Un hermano centenario: La historia del número 1 de la Macarena y de la Lanzada

Pedro Muñoz acaba de cumplir los 100 años vida. Se le puede considerar como uno de los decanos de las cofradías de Sevilla. Número 1 en La Lanzada, 1 en la Macarena, 10 en los Estudiantes, 20 en el Rocío del Salvador y 30 en el Gran Poder. Aparece en la foto de la bendición del Cristo de la Lanzada en 1929

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Fotos: Javier Comas

El día que nació Pedro Muñoz, Juan Manuel Rodríguez Ojeda estaba subiendo a la Macarena al túmulo funerario que se levantó en San Gil por la muerte de Joselito el Gallo hace justo 100 años. Allí, con unos velos negros, compuso la estampa más inmortal de la Virgen de la Esperanza. Reinaba Alfonso XIII, en la silla de San Pedro se sentaba Benedicto XV, en el siglo Giacomo della Chiesa, y por Sevilla aún no había pasado la redentora Exposición Iberoamericana de 1929. El 30 de mayo de 1920 vino al mundo, en la Plaza de Zurbarán, Pedro Muñoz González. Este físico y profesor universitario acaba de cumplir su centenario de vida. Con una extraordinaria lucidez, por su mente cabe la Semana Santa de un tiempo en el que las transformaciones han sido radicales. Su relación con las cofradías comenzó a vivirla con 3 años, que fue cuando le apuntan a La Lanzada. “Yo puedo decir – comenta Don Pedro- que he salido de la Iglesia de San Gregorio; y en esa foto que tengo ahí, la varita que llevo es del Santo Entierro que se encontraba en el mismo templo. Tengo fresco el recuerdo de ver pasar por delante de la Iglesia a la cofradía que iba antes de nosotros que era la de las Siete Palabras. En La Lanzada teníamos pocos nazarenos, porque solo había unas noventa túnicas, pero ellos tenían menos.” Eran otros Miércoles Santos, cuando las dos cofradías contaban con un solo paso y el Baratillo también. Lo hizo de la Lanzada un tío suyo que a los seis años también lo apuntó en La Macarena. La Semana Santa de su juventud daría para un libro de Antonio Núñez de Herrera. Eran los tiempos en los que Pedro con sus amigos, antes de ir a la Macarena se llegaban por los bares que estaban en el Pasaje de las Delicias – entre Tetuán y Sierpes- para cenar. Con La Macarena, Pedro Muñoz ha salido vestido de nazareno de San Gil, de la Anunciación y de la actual Basílica.

Pedro Muñoz, con 9 años, presente en la foto de la bendición del Cristo de la Lanzada que tuvo lugar el 12 de Marzo de 1929 en la Iglesia de San Gregorio, Calle de Alfonso XII, su sede por aquel entonces / ABC

Pudo vivir también de chaval, el 12 de marzo de 1929, la bendición del Cristo de la Lanzada. En la foto que queda para los anales, él es la cabecita que se asoma por la derecha del sacerdote que se encuentra tras el crucificado. Estábamos en las vísperas de la Exposición Iberoamericana a la que Pedro con 9 años iba, sobre todo a la zona de atracciones que estaba en la actual Avenida de las Razas. “En 1932 tenía yo 11 años y lo único que recuerdo de aquella primera Semana Santa de la República y de la siguiente fue que mi cofradía, La Lanzada, no salió. Después, cuando escondieron a la Macarena en la calle Orfila, yo, que vivía cerca, iba a diario al edificio donde se guardaba la Virgen porque allí aparcábamos el carro que nos servía para el reparto de chacinas del almacén de mi padre. A diez metros de la Virgen, y yo sin saberlo.”

Pedro Muñoz nació el 30 de mayo de 1920, el día que pusieron a la Macarena de luto por la muerte de Joselito / JAVIER COMAS

Pedro Muñoz es físico y se ha dedicado profesionalmente a la docencia como catedrático en las facultades de Ciencias o de Medicina. Hay muchas generaciones de médicos a quienes este hermano centenario les ha dado clases. Se alistó al Ejército casi al final de la guerra, en el 37. No había terminado ni el bachillerato cuando, en previsión de que llamaran a la gente de su quinta, ingresó voluntario en sanidad para evitar el peligro. Un general le destinó al Hospital del Carmen que estaba en la calle Bustos Tavera, en el antiguo convento de las Carmelitas, destinado a los soldados enfermos. Cuando acabó la contienda, su padre en acción de gracias le hizo hermano del Gran Poder. Después vendrían Los Estudiantes, por su relación como docente con distintas facultades, y más tarde el Rocío del Salvador ante cuya imagen se casó con una Ochoa.

A Pedro Muñoz lo apuntaron en la Lanzada con tres años. En la foto, la primera vez que salió de nazareno

A pesar de esta panoplia de filiaciones, Pedro se siente muy de La Lanzada, una hermandad que a pesar del devenir del tiempo sigue siendo muy familiar. Estuvo muchas veces en su junta, entre otros oficios como diputado mayor y como hermano mayor entre los años 1965 y 1970. Aquí ha entrado como nazareno a las cinco de la madrugada, en aquellos años en los que el Miércoles Santo llegaba hasta casi el alba del Jueves. “Teníamos la costumbre de ir a cenar a la pescadería Málaga de la calle Velázquez al terminar la estación de penitencia. A qué hora entraríamos un año, que cuando salimos de allí vestidos de nazarenos de la Lanzada estaba ya la luz del día del Jueves Santo. Pero a pesar de la hora de la entrada, las cuatro o las cinco, San Martín siempre estaba lleno. Llegábamos por la calle Saavedra que hace una cuesta. La policía la despejaba y entonces la banda tocaba una marcha a paso ligero para que el misterio subiera la cuesta, llegara al templo y entrara. A esa hora imagínate cómo estaban ya los cuerpos de los costaleros”

Con seis años, Pedro Muñoz salió en la Macarena

La mayor diferencia entre la Semana Santa de su juventud o de su madurez y la que sigue viendo sentado en una silla delante de la confitería Ochoa de la calle Sierpes es la bulla. Antes lo veía todo con comodidad. Ahora “las procesiones ya no lucen –comenta- con la cantidad de nazarenos que van de tres en tres o de cuatro en cuatro. Como físico, creo que habrá un momento en el que si la curva sigue hacia arriba habrá que hacer una quincena santa”.

El Cardenal Buena Monreal le impuso la medalla de los 50 años como hermano de la Macarena a Pedro Muñoz

Sus túnicas están ya guardadas. La última vez que salió de nazareno fue en 2010 en La Lanzada al cumplir 90 años. En 2000 lo hizo en el Gran Poder y en 2001 en La Macarena. Ahora en su casa de la calle Rivero con su hija Loly, con quien vive, ve pasar por sus recuerdos la Semana Santa más extensa que hoy pueda recordar un sevillano. En eso, Pedro Muñoz nos lleva ventaja a todos.

Pedro Muñoz y su hija, Loly Muñoz Ochoa / JAVIER COMAS