La Esperanza Macarena en el camarín / A. P.

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El documental «Las raíces de la Semana Santa», al completo

En cinco capítulos, Pasión en Sevilla ha tratado de analizar el fenómeno de la fiesta actual sin perder las esencias que la han llevado a convertirse en un «hecho social total»

Por  13:03 h.

Ya puedes contemplar los cinco capítulos del documental «Las raíces de la Semana Santa» que ha publicado cada semana de esta Cuaresma de 2018 la web Pasión en Sevilla. Se trata de un audiovisual que ha pretendido mostrar las esencias de la fiesta mayor de la ciudad, desde la capacidad devocional de las imágenes sagradas, a quienes hacen la hacen posible, pasando por el análisis antropológico e histórico del hábito nazareno, el contexto social donde se encardinan las hermandades y cofradías y los orígenes históricos de la Semana Santa.

Se trata una serie que intenta analizar la Semana Santa desde un punto de vista actual, pero teniendo en cuenta las raíces sin las cuales no se puede entender el fenómeno, o «hecho social total» -tal y como lo define Isidoro Moreno-. Este antropólogo ha ayudado a construir el relato, junto al historiador Manuel Jesús Roldán o Juan Manuel Bermúdez Requena; además del psiquiatra Jaime Rodríguez Sacristán; la periodista Gloria Gamito; el hermano mayor del Gran Poder, Félix Ríos; el arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo; el restaurador Enrique Gutiérrez Carrasquilla; los capataces Francisco Ceballos y Juanma Cantero; el director de la banda de las Tres Caídas de Triana, Julio Vera; o testimonios como el de Ángel Prados, un nazareno de la Amargura, o Manolín Mercado, costalero legendario.

Capítulo 1: La unción sagrada

La frase utilizada por el Concilio de Trento marcaba la hoja de ruta para realizar una talla que representara al Señor o a la Virgen: «Adoremos a Dios por medio de las imágenes que besamos». De uno u otro modo, en esas diez palabras se enmarca la esencia de la Semana Santa. Es, a través de la unción sagrada de las imágenes, como se articula la realidad contemporáneade la fiesta mayor de la ciudad.

La capacidad transmisora que tienen las grandes devociones de Sevilla para llevar hasta Dios a los fieles, que trascienden de su propia concepción como obra de arte, debe ser el punto de partida de la serie documental que cada miércoles de Cuaresma va a desentrañar «Las raíces de la Semana Santa». En este primer capítulo, titulado «Unción sagrada», se analiza la faceta artística intrínsecamente relacionada con la piedad popular a través de expertos de diversas ramas profesionales como el historiador Manuel Jesús Roldán; el delegado de Patimonio de la Archidiócesis, Antonio Rodríguez Babío; el restaurador Enrique Gutiérrez Carrasquilla; y el psiquiatra Jaime Rodríguez Sacristán.

ABC ha grabado al Gran Poder en la intimidad de su camarín y en la muchedumbre de un viernes en San Lorenzo. Una visita al camarín de la Macarena, donde dos espejos muestran los dos perfiles de la Esperanza; y en Triana, donde cruzando de orilla la misma advocación recibe la mirada emocionada de cientos de vecinos cada mañana en su capilla. Así, durante 600 años. En ese cruce de orilla a orilla, un puente simboliza el paso de la vida a la muerte, tiempo detenido para el Cachorro, en cuyo ábside le dora el torso la luz que entra por los ventanales de la basílica. Allí, una cámara capta un contraluz de la silueta del Cristo de la Expiración. A solas, y en la intimidad, como cada día del año en la capilla sacramental del Salvador, donde a cuentagotas besan el talón levantado del Señor de Pasión los devotos de la obra cumbre de Montañés.

Seis minutos donde el punteo de la guitarra de Riqueni marca el compás de la Amargura, a la que accedemos en el efímero tiempo que habita en su antiguo altar de la capilla, no en la lontananza de su camarín. ¿Qué significa la Amargura? ¿Y la Esperanza? ¿Qué es la Pasión y el Gran Poder de Dios? Advocaciones esculpidas en las imágenes, desentrañadas por un psiquiatra que bien conoce cada uno de estos sentimientos.

«Unción sagrada», un atributo fundamental de las imágenes, cuyo origen está en las querellas iconoclastas y los enfrentamientos con el protestantismo, como vehículo para llegar a Dios. De la historia, de la concepción original de una talla, a su cuidado. El cómo ha de restaurarse una imagen devocional y qué directrices marca la Autoridad Eclesiástica para conservar el patrimonio sin perder la esencia.

«Las raíces de la Semana Santa» analizará, como vagones de un mismo tren, las otras realidades de la fiesta: el barrio, como escenario clave de las cofradías en la actualidad, donde se engarzan conceptos como la evangelización o la solidaridad; la túnica, como elemento identificador, antropología de la fiesta; el origen cronológico sin el cual no se entiende la evolución de la Semana Santa; y sus gentes, el cómo ha surgido el arte propio, como la música y la forma de andar.

Capítulo 2: Los barrios, la nueva realidad social

Que los barrios son la nueva realidad de la Semana Santa es algo innegable. Es allí donde está la tarea social y evangelizadora y es por eso por lo que el Gran Poder irá en 2020 a celebrar su cuarto centenario a aquellas zonas más deprimidas de la ciudad, en las barriadas donde aún no hay cofradías. Por eso, tras la «unción sagrada» de las imágenes, los barrios se establecen como el segundo capítulo de la serie documental que Pasión en Sevilla viene publicando semanalmente, bajo el nombre de «Las raíces de la Semana Santa». En 2018, precisamente, fue una imagen de las periferias, el Cautivo de Torreblanca, el protagonista del Vía Crucis de las Cofradías de Sevilla, simbolizando que son estas hermandades las que están asumiendo el papel que antaño tenían las cofradías del casco histórico.

«Esto contrasta con algunas de las visiones de ciertos sevillanos que consideran que Sevilla no va más allá de la Puerta de Carmona, el Arco de la Macarena y de la Puerta de Triana. Pero no es verdad, la mayoría de los sevillanos viven fuera de lo que es la parte de la ciudad intramuros, y muy difícilmente se podría entender la Semana Santa de Sevilla sin la cofradía del Tiro de Línea, la de Nervión, la del Cerro, el Polígono de San Pablo o las que incluso no pueden ir a la Catedral como la de Torreblanca o Pino Montano», afirma Isidoro Moreno, catedrático de Antropología Social de la Universidad de Sevilla.

Pero, ¿cuál es el origen de las cofradías de barrio? Hasta finales del siglo XVIII la estructura de la Semana Santa estaba basada en los grupos étnicos, las clases sociales o los gremios. Sin embargo, como explica Isidoro Moreno, «cuando la Semana Santa renace a mitad del XIX, la sociedad ya es otra y la ciudad también es otra. Entonces, las cofradías que se habían mantenido aunque con una vida muy tenue u otras que empiezan a aparecer, lo hacen bajo otro esquema basado en los barrios». De esta manera, surge una especie de «dualidad de cofradías que sí siguen siendo características de estratos medios y altos de la ciudad (situadas en el Centro geográfico y simbólico), y otras cofradías, la mayoría de ellas (aún en el XIX de las murallas hacia dentro), que tienen unas características muy en relación con la gente de las collaciones, que se convierten en barrios populares», comenta el profesor.

Ya a partir de los años 50, cuando la ciudad comienza a extenderse geográficamente con el éxodo de las gentes de Triana o San Bernardo a los polígonos por la ruina de sus casas y corrales de vecinos, cuando con el tiempo van creando nuevas cofradías en aquellos lugares. Isidoro Moreno explica que actualmente, «ya en el siglo XXI, son los barrios más alejados como el Cerro o el Polígono de San Pablo, que hace varias décadas nadie hubiera pensado que pudieran llegar a la Catedral los que reafirman en la idea de que la Semana Santa sigue siendo un hecho social total, como definen los antropólogos y sociólogos a algo que afecta a una gran cantidad de habitantes y de territorio».

La obra social

Las cofradías, como instituciones que vertebran también a la sociedad, juegan ahora un papel muy importante en esos barrios alejados del Centro. El hermano mayor del Gran Poder, Félix Ríos, repasa los orígenes de la Bolsa de Caridad de la hermandad, pionera en las hermandades de Sevilla, como algo que se crea, en 1953, para ayudar a un pueblo «empobrecido por dos posguerras, focalizando la ayuda en la clase media vergonzante, un estrato que sufría una crisis económica y no tenía adónde acudir». Y es ahora, en los albores de la segunda década del siglo XXI, cuando de nuevo cobra fuerza esa idea original del Gran Poder, al que se le suma un nuevo tipo de pobreza: la espiritual. Entra en juego entonces, lo que se denomina como «unción sagrada» de las imágenes y la asistencia económica y espiritual a los barrios, para explicar el porqué del traslado del Señor a las zonas desfavorecidas de Sevilla en 2020.

Capítulo 3: La túnica que no se entierra

La túnica pasó de ser un atuendo característico de los disciplinantes a ser un símbolo de identidad social de una cofradía respecto a su collación o su grupo social. Pero, donde cobra una mayor carga emotiva, es en la transmisión del hábito dentro de una misma familia. En el tercer capítulo del documental «Las raíces de la Semana Santa» descubrimos la historia de una túnica de una familia de la hermandad de la Amargura que, desde finales del siglo XIX, se ha ido legando de generación en generación bajo una sola premisa: «Que nadie se entierre con ella».

El protagonista de la historia es Ángel Prados Blanco, un hermano de fila de San Juan de la Palma que cada año se reviste con una túnica de sarga blanca tan antigua que llevarla encima es de por sí una penitencia por su peso. En su día, esa túnica perteneció a su abuelo, José Prados Vera, mayordomo que fue de la Amargura y el hombre que cambió el estilo de la cofradía para pasar a denominarse popularmente como el «Silencio blanco». Hasta 1910, la cofradía de San Juan de la Palma era excesivamente popular, entraba excesivamente tarde y los nazarenos andaban de bar en bar por el barrio. Tanto, que la mujer de José Prados Vera, Pilar Parejo, le dijo indignada tras entrar la hermandad que lo que había visto era «una vergüenza». Por ello, el por entonces mayordomo impulsó un cambio que, además de la rigurisidad en las filas de nazarenos, se impuso que todas las túnicas fueran blancas (por entonces los nazarenos de la Virgen llevaban antifaces morados). Esa cofradía con una idiosincrasia tan particular pervive hasta nuestros días desde 1911.

Prados Vera solía ser nazareno de las secciones del paso del Señor, de ahí su túnica blanca. La legó a su hijo Ángel Prados Parejo -cuyas iniciales están grabadas en el cuello del hábito-, que falleció en brazos de su hermano José durante la batalla del Ebro en la Guerra Civil en septiembre de 1938, quien la vistió durante décadas hasta que la edad le impidió seguir vistiéndola. Fue entonces cuando se la echó a su hijo Ángel, a quien le puso ese nombre por su hermano fallecido en la guerra. «Aquel día mi padre me dijo una frase que no se me olvidará en la vida y que es un canon familiar, lo mismo que dijo mi abuelo al legarla: ‘Por favor, hijo mío, no os enterréis con ella’. Y yo haré lo mismo con mis hijos».

Cada año, la familia Prados se viste en la casa de su hermana Consuelo en la plaza de San Martín. Allí se forma un auténtico tramo de nazarenos blancos con cola al brazo y cruz de malta al pecho. Se visten cada Domingo de Ramos por orden cronológico, del más joven al más veterano, cuyo título ostenta ya Ángel Prados Blanco. Es un ritual que termina con unas preces y la bendición de un sacerdote amigo de la familia antes de partir hasta San Juan de la Palma.

Cada Domingo de Ramos, esa túnica sirve de homenaje a sus antepasados. Antropología de la Semana Santa.

Capítulo 4: El origen de la Semana Santa de Sevilla

En Sevilla siempre se ha afirmado que el origen cronológico de la Semana Santa está en el vía crucis a la Cruz del Campo que instauró el marqués de Tarifa en 1521. En el capítulo cuarto del documental «Las raíces de la Semana Santa», el historiador Manuel Jesús Roldán y el antropólogo Isidoro Moreno van un paso más allá. El primero de ellos afirma que «el concepto del vía crucis es el que podemos considerar el verdadero origen de la Semana Santa, pero es muy difícil tratar de establecer si realmente aquellas procesiones de los siglos XIV, XV y XVI eran equiparables con el concepto que nosotros entendemos como Semana Santa. Probablemente no. Nos equivocamos en muchas ocasiones cuando queremos hacer un paralelismo y buscar en siglos muy lejanos el origen de determinadas hermandades».

En este sentido, Isidoro Moreno explica que «la Semana Santa se va conformando paulatinamente. No hay un año cero. A partir del XVI confluyen varias corrientes: los grupos de disciplinantes que ya existían previamente, la transformación de muchas hermandades de gloria gremiales o étnicas en torno a una advocación o la transformación de la tradición medieval de las representaciones con personajes vivos de escenas de la Pasión. Y, todo eso, se activa desde las coordenadas del Concilio de Trento, en la segunda mitad del XVI». Así, «hasta el año 1605, la Semana Santa no tiene un diseño general de hacer estación a la Catedral, sino que las diversas cofradías de nazarenos visitaban básicamente cinco iglesias de la ciudad salvo algunas como la de la de los Negros, en situación periférica, fuera de los murallas. Situación periférica en lo territorial que refleja la situación periférica en lo social. Esta cofradía hace sus actos penitenciales fuera de la ciudad», indica el antropólogo.

En la práctica, aquellos penitentes que iban camino de la Cruz del Campo «azotándose y cargando con cruces», como indica Manuel Jesús Roldán, «sí que podríamos entenderlo como uno de los orígenes reales de la Semana Santa sevillana». Sin embargo, algo cambia en la celebración de estos desfiles procesionales. «Hasta un momento determinado los protagonistasen las comitivas de Semana Santa son las personas, los flagelantes, y las imágenes tienen una importancia muy secundaria, un crucifijo al final cerrando el cortejo. Eso va cambiando para adquirir el protagonismo las imágenes y las escenas de la Pasión, y en Sevilla y en Andalucía también el papel de la dolorosa. Y los flagelantes y sobre todo los hermanos de luz son los que acompañan a las imágenes», asegura Moreno.

Capítulo 5: Los protagonistas

El documental «Las raíces de la Semana Santa», la apuesta audiovisual de Pasión en Sevilla para la Cuaresma de 2018 se cierra con «Los protagonistas», el último capítulo de una serie que busca desentrañar las esencias de la fiesta mayor de la ciudad. Cada semana se ha venido publicando un capítulo que servía de base para el siguiente. Así, el primero fue «la unción sagrada» de las imágenes, el porqué de las grandes devociones de Sevilla. Las imágenes, como centro devocional de una zona concreta, «los barrios» (capítulo 2), y como éstos se han venido articulando conforme ha ido creciendo la ciudad y han surgido nuevas cofradías.

El tercer capítulo contaba, desde un punto de vista antropológico, el porqué de «la túnica», como elemento identificador de un barrio concreto, y como símbolo que se transmite de generación en generación o que sirve de mortaja. El cuarto capítulo, «el origen» de la Semana Santa, ahondaba en la raíz cronológica de la fiesta, sin la que no se podría entender la realidad actual.

Y, por último, en el quinto capítulo profundizamos en quienes componen la columna vertebral de las cofradías, más allá de los nazarenos -analizados en capítulos anteriores-, como son los capataces y costaleros, la música y cómo la mujer ha ido adoptando un mayor protagonismo en la Semana Santa.