El Cristo de la Expiración, el Rey Don Pedro y el Nazareno de Utrera
El Cristo de la Expiración, el Rey Don Pedro y el Nazareno de Utrera

PATRIMONIO

El escultor Marcos Cabrera: un olvido de siglos

Pasó a la historia por la autoría del Cristo de la Expiración del Museo, pero hay otra importante y desconocida obra repartida por Sevilla

Por  10:04 h.

“Todo está por hacer”. Con esta frase, Juan Miguel Serrera, el recordado profesor de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, insistía en la necesidad del estudio del patrimonio artístico de la ciudad desde nuevos enfoques y perspectivas que actualizaran lo ya conocido. La idea se puede aplicar a los orígenes de la escuela sevillana de escultura en la segunda mitad del siglo XVI y, especialmente, a autores como el misterioso Marcos Cabrera, cuyo nombre, como ya ocurriera con Juan de Mesa, fue desconocido durante siglos.

El gran público conoce a Marcos Cabrera por su obra maestra, el Crucificado de la Expiración de la hermandad del Museo, documentado en 1575, aunque su atribución estuvo durante muchos siglos orientada hacia la figura de un enigmático Capitán Cepeda. La confusión parece provenir del libro del Abad Alonso Sánchez Gordillo o de la transcripción que hizo Ambrosio de la Cuesta a comienzos del siglo XVIII. En esta obra se habla de los orígenes de la corporación en un sermón de la Pasión que motivó a varios miembros del gremio de orfebres a la fundación de una nueva cofradía de penitencia, que tendría como misterio la escena de la Expiración de Cristo.

Cuando el neoclásico Ceán Bermúdez realizaba una recopilación de biografías de artistas, allá por 1800, año de epidemias y de procesiones de rogativas extraordinarias, citaba el nombre de Cabrera pero mantenía la existencia del misterioso Cepeda. Serían las investigaciones de Celestino López Martínez a comienzos del siglo XX las que despejarían en parte la figura del autor del Crucificado de la Expiración, y las que perfilarían las líneas biográficas del silenciado escultor.

Casi un siglo después siguen siendo escasos los datos conocidos sobre Cabrera. Sus obras documentadas abarcan un periodo comprendido entre 1575 y 1601, conociéndose el nombre de sus padres, Ana Rivera y Francisco Núñez, apuntando algunas fuentes un posible origen cordobés de su apellido, aunque consta que sus padres vivieron en Sevilla. Su primera referencia en la ciudad, un trabajo realizado para la Catedral, aumenta las dificultades sobre su perfil, ya que se le nombra, por error del copista, como Juan Cabrera. Esta primera obra documentada, que se pagaría “con el sólido jornal que a un escultor se le suele dar”, fue una imagen de Abraham que formaba parte del desaparecido gran monumento del Jueves Santo, una imagen que tenía la cabeza y las manos talladas y el resto realizado en pasta de madera.

Ese mismo año realizó su obra cumbre, el Crucificado de la Expiración de la actual hermandad del Museo, obra manierista posiblemente inspirada en el dibujo realizado por Miguel Ángel para su amada Vitoria Colonna, una imagen llena de convulsión hoy conservada en el British Museum cuya estampa grabada debió llegar a la Sevilla del último tercio del siglo XVI. Con esta obra realizada en pasta de madera, olvidadas ya las aureolas legendarias que hablaban del empleo de un molde que se arrojaba al río o de la existencia de ese legendario capitán Cepeda, Cabrera superaba las formas tardogóticas de Roque Balduque o el protorenacimiento del Calvario que Isidro de Villoldo realizó para el monasterio de la Cartuja, siendo posible que la policromía corriera a cargo del pintor Juan Díaz. En el círculo de Jerónimo Hernández, de Juan Bautista Vázquez el Viejo y de Diego Velasco surgía una nueva figura que heredaba la contorsión del grupo del Laocoonte griego, descubierto en Roma a comienzos de siglo, y que tendría indudables ecos en otros autores como Gaspar Núñez Delgado, que reinterpretó el tema en un Crucificado de marfil conservado en el Museo de Bellas Artes, siendo una obra que se puso como modelo en 1590 en un encargo al escultor Matías de la Cruz.

Relieves de la sala capitular de la Catedral de Sevilla

Relieves de la sala capitular de la Catedral de Sevilla

En 1590 se estaba terminando la decoración de la nueva sala capitular de la Catedral, obra fundamental del Renacimiento español diseñada por Hernán Ruiz, que traía a Sevilla las formas elípticas de la plaza del Campidoglio de Roma: otro diseño de Miguel Ángel que traspasaba fronteras. Para la nueva sala capitular realizaría Cabrera ocho relieves rectangulares con escenas bíblicas como la tormenta en el mar Tiberiades, la Parábola del sembrador, Getsemaní, San Pedro contemplando los animales inmundos, el Lavatorio, Daniel entre los leones, el Último sermón de Jesús o el Bautismo de Cristo.

De la pasta de madera a la piedra y de ahí a la madera. En marzo de 1597 se fecha la carta de pago a la hermandad de Jesús Nazareno de Utrera a la que entregaba la talla de un “Cristo Nazareno que he hecho de madera de escultura de madera de cedro para la dicha cofradía de los Nazarenos”. Esta devota imagen fue concebida inicialmente con la iconografía del abrazo a la cruz, tan habitual en conventos sevillanos o tan significativa en la pintura del Nazareno de los Ajusticiados que se asomaba a la capilla de las gradas catedralicias. Con un estudiado contraposto manierista, el Nazareno de Utrera ha sufrido posteriormente intervenciones que cambiaron su cuerpo original o que añadieron ojos de cristal a una talla que sigue conservando la concepción original de su rostro.

Por ciertas similitudes al Nazareno de Utrera, aunque no haya constancia documental, algunos autores atribuyeron a Cabrera la posible talla del Nazareno de las Tres Caídas de la Esperanza de Triana. Las reformas sufridas por la talla a lo largo del tiempo, en policromía y añadidos (tuvo en tiempos pasados cabellera de pelo natural), es obra que se debe dejar en el anonimato a la espera de algún tipo de confirmación documental.

En el archivo del Monasterio de San Clemente se conserva una documentación que confirma el encargo de la cabeza del Rey Don Pedro a Marcos Cabrera, una obra en piedra que sustituiría a la legendaria pieza original, hoy visible en el patio de acceso a la Casa de Pilatos. Aunque la hornacina en la que se encuentra el conocido busto del legendario Rey Cruel o Justiciero, que hay sus opiniones, parezca obra muy posterior, la imagen del rey medieval podría entrar en el catálogo de obras de Cabrera.

Pocos datos más se pueden añadir a su biografía. Se conoce su estancia en Indias en la década de 1580, donde tuvo algún aprendiz, sus dos matrimonios, con María Quintanilla y, posteriormente, con Justa Velázquez, y el traspaso de algunas obras en la Colegial del Salvador ya en 1601. Apenas algún dato más conforma el conocimiento sobre un escultor que pasó a la historia por la autoría del Crucificado de la Expiración y cuyo anonimato durante siglos merece una investigación que desvele y aumente su catálogo de obras.

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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