El Señor del Gran Poder / M. J. RODRÍGUEZ RECHI

400 AÑOS DEL GRAN PODER

Juan del Río: «La gloria del Gran Poder es la de los que se convierten viendo su rostro»

El arzobispo castrense de España predicó el segundo día de quinario al Señor del Gran Poder

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Continúa el quinario a Jesús del Gran Poder en este año del cuarto centenario de su hechura y en el segundo día, celebrado el pasado 2 de enero, le toco el turno de la predicación al arzobispo castrense de España, Juan del Río. Devoto reconocido del Señor desde su época como sacerdote diocesano de Sevilla, es hermano de la hermandad desde hace décadas, de la que predicó su quinario hace 32 años.

Así y con este recuerdo, del Río inicio una homilía cargada de emociones cuando rememoró aquel hecho cuando Antonio Ríos era hermano mayor. Tras los cultos, «me entregó una fotografía del Cristo que me ha acompañado tanto en Jerez -en su etapa como obispo- como en Madrid en la entrada de mi casa», reconociendo que «con lo cual, muchas de las cosas que voy a decir, salen de lo que yo he hablado con esa imagen del Señor».

El relato lo inició utilizando versos las escrituras: «’Tu rostro buscaré Señor, no me ocultes de tu rostro’, dice el Salmo 104. En el primer canon de Navidad dice para que ‘del amor a lo visible, pasemos al amor de lo invisible’». Por ello, «contemplar el rostro cara a cara de alguna manera te posee y lo quieres hacer tuyo. Pues, Dios nos ha mirado», señalo del Río.

«Quizás, cuando hace cuatrocientos aquel escultor famoso cordobés Juan de Mesa recreo los poemas del siervo doliente, realmente esos escultores tenían mucha teología y sabían las escrituras, porque todo el rostro del Gran Poder está lleno de simbolismo: desde el libro del génesis que aparece en su corona con aquella serpiente que engañó a la humanidad hasta la espina del dolor del mundo que está representada en lugares tan significativos de su rostro. El Gran Poder podría tener un rostro sufriendo por el dolor, pero es más grande el amor que releva el siervo de los siervos. Cargó con nuestros pecados, era el pavor y la risa de los hombres y él no se inmutaba. Su mansedumbre la esculpe Juan de Mesa en el rostro de nuestro Señor».

Tras este repaso por la imagen del Señor, Juan del Río rememoró una vivencia con un devoto del Señor: «Recuerdo una experiencia religiosa de un Señor que vino como tantos turistas. Yo estaba confesando. Era Viernes Santo. Cuando salió el Cristo, ya me iba por ahí. Al salir, lo veo llorando en una esquina. A pocos metros de San Lorenzo, sin esperarlo, se encontró con el rostro del Señor. ¿Cuántos Viernes Santos, el rostro que esculpió Juan de Mesa ha hecho verdaderos milagros? Esto no es culto a ídolos ninguno. ¿Cuánto nos quiere Dios que nos ha mirado y nos sigue mirando con este divino rostro? Por eso hay tantas personas que vienen día tras días. Esta es la catequesis que tiene Sevilla». Por ello, del Río finalizó: «La gloria de Dios es la gloria del Gran Poder y la gloria del Gran Poder, es la de los hijos que se convierten viendo su rostro».

Javier Comas

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