Los invidentes con el Cristo de la Vera Cruz / M. J. RODRIGUEZ RECHI

El Cristo de la Vera Cruz acerca la fe a los invidentes

Por  0:15 h.

Parece un acto convertido en tradicional por aquello de llevarse celebrando varios años pero no deja de emocionar. Es este el espíritu de la hermandad de la Vera Cruz, el humano. 

Un miércoles de Pasión más volvió a repetirse. Los invidentes sintieron al crucificado más antiguo de la Semana Santa con sus propias manos. Esta vez no solo lo hicieron ellos, también hubo una visita organizada de Apascide, una organización que atiende a las personas sordociegas.

Desde la cruz comienzan a hacer un recorrido por el cuerpo del crucificado. Con sus yemas tocan y sienten sus pies, manos, el tronco y la propia cara. Algunos son incapaces de lograrlo por el respeto que le supone a pesar de que sus manos son sus ojos. Otros tocan la llaga con la que fue herido a lo que el invidente comentaba: «esto es donde Longinos agredió al Señor».

Momentos que cuando los presentes lo presencian, se muestra que este es el verdadero sentido de la Semana Santa que alcanza rincones jamás pensados. Lo tocan todo, respiraderos, varales, el canasto, el llamador y mediante el tacto conocen perfectamente quién es y como es la Vera Cruz.

La capilla del Dulce Nombre de Jesús fue sede de la Once, ayer volvió a serlo ante la llamada del Cristo de la Vera Cruz, donde hace transmitir esa fe tan necesitada por estas personas.

Galería fotográfica: Manuel Jesús Rodríguez Rechi

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