Entierro del Cardenal Ilundain / BIBLIOTECA NACIONAL

HISTORIA

El entierro del Cardenal Ilundain, el arzobispo que quiso controlar las cofradías

El 10 de agosto de 1937 recibía sepultura el prelado que llegó a censurar saetas o las largas paradas de los pasos

Por  0:15 h.

El 10 de agosto de 1937 fallecía el cardenal Ilundain, el arzobispo de Sevilla desde 1937 que afrontó uno de los periodos más difíciles de las relaciones Iglesia-Estado del siglo XX. “Sevilla es una ciudad muy católica pero muy poco cristiana” fue la frase lapidaria con la que el obispo de origen navarro acabó definiendo toda una época y, quizás, buena parte de la personalidad de la ciudad.

Retrato del Cardenal Ilundain (1862-1937)

El entierro de Ilundain, en plena Guerra Civil, fue un auténtico reflejo de los complejos juegos de poder de una ciudad en la retaguardia y en la que se apuntalaban los cimientos de lo que serían los largos años del Nacionalcatolicismo. Un excelente reportaje gráfico conservado en la Biblioteca Nacional permite conocer con exactitud los pormenores de un sepelio en el que se observan los contrastes de una ciudad militarizada y sometida a los signos fascistas imperantes en el momento: todo el cortejo es recibido con el brazo en alto por el público apenas dos años antes de la Segunda Guerra Mundial. Féretro austero para el cardenal fallecido y toda la pompa litúrgica del ajuar catedralicio para acompañar al cortejo, capas pluviales, amplio número de acólitos y de sacerdotes e incluso servidores de llamativa edad portando un paño mortuorio. Pero el entierro es la demostración de la bipolaridad del poder de la ciudad, ejército alzado y jerarquía eclesiástica en un nivel contiguo, o lo que es lo mismo, Queipo de Llano como “virrey” de la ciudad y el cardenal Segura, que sustituiría a Ilundain, como anuncio de los tiempos que llegaban de convivencia entre la cruz y la espada.

Entierro del Cardenal Ilundain / BIBLIOTECA NACIONAL

El cardenal Eustaquio Ilundain y Esteban había nacido en Pamplona en 1862, en una familia de tradición carlista que disfrutaba de una posición económica desahogada. Estudió en el seminario de Pamplona y completó sus estudios en el seminario de Ciudad Real, donde cursó derecho canónico, doctorándose finalmente en teología en el seminario de Toledo. Fue profesor, logró una canonjía por oposición, dirigió como rector el Seminario de Segovia y llegó a la sede del obispado de Orense en 1905. En Galicia promovió notablemente la enseñanza y la formación de los miembros del seminario. Carlos Ros señala que allí se ganó su fama de hombre rígido y tozudo, aunque muchos vieron en él a un obispo serio pero amable, muy trabajador y de modales elegantes y refinados. Llegó como arzobispo a Sevilla el 15 de septiembre de 1921, dicen que en medio de un clima de cierta frialdad. Aun así logró hacerse con numerosas simpatías, incluidas las del líder republicano Martínez Barrios, quien años más tarde añoraría su talante negociador frente a la rigidez del cardenal Segura al frente del Primado de España.

Entierro del Cardenal Ilundain / BIBLIOTECA NACIONAL

Ilundain quiso controlar las cofradías, en plena efervescencia y popularización en los años 20, con la eliminación de excesos y la limitación de la presencia femenina en los cortejos. Con altibajos y vaivenes a lo largo de la historia, las mujeres habían estado presente en los cortejos de las cofradías desde siglos pasados, con peculiaridades, según las cofradías y la época, pero una realidad que constataron estudios como los de Amparo Rodríguez Babío al documentar las mujeres que procesionaban en el cortejo de la hermandad del Amor. Con Ilundain llegó la prohibición. Primero, en forma de limitación para llegar después a la eliminación casi total.

Entierro del Cardenal Ilundain / BIBLIOTECA NACIONAL

No fue el único intento de control.  En una carta pastoral fechada el 29 de enero de 1929 censuraba las saetas y las excesivas paradas, prohibiendo la actuación de saeteros profesionales (permitía las saetas espontáneas como expresión popular) y la detención de los pasos ante particulares o lugares que no fueran los tradicionales de la Campana, el Ayuntamiento o la Catedral. Respecto al tema de las nazarenas se expresaba en estos términos: “Otro abuso….Nos referimos a la asistencia de las señoras acompañando las procesiones de Semana Santa. La práctica tradicional general, como consta de los antecedentes, fue la de que estas procesiones constasen solamente de varones. A excepción de muy pocas cofradías, no eran admitidas las mujeres en el acompañamiento de las procesiones de nazarenos. Pero de algunos años acá ha venido admitiéndose esto con perjuicio del buen orden y de los que importa más, con detrimento de algo que puede afectar a la santidad del acto y al recogimiento de las personas… Prohibimos que las mujeres formen en las procesiones de nazarenos de la Semana Santa. Únicamente en las cofradías que lleven treinta años de costumbre de admitir mujeres en su procesión podrá permitirse la asistencia de señoras con tal que su número no exceda de cuarenta como máximo. El hermano mayor de cada una de estas cofradías o hermandades exigirá antes del Lunes Santo de cada año la inscripción nominal de cada una de las mujeres que autoricen asistir a la procesión y, si excede de cuarenta el número de las que soliciten el permiso, se dará la preferencia a las que lo hayan solicitado con la mayor antelación, siendo personas dignas de ello y con las cautelas convenientes, sin exceder del número de cuarenta. Jamás se permitirá que asistan más de cuarenta mujeres.”Una limitación que se convertiría en ausencia con la llegada al sillón arzobispal del cardenal Segura y las nuevas ideas del Nacional-catolicismo.

Entierro del Cardenal Ilundain / BIBLIOTECA NACIONAL

El cardenal fallecido había lidiado con las dificultades de la Sevilla de Primo de Rivera, la eclosión de hermandades, el naciente anticlericalismo, los años de la República y la persecución religiosa y el inicio de la Guerra Civil. Suya fue una frase que vino a resumir la situación de la iglesia sevillana en aquellos años: “la masa de este pueblo odia a los señoritos burgueses, muy ricos y muy católicos pero muy poco cristianos”. 

Entierro del Cardenal Ilundain / BIBLIOTECA NACIONAL

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Manuel Jesús Roldán

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