El templo de Santa Lucía en un grabado de Richard Ford
El templo de Santa Lucía en un grabado de Richard Ford

PATRIMONIO

La antigua parroquia de Santa Lucía

Al final de la calle Sol se encuentra uno de los restos del medievo más desconocido por los sevillanos

Por  10:28 h.

La Edad Media que desapareció de la ciudad. Templos posteriores a la Reconquista que, con advocaciones que recuerdan las devociones de los cristianos medievales, fueron derribados o reconvertidos. En unos casos invasores franceses, como el templo de Santa Cruz, en plena judería. En otros, los irracionales revolucionarios del lugar, que entendieron la modernidad como un páramo sin edificios que recordaran la historia de la ciudad, como en el templo de San Miguel. En otros, una mezcla de varios de los habituales agentes destructores del patrimonio sevillano, como el convento Casa Grande de San Francisco, en la actual Plaza Nueva, donde participaron invasores franceses, habitantes del país, incendios, desamortizaciones y el general desinterés de la ciudad.

Se salvó en buena medida de la piqueta, pero perdió su uso litúrgico y vio como se dispersaba su patrimonio, la antigua parroquia de Santa Lucía, quizás uno de los restos del medievo más desconocidos por los sevillanos. A ello quizás contribuyó su situación en la zona norte del casco histórico de la ciudad, sector de menos población y de menores recursos según constatan los documentos de los siglos XVI y XVII, donde aparece la zona cercana a la actual parroquia de San Julián como la mayor bolsa de «pobres vergonzantes» de la ciudad. El templo se situaba, se sitúa, en la plaza de su nombre, al final de la calle Sol, hoy a espaldas del beaterio y colegio de la Trinidad, en un lugar casi lindante con las murallas de la ciudad. Un edificio que fue prototipo del llamado «tipo parroquial sevillano», tipología de iglesias mudéjares relacionable con otras edificaciones de la época como Santa Marina o San Julián, según la tradicional clasificación del profesor Angulo.

La iglesia de Santa Lucía con su portada

La iglesia de Santa Lucía con su portada

Debió construirse en el siglo XIV siguiendo el estilo mudéjar, y aunque una buena parte de la historiografía tradicional insistió en su origen como una transformación de antiguas mezquitas musulmanas, estudios posteriores han constatado la originalidad de un estilo estructuralmente cristiano (naves, bóvedas, puertas ojivales, ábsides, esculturas…) que convive con elementos constructivos (uso del ladrillo y de la madera) y decorativos (azulejos, arcos polilobulados, yeserías…) de origen musulmán. Por su situación de alejamiento de los principales centros económicos y de poder de la ciudad, Santa Lucía debió tener un carácter secundario ante la cercanía de edificios de mayor envergadura como San Julián o San Román, quedando también muy cercano el recinto medieval de los Trinitarios, hoy presidido, tras numerosos cambios, por la devoción a María Auxiliadora.

Actual Centro de Documentación de Artes Escénicas, interior del antiguo templo / Sevillapedia

Actual Centro de Documentación de Artes Escénicas, interior del antiguo templo / Sevillapedia

El templo de Santa Lucía presentaba arquitectónicamente presentaba el característico esquema de iglesia dividida en tres naves, con presbiterio de piedra, portada ojival y torre adosada a los pies de modestas dimensiones, en la que se pudieron emplear materiales de acarreo de un templo romano, dato que siempre debe ser dado con cautela, aunque muchos estudios insisten en los restos romanos y paleocristianos de la zona.

La desaparecida imagen de Santa Lucía en una procesión del Corpus

La desaparecida imagen de Santa Lucía en una procesión del Corpus

La iglesia de Santa Lucía albergó importantes lienzos, retablos, imágenes e importantes piezas de orfebrería. Según ha estudiado Francisco S. Ros, en el actual templo de San Sebastián se conserva el monumental lienzo barroco del martirio de Santa Lucía atribuido a Jerónimo Ramírez, una obra de la primera mitad del siglo XVII que fue atribuida por el Conde del Águila a Roelas o a Varela, con divergencias de atribución en los posteriores estudios de los profesores Serrera o Valdivieso. Fue precisamente Enrique Valdivieso el que lo catalogó como obra de Ramírez, por evidentes similitudes con el lienzo de Cristo servido por los ángeles de la parroquia de San Lorenzo. Ramírez es un autor documentado en Sevilla entre 1599 y 1634, un pintor que se formó en la estética manierista del portugués Vasco Pereira y que evolucionó posteriormente hacia un primer naturalismo barroco. El monumental lienzo representa el momento de la degollación de la santa, en una compleja composición barroca que, según estudió el profesor Navarrete Prieto, se inspira en las habituales fuentes grabadas de la época, mostrando el instante en el que el verdugo degolla a la santa bajo un fondo celestial en el que Jesús y María aguardan el alma de la mártir, mientras unos ángeles lanzan flores y acercan a la santa la palma del martirio.

Lienzo del martirio de Santa Lucía, hoy en la parroquia de San Sebastián y Inmaculada de San Julián, procedente del antiguo templo de Santa Lucía

Lienzo del martirio de Santa Lucía, hoy en la parroquia de San Sebastián y Inmaculada de San Julián, procedente del antiguo templo de Santa Lucía

Entre las imágenes de talla que albergó el templo destaca especialmente la excelente imagen de la Inmaculada que se trasladó a San Julián, donde se pudo salvar del incendio intencionado del templo en 1932. Ya en 1779, el conde del Águila escribió sobre la talla en una carta dirigida a Antonio Ponz, indicando que se había traído la imagen desde la parroquia de La Campana, quizás de su capilla sacramental. Ceán Bermúdez la atribuyó en 1800 a Alonso Cano, catalogación que mantuvieron numerosos autores posteriores. Superviviente del incendio provocado de la parroquia de San Julián el día 8 de abril de 1932, fue restaurada en 1936, especialmente en el deterioro que el fuego produjo en sus manos. Antes había figurado en la Exposición Mariana celebrada en el Salvador en el año 1929, y aunque se catalogue como obra de Cano por la mayoría de los estudiosos del siglo XX, recientes propuestas, como la del profesor Gómez Piñol, la vuelven a situar como obra de Martínez Montañés, lo que convertiría a la Inmaculada de San Julián en un precedente de la Cieguecita de la Catedral, el modelo legado por Montañés a la posteridad.

Tuvo sede en el templo de Santa Lucía la hermandad del Prendimiento, donde radicó desde su fundación hasta el cierre del templo en 1868, con un largo intervalo en el que la hermandad radicó en la parroquia de San Pedro; allí se vieron sus primitivas imágenes y allí pasó por los habituales momentos de auge y de declive de todas las hermandades sevillanas con siglos de historia, en Santa Lucía se reorganizó en 1797 y desde este templo salió en 1810 en tiempos de la invasión francesa, colocándose sus titulares desde 1733 en un altar que realizó el escultor barroco José de Medinilla.

Antiguo  misterio del Prendimiento

Antiguo misterio del Prendimiento

Junto a la hermandad de los Panaderos, la parroquia también tuvo hermandad sacramental propia, acogiendo en alguna ocasión algún cabildo de la hermandad de la Amargura, e incluso, ya en el siglo XIX, llegó a acoger entre 1810 y 1818 a la vecina hermandad de la Trinidad. En el siglo XIX, concretamente el 2 de febrero de 1846, fue bautizada en esta iglesia Santa Ángela de la Cruz, que tendría una gran vinculación con el templo por la proximidad de su domicilio natal, quedando un curioso recuerdo de esa vinculación en la imagen de la Virgen de la Salud, venerada por las hermanas de la Cruz.

Vista actual de Santa Lucía

Vista actual de Santa Lucía

Tras la Revolución de Septiembre de 1868 el recinto fue desacralizado aunque se evitó su derribo destino que corrió, por ejemplo, el templo de San Miguel, en la actual Plaza del Duque. Se realizó un inventario de un patrimonio que fue dispersado entre el Museo de Bellas Artes, la parroquia de San Julián, la parroquia de Gibraleón, la Catedral, o la parroquia del Salvador. La hermandad del Prendimiento, en unos tiempos de precariedad, se trasladó a la iglesia de los Terceros, de donde pasaría posteriormente a la capilla de San Andrés. El retablo de la Virgen de Regla fue trasladado a Espartinas y el coro pasó a la sala de juntas de la hermandad sacramental de San Bernardo. El antiguo templo mudéjar pasó a ser el local de la «Tertulia Democrática y Reunión de Artesanos Honrados». Fue almacén, fábrica, e incluso cine. En el siglo XX su antigua portada ojival fue restaurada y trasladada a la iglesia de Santa Catalina, por el arquitecto Juan Talavera y Heredia, gracias a la donación de Rafael González Abreu a la parroquia de Santa Catalina, donde se conserva, perdiéndose la imagen primitiva del templo que harían reflejado los dibujos de viajeros del siglo XIX como David Roberts, donde se puede comprobar el origen de la actual portada de Santa Catalina.

En el siglo XX mantuvo su uso como almacén y como lugar de ensayo de diferentes orquestas, cayendo en unos años de olvido en los que incluso se especuló sobre su posible uso como mezquita, además de las habituales conjeturas sobre la posible cesión a una cofradía de penitencia. Tras diversas reformas, en el año 2008 fue abierta como sala de arte contemporáneo dependiente de la Junta de Andalucía, el espacio Iniciarte, interesante propuesta que no llegó a perdurar por las habituales reducciones presupuestarias y por la especial ubicación del edificio. Desde junio del 2012, es sede del Centro de Documentación de las Artes Escénicas de Andalucía, acogiendo una Biblioteca de más de 40.000 ejemplares y un importante archivo especializado. Un uso que permite la pervivencia y el acceso a un edificio símbolo en muchos aspectos de los olvidos de la ciudad. La santa siciliana del siglo IV, perseguida y torturada en tiempos del Emperador Diocleciano que tuvo un amplio culto hoy mantenido por la hermandad de gloria radicada en Santa Catalina, en San Román desde hace demasiados años. Hay una ciudad que sobrevive…

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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