La Cruz de la Cerrajería, restaurada / JAVIER COMAS

PATRIMONIO

La Cruz de la Cerrajería del barrio de Santa Cruz vuelve a recuperar su esplendor

Fue pieza principal en la Semana Santa del siglo XVIII, donde las cofradías iniciaban su estación de penitencia

Por  0:30 h.

La Cruz de la Cerrajería de la Plaza de Santa Cruz vuelve a recuperar sus brillos originales tras tres meses de restauración que han devuelto el barniz perdido por las condiciones meteorológicas. La pieza ha permanecido tapada con andamios durante los meses de verano, desde que fueran instalados el 31 de julio hasta su retirada el pasado viernes 5 de octubre.

Con un presupuesto de 9.915,45 euros, las obras han sido adjudicadas a la empresa Metis de Conservación y restauración y coordinadas por la experta Pilar Soler, que han intervenido piezas tan relevantes como el Cid Campeador del Prado de San Sebastián, la fuente de las Cuatro Estaciones de la glorieta Juan de Austria o la glorieta de Bécquer en el parque de María Luisa.

Según el informe, la actuación «ha tenido un carácter de mantenimiento, consistiendo en una revisión detallada del estado para evaluar su evolución en este tiempo, una limpieza integral y pormenorizada de todas las piezas, un tratamiento de inhibición para frenar los puntos de oxidación que ya se habían iniciado y por último la aplicación de una resina acrílica para su protección final, que garantizará la permanencia de las soluciones aportadas y la salvaguarda de sus valores culturales durante un plazo de tiempo considerable».

La Cruz de la Cerrajería, restaurada / JAVIER COMAS

Además de ello, comenta que «su exposición continua a los agentes medioambientales y algunas ‘restauraciones’ desafortunadas del pasado motivaron que a finales de 2014 se emprendiera su restauración integral, que incluso conllevó su retirada durante unos meses para ser tratada en el taller». Esta intervención frenó el proceso de corrosión y le aportó un barniz de protección, que ahora, cuatro año después, «evidenció la lógica merma de sus propiedades propia del paso del tiempo y sobre todo de las altas temperaturas que se alcanzan en Sevilla».

Así, Soler comenta que «aunque la restauración importante fue la de 2014, donde se sustituyó la estructura interna que presentaba una perdida de sección bastante fuerte y el barniz que se aplicó era el mejor del mercado, no se tuvieron en cuenta las temperaturas tan altas de Sevilla. Por ello, dicho barniz, especifico para materiales ferrosos y compuesto por resinas alquídicas, era poco resistentes al calor y así se ha demostrado». Los trabajos han consistido en la retirada del aplicado en 2014 mediante calor y, una vez fuera, se le ha vuelto a aplicar un barniz; esta vez con una resina acrílica, más resistente al calor y que se usa para la esculturas de bronces como la del Cid o la de los Marineros Voluntarios, entre otras».

Su revisión en el tiempo será «importante» en el futuro, como aclara Soler, ya que «por las características de la pieza se tiene que tener un buen programa de mantenimiento». Así, «la misma pieza pedirá cuando se volverá a aplicar de nuevo otro barniz. Todo dependerá de las condiciones climatológicas que se produzcan».

 

La Cruz de la Cerrajería, restaurada / JAVIER COMAS

Un símbolo de Sevilla

Desde su instalación en la Plaza de Santa Cruz en 1918, la Cruz de la Cerrajería se ha convertido en una seña de identidad del Barrio de Santa Cruz e imagen emblemática de Sevilla. La obra realizada por Sebastián Conde en 1690 es, por lo tanto, uno de los principales bienes urbanos de Sevilla debido además de por su antigüedad y a su complejidad técnica, constituyéndose como todo un alarde en la técnica de la forja. Fue pieza principal en la Semana Santa del siglo XVIII, donde las cofradías iniciaban su estación de penitencia desde su ubicación histórica: el cruce de la calle Sierpes y la que le da nombre, Cerrajería. Además, ha servido de símbolo para la creación posterior de cruces ornamentales como la que remata la ermita del Rocío.

El nombre con el que se la conoce, «Cruz de la Cerrajería» proviene de su emplazamiento original, en la confluencia de las calles Rioja y Cerrajería con Sierpes. No obstante, los historiadores aseguran que «esta ubicación resultaba conflictiva, pues impedía el paso de los cortejos procesionales por la única calle amplia y rectilínea de la ciudad. Por razones de protocolo fue desmontada hasta en cuatro ocasiones y nuevamente repuesta en su lugar de origen, hasta que a propuesta del arquitecto Juan Talavera y Heredia, fue trasladada en 1918 a la Plaza de Santa Cruz, donde ha permanecido desde entonces».

De todos los motivos que componen el conjunto destacan especialmente los ángeles lampareros, las serpientes en la base y los cuatro evangelistas, en cada ángulo del pedestal. Los trabajos desarrollados en 2015 permitieron conocer detalles reveladores de la composición de este elemento, como que los ángeles lampareros estaban policromados en origen, y que se utilizaron revestimientos de pan de oro en algunos detalles de la obra, «un conocimiento que ha revalorizado aún más si cabe este magnífico ejemplo de rejería civil barroca, que data del siglo XVII», comenta Pilar Soler.

Actualmente se sitúa en el lugar donde hasta 1810 se encontraba la primitiva iglesia de Santa Cruz, derribada por los franceses para realizar reformas urbanísticas en la zona y lugar donde estaba enterrado el insigne pintor del barroco, Bartolomé Esteban Murillo.

La Cruz de la Cerrajería, restaurada / JAVIER COMAS

Javier Comas

Javier Comas

Javier Comas

Últimas noticias deJavier Comas (Ver todo)