La Semana Santa de Sevilla vista por Juan José Úbeda
El Cristo de la Sed / J. J. ÚBEDA

ARTE

Estefatón y la Sed de Cristo: Así nació la iconografía de la devoción del barrio de Nervión

Iconografía de un personaje apócrifo de la Pasión

Por  0:10 h.

«Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. Entonces, dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice:

–          Repartieron entre sí mis vestidos y sobre mi ropa echaron suertes. 

Y así lo hicieron los soldados.  Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofás, y María Magdalena.  Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre:

–          Mujer, he ahí tu hijo.

Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.  Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese:

–          Tengo sed.

29 Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca.

30    Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo:

–          Consumado es.

Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu».

(Juan 19, 23-30)

Estefanón en el Evangelio de Rábula, 585

El pasaje de la Sed de Cristo es narrado por los cuatro evangelistas, haciéndose alusión a un soldado romano que ofrece a Cristo una esponja empapada en vino-vinagre. No se menciona su nombre en ninguno de los escritos originales. El episodio puede aludir al Salmo 69:21: «En mi sed me dieron a beber vinagre».  Al igual que ocurre con Longinos, el centurión romano que atraviesa con una lanza el costado de Cristo, hay que esperar a las primeras tradiciones cristianas medievales para que se le atribuya un nombre: Estefatón, Stephaton, o Steven. Nombre apócrifo para el soldado que acerca la esponja entre los comentarios despectivos de los soldados que ridiculizan las palabras de Jesús, bromeando con que venga Elías a salvar a Cristo. Al igual que con Longinos, la tradición verá pronto en este personaje un símbolo de los gentiles, los no judíos, que se curaron de su ceguera y de su falta de fe por la muerte de Cristo.

Salterio bizantino de Chludov, siglo IX

En la liturgia del Viernes Santo, el vinagre de Estefatón se interpretó desde tiempos remotos como la ingratitud de los creyentes respecto a Jesús. No se sabe el origen del nombre Estefatón, apareciendo, con numerosas variantes, en representaciones artísticas del siglo X, aunque haya ejemplos muy anteriores en el tiempo.

Ya en el siglo VI en el encolpion, broche, de Monza ya aparece representado, repitiéndose en marfiles carolingios hacia el año 900, con la iconografía habitual, al lado de la cruz, portando una caña que parece una lanza y con un cubo en el que ha impregnado la esponja. En ocasiones, podrá aparecer la curiosa simbología de un estandarte roto aludiendo a la sinagoga, un símbolo de la ruptura con la tradición judía.

Beato de Gerona, por ende siglo X

A finales del siglo X se data la obra de Ende, o En, una iluminadora de manuscritos  que trabajó en la zona de norte de España y que pudo ser monja del monasterio de san Salvador de Tábara. Considerada como la primera mujer artista en España, la primera de la que conocemos su firma, iluminó el llamado Beato de Gerona que incluye el Comentario al Apocalipsis del Beato de Liébana. En sus cuidadas ilustraciones aparece una representación del Calvario donde Estefatón se sitúa junto a Longinos, cada uno con su lanza y su caña, apareciendo detalles realmente curiosos como el cuerpo del primer hombre, Adán, a los pies de la Cruz de Cristo, todo un símbolo de la redención del género humano.

Calvario, por Hans Von Tubingen

Desde el siglo XI se extiende se puede seguir su iconografía por todo el Arte medieval europeo, tomando protagonismo su acción en numerosas obras de fines del gótico, las tablas de Van Eyck serían un ejemplo, destacándose su acción entre todos los asistentes a la Crucifixión.

Juan Oliver, detalle de las escenas de la Pasión, Museo de Navarra (1355)

Una iconografía apócrifa que se mantuvo en los siglos del Renacimiento y el Barroco, con adaptación anacrónica de sus vestiduras. Uno de los ejemplos más representativos sería el conjunto procesional de Gregorio Fernández alusivo a la sed de Cristo: Estefatón es un dinámico y expresivo soldado vestido a la usanza del siglo XVII que se convierte en protagonista explicativo del pasaje evangélico.

Detalle del díptico del Calvario por Van Eyck, MET

Sed tengo. Un pasaje evangélico que, curiosamente, no se representó en la Semana Santa sevillana en los siglos del Barroco, aunque, afortunadamente, el pasaje se recuperó en el siglo XX. La fundación de la hermandad de la Sed en el barrio de Nervión vendría a recuperar una iconografía ausente. Un conjunto que llegó a ser pensado como un paso de misterio. Finalmente, la iconografía del Cristo de la Sed, interpretada por Luis Álvarez Duarte, no tuvo la escenografía del paso de misterio. En Nervión, la Sed de Cristo llega al medio siglo. Estefatón está en el espíritu de la cofradía.

Tengo sed. Misterio de Gregorio Fernández de la Semana Santa de Valladolid. Museo Nacional de Escultura de Valladolid / JAVIER COMAS

Papeleta de sitio de la salida extraordinaria del Cristo de la Sed

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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