Joaquín Romero Murube

HISTORIA

Joaquín Romero Murube, un pregón de platino

El 19 de marzo de 1949, en el teatro San Fernando se confirmó como género la literatura de la Semana Santa

Por  0:45 h.

Hace hoy 75 años, uno de los hombres que mejor ha escrito de las esencias de Sevilla se subió al atril del Teatro San Fernando. Joaquín Romero Murube, el 19 de marzo de 1944, pronunció el primer pregón literario de la Semana Santa, confirmando ese género popular. Romero Murube era ya un reputado escritor, que había divagado por las entrañas de la fiesta en libros como «Dios en la ciudad». Un poeta que definía la Semana Santa como «la resolución artística, humana, del tremendo problema fatal, ineludible, en el que día a día, hora a hora, minuto a minuto, se va derrumbando nuestra vida». Y se preguntaba: «¿Pero cómo ha llegado el sevillano a esta disciplina de sus postrimerías de una manera tan maravillosa, única y placentera?». La respuesta a esta cuestión fue el leit motiv de un texto que puso en pie al teatro en el año que murió Chaves Nogales, cronista y profeta del devenir de la fiesta.

Leyendo a Chaves Nogales y a Romero Murube 75 años después, una fiesta como la Semana Santa tan en constante evolución y afectada por las modas, parece que todo permanece inalterable. Y es ese encanto del olvido del tiempo lo que hizo que el Pregón de la Semana Santa de 1944 se convirtiera en uno de los mayores tratados poético y filosófico, por no decir el mayor, de cuantos se han hecho de la Pasión según Sevilla.

«Si la Semana Santa está ligada a la vida y la muerte del sevillano, conviene analizar las características esenciales del sevillano y su modo de conocer y tratar la muerte, para de la fusión de ambas observaciones ver si puede deducirse que la Semana Santa de Sevilla tenga la caracteología especial que la distingue de todas las demás festividades análogas del mundo». Por ello, Romero Murube define la idiosincrasia del sevillano y su entorno, y defiende que Sevilla es lo que es por ser escenario de la Semana Santa, y así debe conservarse: «Los arquitectos y nuevos ricos que están variando a Sevilla su peculiar fisonomía son los peores enemigos de la ciudad. ¡Toda Sevilla es templo!».

La transformación de la ciudad vista desde el prisma de la Semana Santa es una cuestión que, a lo largo de las décadas, ha sido objeto de debate constante, a veces calificado como insustancial por quienes han defendido el progreso urbanístico. «El aspecto exterior de las procesiones se amolda a la morfología y estructura de la calle sevillana, de tal manera que la altura de las casas, el juego de rejas y balcones, el color de las fachadas, herrajes floridos y demás pormenores típicos de la construcción sevillana parecen hechos para decorar el paso de Dios y de la Virgen por las calles de la ciudad».

¿Y quién es el capillita? «Puede ser estudiado como entidad humana, desde el sentido místico al patológico. Pero como la Semana Santa es casi lo único serio que existe para los sevillanos, todo lo que se relaciona con ella va revestido de una autoridad máxima y de una responsabilidad absoluta». De ahí, según Romero Murube, «que al mayordomo de una cofradía se le obedezca y venere en todo, como si fuera el mismísimo Papa de Roma, o que el armao de la Macarena, vestido de latón y con el morrión lleno de plumas, cuando va en la procesión, se crea casi el amigo de Pilatos y primo hermano del Cid Campeador al mismo tiempo». Una extraordinaria alusión a los clásicos egos de los capillitas, lampando por un cargo que, quizá, no tienen en su vida profesional y que sí alcanzan en una hermandad, donde buscan y obtienen reverencias.

Un pregón que estaba centrado en la definición esencial del fondo y las formas de la Semana Santa, alejado del estilo que posteriormente utilizara Rodríguez Buzón. Aquí, Romero Murube ofreció la definición más absoluta de la fiesta. Pero terminó con una oración: «Gracias, Dios mío, porque me diste el honor de nacer en España y de vivir en Andalucía. Porque me has dado la gloria de vivir en Sevilla, y de poder verte con mis ojos en la terrible Majestad de tu Gran Poder, en la excelsa serenidad de tu Pasión, en la dulzura de tu Buena Muerte, en el pavoroso abandono de tu Amor, en el portento de tu Expiración o en el descenso funeral de tu Quinta Angustia. Gracias, Señor, porque me permites ver y hablar de tu Madre Santísima, en su Amargura, en su Piedad, en sus Penas, en sus Dolores, Angustias y, sobre todo, con esa que hablo casi a diario, esa Virgencita pálida, pobre, descolorida, menuda, la última de todas… Virgen mía de la Soledad».

Los altibajos del Pregón

El Pregón nació por la necesidad de exaltar la Semana Santa en tiempos de persecución. Para ello, se eligió a lo más granado de la literatura sevillana. Antes que Romero Murube, al atril se subió José María Pemán. Después, de Antonio Filpo Rojas a Rodríguez Buzón y Montero Galvache. A lo largo de las décadas, se ha ido diluyendo el fondo por las formas. El ripio por encima del mensaje, salvo cada vez más contadas excepciones. En 1944, Romero Murube dio un consejo a la por entonces llamada Comisión de Cofradías: «Hagamos de la Semana Santa de Sevilla una fuente de fervor, de religiosidad, de cumplimiento de vida cristiana. No puede ser un motivo de turismo, una atracción. Está muy por encima de las cosas materiales». Una profecía.

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla