detalles. Fue en mayoría la resolución de no aceptar el cambio de la imagen. En la torre de Babel empezó a hablarse ya en la misma lengua, con locución cofradiera y verbo de hermano, con la dicción que impone la buena correspondencia y la concordia.

La actual Virgen del Buen Fin de Jerez, obra de Luis Álvarez Duarte / WEB LANZADA JEREZ

En el exterior del templo, mientras tanto, unas cincuenta devotas mujeres y un grupo de curiosos esperaban el resultado del cabildo.

—No se hace el cambio —dijo uno asomando la gaita por la puerta.

Y comenzó el coro de alabanzas. Aquellas piadosas mujeres —no hubo forma de detenerlas— entraron en la iglesia, y ante María Santísima de las Lágrimas cantaron una Salve.

Hemos querido informar al lector de este acontecimiento, elevándolo de la simple noticia. Merece esto, porque el buen orden ha imperado y porque el prólogo, parte y epílogo de este suceso no viene a reflejar otra cosa que la extraordinaria y vital fuerza de las cofradías sevillanas. Y si el que no fuere de esta bendita tierra leyere y no entendiere, no vaya a creer que falta unión y fraternidad donde existe sobreabundantemente.

En nuestras hermandades, sobre esto, hay tela de que cortar. Y si algunas veces parece que una comunidad se divide en “montescos” y “capuletos”, es cosa de momento. Pelillos a la mar. Porque basta que uno, el más sereno, llame a la tranquilidad, al sosiego, a la caridad. Y se acabó…”

La Virgen de las Lágrimas de la Exaltación bajo palio en 1966

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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