El Cerro del Águila recibe de luto a su hermandad tras llegar del Rocío

La inesperada muerte de Loli Peña, fundadora de la hermandad, en el último sesteo antes de entrar en su templo, llenó de tristeza el regreso de la filial sevillana

Por  0:50 h.

La hermandad del Rocío del Cerro del Águila regresó en la tarde del miércoles 23 de mayo a Sevilla. Fue una entrada muy distinta a todas las que había hecho en sus más de 30 años de historia. La alegría se transformó en dolor y el sonido de las sevillanas y el tamboril se cambió por el tañer de las campanas de una parroquia que lloraban la muerte de su fundadora Dolores Peña Vera, Loli para todos sus seres más cercanos y para su marido Tomás Villegas, el teniente hermano mayor de la hermandad.

El suceso se produjo tras salir del sesteo que la corporación estaba realizando en el recinto de la Feria al entrar en Sevilla. Loli anunció que se encontraba indispuesta y fue atendida por una auxiliar de enfermería de forma inmediata practicándole la reanimación cardiopulmonar. Una ambulancia del 061 la trasladó al hospital Virgen del Rocío, donde falleció minutos después a causa de un infarto.

El suceso conmocionó a todos sus hermanos y vecinos del barrio que ya sabían la noticia. En ese momento, toda música cesó y la hermandad apresuró su regreso para entrar en su templo más de una hora y media antes de lo previsto. Por el camino más corto en kilómetros pero más largo jamás recorrido, la carreta cerreña llegó a su templo en mitad del silencio. Un barrio acostumbrado a vivir en alegría todos sus momentos tornó en una profunda tristeza al llegar su hermandad rociera. El Simpecado descendió, no se escuchó ningún viva ni acorde musical. Las campanas de un templo en aniversario tocaban a fúnebre, fue escalofriante.

Al llegar al templo, la Virgen de los Dolores esperaba a sus vecinos que la miraban buscando consuelo por lo sucedido, por lo inesperado. El padre Alberto, párroco durante casi medio siglo de este templo, vistió con estola morada. Una homilía no cobró nunca tanto sentido y jamás fue tan necesaria. Entre lágrimas se cantó la salve más hermosa y más dolorosa que jamás se cantó en el Cerro del Águila. Ya lo dice su propia plegaria: «Salve Rocío, salve señora, sálvame a los míos cuando llegue nuestra hora». Descanse en paz.

Javier Comas

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