El párroco de La Corza, Alfredo Morilla, junto a la Virgen del Reposo / RECHI

La esperanza de La Corza

Este domingo fue bendecida la Virgen del Reposo, una obra de Navarro Arteaga que ya es el asidero del barrio

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Tiene los ojos de Carmen. Así lloraba la madre del escultor que tiene el don de Dios en sus manos. Hasta la casi imperceptible grieta de la mascarilla es un símbolo. Representa el tiempo que lleva esta imagen guardada, esperando a que el Señor la pusiera donde debía estar. Quince años han pasado. En esas cinco lágrimas están las angustias de un barrio humilde y en el verde de sus ojos, la esperanza. Ayer en la parroquia estaban todos: conductores, camioneros, limpiadoras, panaderos, costureras, jubilados, parados… Son los vecinos de una barriada obrera de Sevilla que tiene hechuras de pueblo pequeñito, de gente trabajadora y generosa.

Con esa humildad, pero también con esa esperanza, generosidad y trabajo, los feligreses han logrado que la parroquia de Nuestra Señora del Reposo tenga ya a una dolorosa que se ha convertido en menos de veinticuatro horas en el asidero devocional del barrio. Por sus manos pasaron los besos de los vecinos. Cada uno tenía una petición. El cura es tan grande que se ha quedado enjuto para entregarse en cuerpo y alma a sus parroquianos. Ayer tenía más lágrimas que la Virgen. Apenas podía dirigir la homilía. «Estoy orgulloso de la parroquia y feliz de sentirme vuestro párroco», les decía.

El templo, que es como una pequeña ermita, es el centro de la vida de La Corza. Allí se han integrado los jóvenes y la labor de Cáritas es fundamental para muchas familias a las que les cuesta un mundo llegar a fin de mes. Pese a ello, Don Alfredo y sus feligreses han conseguido dejar la iglesia más bonita que nunca: una nueva puerta, la pintura… pero faltaba esa pieza del puzzle. Y ayer llegó.

Era fiesta grande en la parroquia. El día amaneció radiante. No cabía un alfiler dentro y hasta en los cuidados jardines de la parroquia se agolpaba el pueblo. Con la Virgen del Reposo estaba la madre que parió a José Antonio Navarro Arteaga y todas las que han levantado al barrio en su historia. También estaba la Virgen de los Dolores del Cerro, con su saya; la de las Lágrimas de la Exaltación, con su peana; la de San José Obrero, con su fajín; la del Amparo, con su corona; o la de la Amargura, con su alfiler con el anagrama de María y las voces del coro que le puso música a una misa preciosa, para las gentes de La Corza, donde no faltaron las lágrimas, los aplausos, los vivas, la salve a la Virgen, las peticiones y agradecimientos de los jóvenes y hasta las poesías de las chicas de oro del barrio, que alguna incluso soñaba ya con el día que la verá pasar junto a su ventana.

Y ese sueño contado es, al fin y al cabo, el de todo un barrio. En las manos de la Virgen del Reposo está, y en las de los vecinos. Y también, cómo no, en las del párroco. Unas manos jóvenes que han trabajado la madera, que se han gastado de laborar en plena sierra y que ahora, construirán la nueva esperanza para La Corza. Y es que Don Alfredo es también hijo de carpintero.

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla