Hace diez años: veinticuatro horas de Esperanza

La Macarena paró los relojes. Fue una maratón multitudinaria hacia el Olímpico cargada de momentos históricos e inéditos. Era la primera vez que la Esperanza cruzaba el río y visitaba el hospital que lleva su nombre

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Esta crónica se publicó el 19 de septiembre del 2010, cuando la Esperanza Macarena fue trasladada al Estadio Olímpico para presidir la beatificación de la ya Santa María de la Purísima.

 

No fue un sueño. Lo que usted vio y sintió ayer ocurrió realmente. La Esperanza hizo historia por muchos motivos. El 18 de septiembre de 2010 fue, quizá, el día más extraño pero uno de los más hermosos en la historia de las cofradías de Sevilla. No olvide nunca, estimado lector, el día en que la Macarena puso bocabajo la SE-30 o el Parque del Alamillo. Que la Reina de San Gil cruzó por primera vez el río y el césped del imponente y a la vez infrautilizado Estadio Olímpico. Que la Esperanza peregrinó a Santiponce acompañada de 60.000 personas.

Fíjese cómo lo anunciaba Caro Romero: «La antorcha es candelería/ de Resolana a Cartuja/ donde su gracia dibuja/ su pentatlón de alegría./ Vaticano por un día/ medalla para la Altísima/ la cartujana santísima/ de Esperanza coronada/ hace de la Fe Olimpiada/ con María de la Purísima». Llevaba razón, lo vivido ayer fue una maratón de 24 horas cuya catedral fue el Olímpico.

Fue una Madrugada sin armaos, ni nazarenos, ni palio, ni calle Feria… Ayer la Macarena buscaba su origen, la Huerta de Macario. Aquel lugar extramuros en época de los romanos que le dio nombre al barrio y a la Virgen. La Macarena se iba fuera de las murallas. Allí donde los romanos creían que no existía la protección divina. Cómo se equivocaban. Lo demostró la Esperanza. Desde Don Fadrique a la Glorieta Olímpica, pasando por la Venta de los Gatos… Sitios alejados del habitual escenario cofrade pero que ayer, mire por donde, lo fueron más que la Campana. Y es que Santa Ángela no estaba ayer a la vera de San Juan de la Palma, sino en Santiponce. Es la crónica de una jornada histórica.

La ida

Tres de la mañana. En la Resolana no cabía ni un alma. Antes de salir, un emocionado Manolo García se dirigía a los hermanos, orgulloso de vivir este acontecimiento y contando a sus hermanos que «uno de los mineros atrapados en Chile ha sido padre y ha querido que a su hija la llamen Esperanza». La Esperanza traspasa fronteras. Y murallas.

Se abrían las puertas de la basílica y comenzaban a salir los casi mil cirios. Media hora más tarde lo hacía la Esperanza con una bulla desde el mismo dintel. El paso sin palio de la Virgen se echaba a la calle a los sones de «Esperanza Macarena». Qué olor a nardos. Exornada también con rosas color champán y pétalos de violetas en las jarritas de la peana, la flor de Santa Ángela. Ya bailaban las mariquillas de Joselito el Gallo.

La Resolana quedó embrujada cuando el Carmen interpretó «Coronación de la Macarena» y, después, «Pasa la Macarena». Y un estreno: «Madre Purísima Macarena».

La bulla se atenuó cuando pasó el Parlamento. Desde ahí, por los lados se podía acompañar a la Virgen con alguna dificultad. Los bloques de viviendas aparecían engalanados. Era un día grande y especial para estos vecinos que nunca hubieran imaginado que por su casa pasaría la Esperanza.

Lo mejor estaba por llegar en el Puente del Alamillo, la frontera que parecía imposible, pero que la Macarena fue capaz de atravesar acompañada de una multitud. Allí, la luz rosácea del cielo hacía que la foto fuera perfecta. Quién lo hubiera dicho. A la Virgen le amaneció en el parque, que se hizo interminable, pero con una estampa inolvidable. Parecía imposible, pero la Virgen cumplió el horario y a las 8.30 estaba entrando bajo el túnel norte del estadio.

[Pincha aquí para leer la crónica de Fernando Carrasco sobre lo que ocurrió en el Estadio de la Cartuja aquel 18 de septiembre]

La vuelta

Con una hora más tarde de lo previsto y con menos cirios, ponía rumbo a su basílica. Si a la ida hubo bulla, a la vuelta se multiplicó. Si le amaneció en el parque, le cayó el ocaso entre las encinas del Alamillo. Una vez cruzado el río, la Esperanza visitó Juventudes Musicales, San Lázaro y Doctor Fedriani, desde donde alcanzó el Hospital, el lugar donde todo se desbordó. Había nervios entre los enfermos, los familiares y los residentes. Qué de lágrimas. Una estampa insólita y probablemente la más emotiva de cuantas se recuerdan.

La Macarena intentó cumplir los horarios hasta este punto. A partir de ahí, el tiempo volvió a detenerse y la Esperanza, como si hubiera sido un sueño, volvió a casa. Todo había vuelto a la normalidad.

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla