El Rocío acogió la celebración de la Candelaria

HISTORIA

La Candelaria de Triana

La Candelaria tenía un altar en el convento dominico de San Jacinto, donde residía la hermandad

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El origen del nombre popular de la peregrinación extraordinaria que realiza la hermandad del Rocío de Triana, al margen de la romería de Pentecostés, se encuentra en una antigua tradición religiosa del propio barrio. Esta hermandad residió desde 1819 hasta hace escasas décadas, en el templo conventual de San Jacinto, en cuyo altar mayor hubo en siglos pasados una imagen pequeña de la Virgen María, en su advocación de la Candelaria. Aquella efigie, hoy retirada del culto, fue la titular de la ermita que dio lugar a la fundación del convento. Cada 2 de febrero, los frailes dominicos celebraban la festividad litúrgica de la Presentación del Niño Jesús en el templo, con el ritual de la luz de las candelas. Tanto el vecindario del arrabal como los rocieros se identificaron con el acto religioso y acabaron integrándolo en el calendario de sus propios cultos.

A inicios de la década de 1960, en pleno crecimiento del fenómeno rociero, un grupo de hermanos adoptó la costumbre de acudir a caballo hasta la ermita del Rocío el domingo más inmediato a esta fiesta. A la vuelta de pocos años, el grupo de romeros aumentó muy considerablemente, surgiendo así esta otra peregrinación complementaria al camino de Triana, que sirvió como un cauce más de acercamiento a la vida de la Iglesia.

El perfil de los primeros jinetes que de modo privado comenzaron a acudir a la aldea, en torno a la Candelaria, esboza el retrato de unos hombres relacionados económicamente con el sector agropecuario y el mundo de las haciendas y cortijos sevillanos. Entre ellos, encontramos a Juan Guardiola Soto, conde de Jimera de Líbar, que luego llegaría a ser hermano mayor; un matrimonio de Huelva que mantenía gran amistad con Manuel Ruiz Torrent, Pepe Fal, Esteban Torres González-Camino, marqués de Casa Ulloa, Joaquín Haro de Roda y José García Carranza. También llegaron a participar algunos otros más que se sintieron atraídos.

En enero de 1959, la hermandad matriz de Almonte aceptó una petición de la filial sevillana, en la que solicitaba rendir visita a la Virgen del Rocío dos días al año, con independencia de la gran romería de Pentecostés: el 1 de noviembre, en la festividad de Todos los Santos, como venía haciéndolo desde hacía algunas fechas, y un domingo próximo a la Candelaria. Aquel año de 1959, la hermandad trianera organizó su peregrinación el 11 de enero.

Inicio en 1949

Pero recientemente hemos podido documentar que diez años antes, en 1949, la hermandad de Triana solicitó al secretario de la matriz almonteña, Vicente Díaz de la Serna, celebrar una misa en la antigua ermita un domingo de enero. La petición se enmarca dentro del contexto de las peregrinaciones extraordinarias que las filiales comenzaron a promover a lo largo del año. Piadosa costumbre iniciada, en 1948, por la hermandad de La Palma, que siguió la trianera de inmediato.

Otro precedente de estas peregrinaciones lo hallamos en las que se rendían cuando la Virgen del Rocío era trasladada a la parroquia almonteña de la Asunción, como la de 1930 y otros años más. Es muy célebre la peregrinación de oración y penitencia organizada por Triana el 12 de febrero de 1950, con el carácter extraordinario de la estancia de la patrona en Almonte.

En aquellos primeros caminos, no venían a caballo desde Triana. El trayecto lo iniciaban el sábado por la mañana en Villamanrique de la Condesa, desde donde los caballistas emprendían el camino cruzando la Raya real para llegar a Palacio y alcanzar así la aldea del Rocío atravesando Matagorda y el puente del Ajolí. El domingo tenía lugar una misa solemne a las plantas de la Virgen, a la que acudía un gran número de hermanos y devotos que marchaban en vehículos particulares y autobuses fletados por la hermandad desde Sevilla. Luego, a la conclusión de la celebración religiosa, el grupo disfrutaba de una jornada de convivencia. Los caballistas regresaban el lunes desde El Rocío paando por Villamanrique, donde los convidaba a almorzar doña Esperanza de Borbón.

Con el tiempo, aumentó el número de peregrinos y esta peregrinación adquirió un auge inusitado, hasta el extremo de que su hermandad dejase de organizarla a finales de la década de 1990. Desde hace años, Triana ha procurado recuperar la idiosincrasia de aquellos primeros caminos, aunque el peregrinaje se inicia desde los terrenos de su propiedad en Pozo Máquina. Fiel a sus señas de identidad, la hermandad vela porque en el cortejo solo participen los vehículos indispensables que garanticen la seguridad y limpieza del entorno natural.

A inicios de los años sesenta, la hermandad de Triana se encargaba ya de organizar oficialmente estas peregrinaciones con la autorización de la hermandad matriz de Almonte. Entre las Candelarias ha quedado en el recuerdo de los rocieros el merecido homenaje tributado en 1963 a Armando Herrera, hermano mayor honorario y perpetuo, así como hermano número 1.

Donativo en 1967

Otro de los grandes hitos vividos en la Candelaria tuvo lugar el 5 de febrero de 1967. Los trianeros hicieron entrega del donativo que permitió costear el importe de la pavimentación del nuevo santuario. Con la construcción de la nueva carretera, en 1960, se facilitó el acceso a los peregrinos y estas peregrinaciones comenzaron a alcanzar niveles de participación muy elevados, hasta entonces desconocidos. El incremento de visitas terminó demandando una mejora de las instalaciones de la antigua ermita. Comenzaron muy pronto las obras del nuevo santuario, concebido en consonancia con las nuevas necesidades litúrgicas y pastorales de la Iglesia, y la magnitud que el Rocío había alcanzado tras la gran eclosión de aquellos años, al consagrarse su romería como acontecimiento religioso de relieve regional y nacional.

Durante los años que duraron las obras del nuevo santuario, se solemnizó en la puerta de la iglesia provisional que acogió la imagen del Rocío, una misa de campaña a la llegada de los peregrinos trianeros en la Candelaria. Esta función religiosa, que llegaron a presidir obispos tanto de la recién creada diócesis onubense como de la archidiócesis hispalense, también se ofició delante del monumento dedicado de la Virgen en el Real el año 1919, donde en la actualidad se realiza el pontifical de Pentecostés.

Desde hace varias décadas esta fiesta ya no recibe el nombre oficial de la Candelaria. Se trata de la peregrinación de invierno de la hermandad del Rocío de Triana, desligada de la fiesta de la Luz, que oficialmente organiza la hermandad matriz de Almonte el primer fin de semana de febrero, encuadrada dentro del calendario de cultos que su hermandad y el pueblo de Almonte dedica a su milagrosa patrona.

Una de las señas de la cultura andaluza es la estampa devocional de la hermandad de Triana caminando hacia el Rocío, porque con la aportación de distintos valores de índole cultural y etnográficos a este fenómeno devocional, como el de haber servido como ejemplo en la dignificación de los cortejos romeros, ha contribuido a que muchos de los ingredientes del Rocío formen parte de la imagen por la que España es conocida en el mundo.

Cuando Sevilla y Huelva eran la misma tierra, Triana se introdujo en el corazón de los pueblos que integraban el núcleo primitivo de las filiales más antiguas que hicieron posible hablar del Rocío como la gran romería de Andalucía.