La Virgen del Rocío / ABC

EL ROCÍO 2019

Fijación iconográfica de la Virgen del Rocío en 1919

Aquella celebración de la que se conmemora un siglo de historia, homenajeó la tradición inmaculista de la Virgen del Rocío. Exaltó su pureza introduciendo la invocación de Blanca Paloma y la elección del modelo de corona

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Con el motivo extraordinario de la Coronación se creó la fisonomía iconográfica que hoy conocemos de la Virgen del Rocío y, desde entonces, se ha popularizado su peculiar silueta, cuya concepción cumple ahora cien años. El gran acontecimiento religioso trajo consigo una renovación del modo de vestir a la sagrada imagen y la selección de otros atributos ornamentales distintos a los que hasta entonces había exhibido. Perseguían el fin de reforzar la visualización del prestigio histórico de la imagen que iba a ser coronada, y su poderoso don taumatúrgico, que la había hecho tan popular. El propósito fue rescatar la representación que había caracterizado al icono de la Patrona de Almonte durante todo el siglo XVIII y casi varias décadas iniciales del XIX. Aquel modelo antiguo tan original, además de otorgarle una gran prestancia y personalidad fisonómica, ayudaba a distinguirla de otras vírgenes y patronas conocidas del devocionario popular de Andalucía.

De entre el alhajamiento de la Soberana se recuperaron unas piezas de orfebrería muy valiosas que había dejado de lucirlas hacía más de cincuenta años. Nos referimos a las ráfagas de plata de ley, donadas por los Tello de Eslava en el primer tercio del siglo XVIII, conocidas como las de punta de martillo, y la medialuna articulada en torno al rostro de un querubín, también del Setecientos. Estos antiguos atributos fueron restaurados para sustituir las ráfagas de rayos biselados de estilo imperial y medialuna, con el emblema mariano rematado por la corona real, de la época de los Montpensier, cinceladas en el comedio del XIX. Para la Coronación se colocaron las ráfagas sobre la imagen de forma inversa a como las lleva en la actualidad. Entonces dejaban entrever el volumen de la corona en su totalidad. Con el paso de los años, estas ráfagas terminarían dorándose y alterando su modo de su colocación.

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