Misterios de la Semana Santa de Sevilla
El Cristo de Burgos, obra de Vázquez «El Viejo»

PATRIMONIO

Juan Bautista Vázquez El Viejo: un artista castellano en Sevilla

Una completa monografía del profesor Porres Benavides analiza la obra de uno de los «padres» de la escuela sevillana de escultura.

Por  0:55 h.

La mayoría de los estudios en torno a la Edad de Oro de la escuela sevillana de escultura se han centrado en la figura de Martínez Montañés, sus coetáneos, como Juan de Mesa o los Ocampo, y sus continuadores como Pedro Roldán y su amplio taller. Un siglo magistral que se debe contextualizar con el conocimiento de su génesis, más allá del primer naturalismo barroco, la llegada a Sevilla de varios escultores castellanos en la segunda mitad del siglo XVI, con una estética renacentista que fue virando hacia la distorsión y la tensión del Manierismo, marcó la creación de las futuras creaciones del Barroco. Si el flamenco Roque Balduque había dominado los años centrales del siglo XVI, su segunda mitad no se puede entender en Sevilla sin las figuras clave de Juan Bautista Vázquez, de su discípulo Gerónimo Hernández y de Gaspar Núñez Delgado. Tres nombres sobre los que se asentará toda la creación posterior sevillana, una escuela que tendrá a Castilla como génesis.

La Universidad de Sevilla acaba de publicar un amplio estudio de Jesús Porres Benavides,  profesor de la Universidad Rey Juan Carlos, que completa el catálogo del escultor Juan Bautista Vázquez, un autor parcialmente conocido en la ciudad por la realización documentada del Cristo de Burgos y por su participación en diversas obras de la Catedral de Sevilla, y del que ahora, gracias a este estudio, se valorará su aportación no sólo en la ciudad sino en otras numerosas localidades que llegan hasta el otro lado del Atlántico.

Cristo de Burgos, 1573 antes de la reforma por Manuel Gutiérrez Reyes y José Ordóñez Rodríguez. Reconstrucción hipotética por Rafael

Juan Bautista Vázquez “el Viejo” nació hacia 1525, citando López Martínez que era natural de la villa salmantina de Pelayos, aspecto sobre el que se siguen cerniendo las dudas, además de la fecha de llegada a Ávila, su lugar de formación, en unos años en los que se seguía la estela del escultor Vasco de la Zarza. Su estilo demuestra, aunque tampoco haya constancia documental, su necesaria formación en Italia, muy posiblemente en Roma. De regreso a España, consta su primera boda con la abulense Andrea Hernández, hermana del escultor Juan de Oviedo Hernández “el Viejo”, por tanto, tía de Juan de Oviedo “el Joven”. Todo un signo de las estrechas relaciones endogámicas del mundo artístico de la época. Establecido con taller propio hacia 1550, en 1553 firmaría contrato de aprendizaje con Jerónimo Hernández, una relación, con altibajos, que se prolongaría en el tiempo, y afianzaría su futura importancia en la escuela sevillana de escultura.

Virgen de la Paz. Iglesia parroquial de Santa María Magdalena. Torrelaguna (Madrid). © Margarita Estella

Sus primeros años compaginarán obras en Ávila (posiblemente la Piedad de la Catedral) o Toledo (relieves de la Puerta del Reloj de la Catedral y numerosos retablos), siendo muy probable su colaboración con el maestro Berruguete.

Hacia 1560 se sabe de su presencia en Sevilla, ciudad que no abandonaría hasta su muerte, salvo contados desplazamientos a las diócesis de Córdoba o Málaga.

Retablo mayor, Iglesia de Santa María Carmona (Sevilla). Fotografía José Manuel Santos Madrid

El libro del profesor Porres Benavides analiza la situación artística de la Sevilla del momento, el mayor centro receptor de artistas de la época por su condición de puerta hacia el comercio con América. Se calcula que podría ser una ciudad de unos 60.000 habitantes a mediados del siglo y que hacia 1588 casi llegaba a los 150.000, una de las ciudades más pobladas de Europa.

Cristo del Amor. Viso del Alcor (Sevilla). Fotografía. Jesús Porres Benavides

La primera obra documentada de Vázquez en Sevilla será la continuación del retablo mayor de la Cartuja de Santa María de las Cuevas, obra que no terminó Isidro de Villoldo, ya que falleció en 1560. También había fallecido por entonces el flamenco Roque Balduque, que marcó un cambio trascendental en la escultura de mediados de siglo, por lo que Vázquez acabaría ocupando el espacio de los dos maestros. En su larga etapa sevillana contraería matrimonio en dos ocasiones, con María de Bonilla, la hija del pintor Juan de Zamora, el 29 de abril de 1570, y con Isabel de Valdés, que vivirá más allá de la muerte del escultor.

Piedad de la Catedral de Ávila

Casi tres décadas de producción en Sevilla, retablos y esculturas, junto a nombres como Miguel de Adán, Gaspar del Águila o el citado  Jerónimo Hernández que marcarán la escultura sevillana hasta el siglo posterior. Serían también sus discípulos Melchor Turín, de origen granadino, o el portugués Amador López, que posteriormente emigraría a Granada. También sería discípulo suyo Gaspar Núñez Delgado, según constató el profesor Fernando Cruz, quien curiosamente recibiría a Martínez Montañés cuando el joven maestro de Alcalá la Real llegó a Sevilla.

Virgen de las Fiebres. Parroquia de la Magdalena (Sevilla) Fotografía Jesús Porres Benavides

Durante su larga estancia en Sevilla, Juan Bautista Vázquez residiría en distintas collaciones de la ciudad, San Andrés (1560-64), San Marcos (1565-66), La Magdalena (1569-70 y 1582-83), San Juan de la Palma (1571), San Vicente (1572-74), San Lorenzo (1576-81) y Santa María (1584-88).

Virgen del Facistol. Coro de la catedral de Sevilla. Fotografía Jesús Porres Benavides

Entre 1561-62 trabajó para la Catedral de Sevilla, terminando los relieves inconclusos de Balduque y participando en las escenas del banco del retablo mayor: sus representaciones de La Creación del Hombre o El pecado original introducen desnudos plenamente renacentistas en un retablo con origen en el mundo tardogótico. En años posteriores participaría, un apartado profundamente estudiado por el profesor Recio Mir, en obras catedralicias como los bronces del tenebrario, las imágenes del facistol, los relieves del antecabildo o el diseño, al menos intelectual, de la colosal imagen de la Fe, el Giraldillo que corona la Giralda. Le seguirían obras en Jerez, localidad en la que residiría temporalmente, con obras como el retablo mayor de la iglesia de Santo Domingo. Desde allí trabajará en otras arquitecturas monumentales, como el gran retablo de la parroquial de Medina Sidonia, además de algunos encargos para el palacio de los duques. Tras su participación en obras malagueñas, desde Sevilla su arte se expande a Hispanoamérica, con retablos y tallas destinados a Perú, Puebla de los Ángeles en México o Quito (Ecuador), habiendo algunas atribuciones a su mano en Puerto Rico. A la faceta de escultor de Juan Bautista Vázquez hay que añadir su labor como grabador, constando que trabajó la técnica del aguafuerte, por entonces muy novedosa en estas latitudes. Como hombre de su tiempo, no falta alguna noticia algo difusa que lo sitúa en la Cárcel Real, lugar por el que pasó más de un ilustre de las letras o de las Artes de la época, desde Torrigiano a Alonso Cano, pasando por Martínez Montañés o el propio Cervantes. Su prestigio alcanzar un grandísimo nivel, algo que confirmaría su participación en la decoración de la galera real de don Juan de Austria.

Ecce Homo, retablo de San Mateo de Lucena (Córdoba). Archivo IPCE

Vázquez debió fallecer en junio de 1588, según consta en una documentación conservada del año siguiente en la que se detalla el litigio existente por sus propiedades entre su hijo, Vázquez “El Joven”, y la tercera esposa del escultor.

Bautismo de Cristo, retablo de San Mateo de Lucena (Córdoba). Archivo IPCE

El libro del profesor Porres Benavides aporta un documentado estudio de los precios y modelos iconográficos de la obra de Vázquez el Viejo, un análisis que permite entender las relaciones de sus modelos: Vázquez no es sólo el Cristo de Burgos, realizado a partir de indicaciones y estéticas posteriormente retocadas, sino también el Crucificado del templete del humilladero de la Cruz del Campo, el Cristo del Amor de El Viso u otros conservados en Hinojos, Lebrija, Marchena o Medina Sidonia. La misma equiparación se puede hacer con otras iconografías: la excepcional Virgen de las fiebres de la parroquia de la Magdalena se pone en relación con San Pedro de Ávila, la Virgen de la Piña de Lebrija, la Virgen del facistol de la Catedral o la Virgen con el Niño de Ayacucho, en Perú.

Templete de la Cruz del Campo, Sevilla. Fotografía. Joaquín Galán

En otros capítulos se contextualiza la técnica de Vázquez, su control del proceso de policromía, las formas de acoplamiento de sus retablos o las relaciones de sus tallas con los libros de diseño y las estampas de grabados de la época. El amplio capítulo destinado al catálogo de su obra permite ampliar la visión de su catálogo, que va mucho más allá de la realización del Cristo de Burgos (1573), la imagen documentada más antigua de la Semana Santa, abriendo su repertorio a obras que suelen pasar desapercibidas para buena parte de ese público cofrade a pesar de su cercanía: desde la Santa Bárbara de la parroquia de Omnium Sanctorum al San Juan de la capilla de la Vera Cruz, pasando por la Virgen de la Prado de la Parroquia de San Sebastián o algunas imágenes del retablo de la Inmaculada de la iglesia de la Anunciación.

San Pablo. Juan Bautista Vázquez. Iglesia de Santa Bárbara. Eugenio Fernández Ruiz. Archivo del IAPH

Un texto necesario, contextualizador y denso, una obra que permite despojar al escultor de los localismos simplistas y que ayuda a cimentar los orígenes de la escuela sevillana de imaginería: no todo es Barroco, ni de Montañés, Mesa o Roldán.

Retablo de Medina Sidonia, Cádiz

Sepulcro de Antonio del Corro. Iglesia parroquial de Santa María de los Ángeles. San Vicente de la Barquera (Santander). Fotografía José García

Portada de la iglesia de la Anunciación

Dibujo boceto de la Virgen con las doncellas. Colegio de Doncellas Nobles de Toledo. © Jesús Palomero Paramo

Giraldillo, veleta de la Giralda de Sevilla

Relieve con el escudo de la ciudad en el Postigo del Aceite

San Juan evangelista. Iglesia de Vera –Cruz de Sevilla. Fotografía. Benjamín Domínguez Gómez

San Antón. Iglesia de Santa María Carmona (Sevilla). Fotografía José Manuel Santos Madrid

Manuel Jesús Roldán

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