Semana Santa 2020

Evocación de un Martes Santo en Sevilla

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Las palomas del Cerro tienen hoy las alas heridas. Es Martes Santo y todo está en silencio. Un martes, que más que nunca, es de Dolores. Un martes que cruza el Tamarguillo, camino del matadero, para postrarse en la ventana de San Esteban y ver al Señor con su cetro de caña deseándonos Salud. Salud y Buen Viaje a los adentros de nuestra memoria, que es por donde hoy van a pasar todas. Ahí se ve a la Candelaria mucho mejor que en la Campana. En las vivencias. Ahí se escucha el eco de los Gallardo mandando un compás que no tiene medida porque la Virgen nunca cabe por nuestras puertas, siempre nos obliga a asomarnos para verla. Ahí tendremos que aguantar sin quejarnos el desafío de Malco en San Lorenzo, dulce nombre de la ciudad en sus horas más amargas. Ahí, en nuestras almas, es donde hace estación de penitencia el cristo de los Javieres. Y el de las Misericordias de Santa Cruz, que tiene la calle Mateos Gago con los naranjos reventones porque él sí sale. Claro que sale. Todos los días sale Dios a dar en nuestros aldabones, como todos los días hay un Pilato en nuestra calle que se lava las manos como el de San Benito. Todo llevamos un Pilato dentro en esta ciudad en la que las palomas vuelan heridas este martes en el que Sevilla, sabia y a la vez estudiante siempre, está entendiendo el significado verdadero de la Buena Muerte.