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ARTE

Epifanía sevillana

Sevilla permanece inundada de representaciones de la Epifanía, el misterio de los Reyes Magos de Oriente en el arte hispalense

Por  1:31 h.

Ya en el mundo paleocristiano se representó la escena de los Magos adorando al Niño Jesús, un tema que se pintó en los muros de las catacumbas de Santa Priscila o de Santa Domitila en Roma, que se repetiría en sarcófagos, y que alcanzaría enorme calidad artística en los mosaicos bizantinos del siglo VI de la Basílica de San Apolinar en Rávena.

Magos. No se concreta su número en los textos evangélicos y apenas se indican otros detalles, que se irían conformando con el paso del tiempo y con las aportaciones de diversos textos apócrifos que conformarían la rica iconografía actual, tan cargada de significados.

Aunque en algunas representaciones iniciales eran cuatro, incluso doce en las iglesias sirias o de Armenia, por alusión a las doce tribus de Israel, pronto se fijaría en tres su número, quizás por motivos puramente artísticos, no tardando en llegar la significación de su número: tres eran los dones presentados a la Sagrada Familia, oro, incienso y mirra, (el poder, la divinidad y el perfume de la muerte); tres eran los continentes conocidos en la Antigüedad, poblados por los tres hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet; y tres eran las edades de la vida, las que representó Velázquez en el Aguador de Sevilla, y las que se otorgaban a los tres Magos que adoraron a Jesús, según ya estableció Beda el Venerable en la Edad Media. Una época en la que también se establecieron sus nombres: Melchor, Gaspar y Baltasar, como aparecen nombrados ya en el Liber Pontificalis de Rávena, a comienzos del siglo XII.

De Oriente, astrónomos de su época, convertidos en príncipes renacentistas o en reyes barrocos, su iconografía se asentó entre los siglos del Renacimiento y del Barroco, siendo una auténtica seña de identidad de la Navidad y motivo recurrente para la representación artística. Una selección de su iconografía en Sevilla podría quedar compendiada en las siguientes diez obras:

Alejo Fernández. Catedral de Sevilla.

Alejo Fernández. Catedral de Sevilla.

1. Alejo Fernández debió llegar a Sevilla, procedente de Córdoba, hacia 1508. Un pintor de orígenes centroeuropeos que acabaría triunfando en la ciudad del Guadalquivir. Policromador de imágenes, pronto recibió el encargo de realizar cuatro grandes tablas para la Catedral de Sevilla, para una gran viga que coronaría la capilla mayor. Finalmente no se llegaron a colocar, conservándose hoy en la llamada Sacristía de los Cálices. Una de ella representa la adoración de los Reyes, basando su composición en un grabado de Schongauer que el pintor adaptó a la nueva composición arquitectónica. Formas depuradas y composición diagonal de una anciano Melchor que se arrodilla ante la Virgen y el Niño, con un papel secundario de José y un amplio y misterioso paisaje de fondo, donde aparece parte del cortejo, una obra que demuestra los conocimientos técnicos de un autor que marco la transición entre la pintura gótica y las nuevas formas del Renacimiento europeo.

Maestro de Moguer. Parroquia de Santa Ana.

Maestro de Moguer. Parroquia de Santa Ana.

2. Seguidor de Alejo Fernández es el misterioso pintor conocido como Maestro de Moguer, así denominado por un conjunto de pinturas que realizó en el convento de franciscanas de Moguer. En Sevilla se le atribuye el interesante retablo de Santa Justa y Rufina de la parroquia de Santa Ana, que muestra una peculiar iconografía de la Sevilla de la época. En la parte superior del retablo, los Reyes hacen la ofrenda al Niño, que porta la Virgen María sentada en una estancia en la que se pueden adivinar al fondo las figuras de la mula y el buey, una curiosa síntesis entre la anécdota naturalista y la suntuosidad de ropajes y aderezos de tres Magos que visten a la usanza de la primera mitad del siglo XVI.

3. En la portada de la Adoración de los Magos, más conocida como la portada de Palos por la estructura de madera que la separaba de las antiguas dependencias capitulares del corral de los Olmos, se sitúa una de las más antigua representaciones escultóricas del tema en Sevilla, un abigarrado conjunto modelado por Miguel Perrín hacia 1520. Un ejemplo de la llegada de autores foráneos a la Sevilla de comienzos del siglo XVI en el que se muestra una rica composición en tres planos.

Portada Nacimiento Catedral Sevilla

Portada Nacimiento Catedral Sevilla

En el primero, son protagonistas la Sagrada Familia, Melchor arrodillado, un rey Gaspar vestido a la usanza de cualquier rico comerciante de la época y un rey Baltasar que puede mostrar los rasgos de alguno de los numerosos esclavos negros que habitaban en la ciudad en aquella época. En el abigarrado segundo plano se acumulan los miembros del cortejo y habitantes de una ciudad en la que llama la atención un caballero que porta lentes en pleno siglo XVI, siendo el tercer plano una visión idealizada de Jerusalén que dota al conjunto de la profundidad arquitectónica que se buscaba en el primer Renacimiento.

Martínez Montañés. San Isidoro del Campo.

Martínez Montañés. San Isidoro del Campo.

4. El 16 de noviembre de 1609 firmaba Martínez Montañés el compromiso de realización del retablo mayor de la iglesia del monasterio, con carta de cancelación en 1613, una obra cumbre de la retablística española que sigue la función de retablo-sepulcro, y que ha sido catalogada dentro de la estética del Renacimiento, aunque esté en los límites cronológicos del primer barroco. Una obra fundamental en la que participó un taller con nombres de primera fila como los de Juan de Mesa, Juan de Mesa, Francisco de Villegas, Francisco de Ocampo o Juan de Oviedo el Mozo. Alternando las escenas en altorrelieve con el bulto redondo y una estructuración arquitectónica basada en Sebastián Serlio o Andrea Palladio, en su primer cuerpo se sitúa el relieve dedicado a la Epifanía una de las mejores representaciones del tema en el arte español de todos los tiempos, donde las figuras de los Reyes se adaptan a una composición escalonada que repite la Sagrada Familia, en una degradación progresiva de volúmenes pocas veces superada en la historia del retablo español.

Velázquez. Museo del Prado.

Velázquez. Museo del Prado.

5. La exposición Velázquez-Murillo-Sevilla en el hospital de los Venerables permite contemplar en estos días el lienzo de Velázquez con el tema de la Adoración de los Reyes, obra que pudo pintar el maestreo entre 1617-19 para el antiguo noviciado jesuita de San Luis de los Franceses, de donde habría pasado en 1767 a la propiedad de Francisco de Bruna, incorporándose en 1819 al Museo del Prado proveniente de la colección real. Una de las obras maestras de su etapa sevillana, se ha especulado con la posible presencia en el lienzo de modelos reales que podrían corresponder al propio autor en el caso del rey Gaspar, de su suegro Pacheco en la figura de Melchor, de la mujer del pintor, Juana, en el rostro de la Virgen María y hasta de su propia hija Francisca como el enfajado Niño Jesús. Una obra de juventud, con algunas imperfecciones técnicas y dentro del claroscurismo imperante en la pintura de la época que, desgraciadamente, forma parte de la larga lista de obras de Velázquez que perdió la ciudad.

Juan del Castillo

Juan del Castillo

6. Juan del Castillo, pintor que debió nacer en la última década del siglo XVI y que prolongó su producción hasta su muerte en 1658, afrontó en varias ocasiones el tema de la Epifanía, con ejemplos como los retablos de Santa María de Carmona o Santa Isabel de Sevilla. En 1636 concluyó el conjunto de pinturas del retablo principal de Santa María de Montesión, conjunto que incluye la escena de la Epifanía y que se expone en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, obra correcta con cierta frialdad y dependencia de las composiciones grabadas que anticipa, aunque de forma lejana, ciertas notas naturalistas de Bartolomé Esteban Murillo.

7. Entre los fondos de pintura flamenca del Museo de Bellas Artes se conserva una representación de la Epifanía realizada por Cornelius de Vos hacia 1645, obra de gran formato que sigue, como es habitual en el pintor flamenco, la estética y la composición del gran Pedro Pablo Rubens, con suntuosa ambientación para un conjunto que se organiza en las habituales líneas diagonales entrecruzadas, la equis o quiasmo, un conjunto en el que se contraponen, en torno a la figura del Niño Jesús, las grandes masas de color de las túnicas de los Reyes y de los pajes, en una cuidada ambientación arquitectónica de un autor que también cuelga en el mismo museo un retrato de dama fechado hacia 1630.

Cornelius de Vos. Museo de Bellas Artes, Sevilla.

Cornelius de Vos. Museo de Bellas Artes, Sevilla.

8. En el catálogo de Luisa Roldán, conocida como “la Roldana” se puede incluir el excelente nacimiento que atesora la Escuela de Cristo, un conjunto en barro cocido de la que fuera escultora de cámara de los reyes Carlos II y Felipe V. Arrodillados Melchor y Gaspar, erguido Baltasar, con la iconografía barroca del lujo monárquico y con la estética y la delicadeza del taller de Roldán, el conjunto de la capilla de la calle Jiménez de Enciso es una de las joyas ocultas de la representación de la Epifanía en Sevilla.

La Roldana. Escuela de Cristo.

La Roldana. Escuela de Cristo.

José Gestoso. Portería convento de Capuchinos.

José Gestoso. Portería convento de Capuchinos.

9. Enmarcado por caligrafía gótica, con la antigua técnica de la cuerda seca y siguiendo una composición de propia del último Gótico, José Gestoso representó el tema de la Epifanía en varias ocasiones, siendo quizá una de las más conocidas la conservada en la portería de acceso al convento de capuchinos. Gestoso recuperó las formas de los viejos barros vidriados sevillanos, tanto en el aspecto teórico como en el práctico, creando composiciones de marcado carácter historicista que trasladaban a sus paños cerámicos las creaciones de la pintura de fines de la Edad Media y de comienzos del Renacimiento. El paño de Capuchinos se fecha en el año 1897, pero se conservan otras piezas con la misma temática ya de comienzos del siglo XX.

Cartel Cabalgata. Ricardo Suárez.

Cartel Cabalgata. Ricardo Suárez.

10. Ricardo Suárez realizó en el año 2015 el cartel de la Cabalgata de Reyes dentro de la línea estética que había desarrollado para su gran exposición “Márgenes”. Los Reyes Magos, la ciudad, el río, la estrella de Oriente y hasta la torre Pelli en el horizonte de la gran noche mágica de la ciudad, en colores cálidos como el naranja, y el blanco que simbolizan la pureza de la infancia, en palabras del propio autor, en un original formato cuadrado que, en pleno XXI, mantenía la vigencia y la potencia iconográfica de la representación de los Magos de Oriente, el mismo trío que la ciudad representó desde la tardía Edad Media, pasando por los siglos del Renacimiento, el Barroco o la reinvención historicista.

Tres Magos. De ayer y de hoy. Por muchos siglos.

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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