El capataz Emilio Moreno / JAVIER COMAS

REVISTA PASIÓN EN SEVILLA

Emilio Moreno: «Hoy también hay costaleros entregados como los había antes»

El actual capataz de la Virgen de las Lágrimas acaba de ser elegido para comandar el martillo de Madre de Dios del Rosario para el 12 octubre de 2018

Por  0:15 h.

Emilio Moreno tiene porte de capataz a la antigua usanza, elegante en sus formas, conocedor del mundo del martillo y poseedor de la destreza que le da la experiencia, la misma que atesora en las trabajaderas de la entrega y el cariño y que ha derramado desde niño bajo los pasos, aprendiendo de aquellos magníficos del costal, convertidos hoy en leyenda.

-¿Cuál es su barrio de nacimiento, como lo recuerda?

Mi barrio de nacimiento es el de la Feria. Vivíamos en la calle Arrayán, en el número 18, frente al Cine Arrayán, concretamente, a la zona de preferencia, por entonces en el cine existía preferencia y general. Luego nos mudamos a la calle Socorro número 24, justo frente al convento de las Franciscanas Concepcionistas.

Emilio Moreno posa en la foto junto a sus padres y hermanos.

-¿Puede hablarnos de los colegios a los que acudió?

De muy pequeño fui a una “miga” que había en la calle Bordador Rodríguez Ojeda. Luego pasé al colegio de la Salle la Purísima, en la calle San Luis. Eran los tiempos del hermano Amalio y el hermano Secundino, pilares fundamentales de ese colegio. Recuerdo con mucho cariño a D. Fernando, que no pertenencia a la congregación, era seglar y que también me dio clases. En esos tiempos de juventud, formé parte con un grupo de amigos del centro Parroquial San Marcos. ¡Teníamos hasta nuestro carnet de socio! ¡No veas las fiestas tan estupendas que organizábamos!

Emilio Moreno, con en costal azul, de pie en el centro, con parte de sus compañeros de cuadrilla.

-¿Cómo recuerda a sus padres?

Mi madre era un encanto de mujer. Muy educada, culta y maestra de profesión, aunque no ejerció nunca. Se crió en la calle San Basilio. Siempre cuidando de la educación de sus hijos. Era guapísima. Mi padre era un hombre muy trabajador. Tenía un puesto de frutas en la Plaza de la Feria, frente al suyo, estaba el puesto del que fue Capitán de los Armaos “el Melli”. Le gustaba mucho el fútbol, era muy sevillista y solía ir al campo a verlo jugar. Mi madre nos llevaba a pasar la tarde a los Jardines de Murillo mientras mi padre estaba en el campo, porque si ganaba el Sevilla, mi padre nos llevaba a la calle Azofaifo, a comer pollo asado, pero si perdía nos íbamos todos a casa del tirón (risas).

El capataz Emilio Moreno / JAVIER COMAS

-¿Qué recuerdos tiene de la Semana Santa de su niñez y juventud?

Salíamos con mis padres la tarde del Jueves Santo, la Hermandad de mi madre era Montesión y la mañana del Viernes Santo, porque la devoción de mi padre siempre fue la Macarena. Recuerdo que cuando pasaba la Macarena por la calle Feria, los amigos de mi padre de la Plaza, se reunían en el bar de Germán, que estaba en la esquina. Allí esperaban a que pasaran los amigos que iban en la Centuria para tomarse una copa juntos. ¡No olvidaré nunca lo bien que lo pasábamos mi hermano y yo peleándonos con los escudos y las lanzas de los “armaos”, mientras que ellos se toman la copa! Mi abuelo materno estaba muy vinculado a Montesión. Todos los Jueves Santo íbamos a ver la Cofradía, que por aquellos años la sacaba Rafael Franco. Recuerdo que salía de patero Monsalvete, era un pedazo de peón, que le llamaban “el Paolo”. Trabajaba en la Plaza de la Feria de meteor, acarreando los bultos.

A la izquierda de la foto, junto a nuestro protagonista, su amigo y compadre, Máximo Castaño.

¡Mi madre, que tenía tan buen corazón, todos los Jueves Santo le llevaba un bocadillo! Me contó mi madre, que mi abuelo estuvo muy enfermo y fueron a su casa, unos señores de la Hermandad de Montesión, de los tiempos de Arruza, en coche, a traerle la corona de la Virgen del Rosario para que la viera. Mi madre preparó una mesita vestida con un paño para colocar la corona. Aquellos hombres de la Hermandad le dieron un fuerte abrazo a mi abuelo, quien dijo en esos momentos: “mi Chari ya tiene corona”. Cuando ya era algo más mayor, salía en Semana Santa con mi hermano. Lo más lejos que nos dejaban era hasta la Plaza del Duque. Mi padre me daba ocho o diez pesetas, para tomarnos un bocadillo y un refresco. Entonces yo cogía, me quitaba la chaqueta y le daba a mi hermano mi parte del dinero, para que no le dijera a mi padre que me había metido debajo de los pasos, con José María “El Vinagre”, que iba en la última de los ratones. ¡Me ponía el saco del costalero que se había salido y me llevaba tres, cuatro o cinco horas debajo del paso y mi hermano andando tras la Cofradía, con mi chaqueta en la mano! Los costaleros le decían a “el Vinagre” que yo era un niño, pero él les decía que no se preocuparan que yo iba bien a su vera…era un chiquillo, no tenía más de 12 o 14 años.

Emilio Moreno a la izquierda, con parte de sus compañeros de la cuadrilla de Madre de Dios del Rosario, en el Joven Costalero.

-Háblenos de sus tiempos de costalero

Muchos recuerdos buenos y muchas amistades leales, guardo de esos tiempos irrepetibles. He trabajado a las órdenes de grandes del martillo, todos han dejado huella en mí. Sacaba Pasión, con mi buen amigo y compadre Máximo Castaño. Solía ir siempre en la última de palio, en el zanco izquierdo. Por cierto que el hijo de Máximo, Antonio, toca en la Banda de las Tres Caídas y le ha compuesto, junto con Julio Vera, una marcha en recuerdo de su padre, con el título de “Mi Capataz”. Sacamos Pasión dos años y al tercero, ya salieron los hermanos. Aun así, la Hermandad nos contrató para estar pendientes y por si hacía falta que nos metiésemos, de manera que estábamos la cuadrilla en puntos diversos del recorrido y así supervisábamos como iban los chavales. Fueron muy bien, los hermanos costaleros la llevaron de maravilla. Unos momentos imborrables bajo el paso los viví, sacando a la Virgen del Rosario Patrona de Capataces y Costaleros. Verás, aquel año a Juan Luis Rechi le habían operado de un tumor en la garganta y no podía hablar. Entonces antes de la salida, su hermano Manolo, capataz también, nos dijo a los costaleros: “cuando mi hermano toque el martillo es pararse, cuando de dos toques del martillo es un poquito a tierra, cuando toque otra vez el martillo, es venga de frente y cuando toque otra vez es suspender los cuerpos”. Tal como nos indicó Manolo Rechi, así lo hicimos y la Virgen salió perfectamente con las órdenes de mando de Juan Luis (q.e.p.d) ¡Y eso que esa salida es dificilísima y hay que echar los cuerpos a tierra muchísimo, pues aun así y sin voz, bordó la salida! Tengo que decir que los pasos no andaban como ahora, por una razón fundamental, que los mismos costaleros que conformaban una cuadrilla salían siete días y ocho jornadas y sin relevos. Se igualaba a seis por palo, lo que quería decir, que si alguno de los hombres se lastimaba, ese palo se quedaba con cinco para el resto de los días. La capacidad de sacrificio y entrega de esos tiempos, era grande, pero te aseguro, que hoy en día también hay gente entregada y de ley bajo los pasos, yo personalmente conozco a muchos y muy valiosos.

Cuadrilla de la Virgen de los Reyes. Bajo el árbol nuestro protagonista. Aparecen en primer plano los Bejarano, padre e hijo.

-¿Díganos con que capataces ha ido usted de costalero?

He trabajado con “el Quiqui”,  que prácticamente ha sido mi maestro, con Máximo Castaño y Pepe Luque. Tengo que decir que a la Patrona de Capataces y Costaleros la he sacado con diversos capataces como Adame, Bejarano, Rafael Ariza, los Rechi, Salvador Perales, Alejandro Ollero, “el Pérez” y con “el López”. He disfrutado mucho debajo de los pasos.

Instantes previos a la salida procesional, Emilio Moreno, como capataz de la Virgen de las Lágrima, en Santa Catalina.

-¿Cómo es su Jueves Santo?

Me levanto muy temprano y a eso de las doce me tomo un caldito con yerbuena y una tapita de bacalao con tomate, no me apetece apenas comer. Aunque lleve muchos años en esto, siempre el pellizco lo tengo en el estómago, es lo mismo que le sucede a los toreros antes de salir a la plaza o a los cantantes antes de salir al escenario. Es el sentido de la responsabilidad. Cuanto termino de igualar y me van saludando los costaleros, somos una familia, me voy tranquilizando un poco, hasta que saco el palio de la iglesia, entonces, cuando veo a la Virgen de las Lágrimas ya en la calle es cuando comienzo a disfrutar de esos momentos, pero siempre con la enorme responsabilidad que conlleva ser capataz. Cuando arriamos el palio en el interior del templo y toco el martillo diciéndole a mi gente “salirse hijos”, es cuando ya me relajo.

Emilio Moreno toma en brazos a uno de sus nietos, ante la dulce mirada de la Señora de las Lágrimas.

-En el rostro de qué imagen de la Virgen, vería usted reflejada la cara de su madre

En el rostro de la Esperanza Macarena, sin duda. Mi madre veía a la Esperanza, aunque fuese en un almanaque, y siempre se emocionaba. El nombre de nuestro protagonista, estará eternamente vinculado a la Soledad de Cantillana, a la Virgen de las Lágrimas, a la Señora del Carmen y a la Madre del Rosario de Santa Catalina, pues su impronta, sus sabidurías maniobreras, el cariño que profesa a su gente de abajo y sus hechuras de hombre cabal ante el martillo, le hacen ser un capataz genuinamente único y un hombre de veinticuatro quilates.

El capataz Emilio Moreno / JAVIER COMAS