La custodia de la Santa Espina en una procesión del Corpus de comienzos del siglo XX
La custodia de la Santa Espina en una procesión del Corpus de comienzos del siglo XX

La espina de la corona de Cristo que llegó a Sevilla

Así llega a Sevilla la Santa Espina que se custodia en la Catedral y que procesiona en el cortejo del Corpus Christi

Por  5:35 h.

Envueltas en leyendas sobre su origen, en complejas historias de donaciones y de ocultaciones, las espinas que supuestamente formaron parte de la corona con la que torturaron a Cristo pueden llegar a un número superior al de setecientas en todo el mundo. Fragmentada la reliquia desde muy temprano, hay referencias de su presencia en Jerusalén desde el siglo V, trasladándose posteriormente a Bizancio o a Francia, según otros testimonios, apareciendo espinas falsas desde muy temprano.

La reliquia de la Santa espina

La reliquia de la Santa espina

La espina más venerada en la ciudad, hay otras como la que custodia actualmente la hermandad del Valle, es la que se conserva en la Catedral, que procesiona en la llamada custodia “Chica” en el cortejo del Corpus. Llegó a Sevilla por la donación de un obispo, don Rodrigo de Castro, que en escritura firmada el 4 de mayo de 1590 hacía la cesión al cabildo catedralicio de la ciudad.

El cardenal Rodrigo de Castro Osorio ocupó la sede hispalense entre 1581 y 1600, tras haber pasado por las diócesis de Zamora y Cuenca, siendo hombre importante en su época: llegó a ser miembro del Consejo de Estado de España y del Supremo Consejo de la Inquisición en tiempos de Felipe II. Considerado por muchos como unos de los últimos grandes príncipes del Renacimiento, el cardenal de origen vallisoletano fue hermano del cardenal Pedro de Castro y trajo a Sevilla los aires manieristas del milanés Vermondo Resta, que intervino en numerosas iglesias de la ciudad y en los jardines del Alcázar como arquitecto.

Coronación espinas, por El Bosco

Coronación espinas, por El Bosco

Castro viajó por Flandes, Portugal, Francia, Italia o  Alemania, atesorando un importante patrimonio artístico que incluía un importante número de reliquias, cuyo destino final proyectó en el colegio de Santa María de la Antigua (su gran devoción sevillana), que fundaría en la ciudad de Monforte de Lemos.

El cardenal Rodrigo de Castro

El cardenal Rodrigo de Castro

Refiere el siempre indispensable Carlos Ros que la donación del cardenal debió llegar al cabildo hispalense en un momento de concordia y serenidad con los canónigos, ya que durante su mandato fueron frecuentes los enfrentamientos y tensiones con los canónigos de la Catedral. El cardenal Castro fue criticado por su boato y suntuosidad, además de por otras aficiones como su apego por la cetrería, aunque también hay alabanzas a sus fundaciones de ayuda a mujeres desfavorecidas, a los sacerdotes ancianos o a la creación de nuevos templos, labor por la que fue alabado por el propio Lope de Vega:

“Príncipe glorioso,

que ya de mejor púrpura vestido;

rayos ciñe de luz, estrellas pisa”

María de Hungría, donante de la Espina

María de Hungría, donante de la Espina

La espina de la corona que donó Rodrigo de Castro provenía de una donación que realizó a comienzos de 1590 la infanta de España María de Habsburgo, con un diploma imperial que certificaba su autenticidad. María de Hasburgo fue la tercera hija de Felipe el Hermoso, llegó a ser reina consorte de Hungría y de Bohemia, gobernadora de los Países Bajos y mujer de enorme capacidad política y administrativa, cualidades a las que haría que añadir sus grandes conocimientos artísticos. A María de Hungría se debe la presencia en España de importantes piezas artísticas, desde el Retrato de Carlos V a caballo pintado por Tiziano, según un encargo suyo, al excepcional cuadro del Descendimiento de Roger Van der Weydem, que adquirió en Lovaina y que fue trasladado a España por Felipe II. En ese afán coleccionista se enmarca su colección de reliquias, origen de la  espina que donó al cardenal Castro.

Descendimiento de Cristo de Roger Van der Weydem, donación de María de Hungría

Descendimiento de Cristo de Roger Van der Weydem, donación de María de Hungría

El 4 de mayo de 1590 llegaba a Sevilla una espina que era descrita minuciosamente como de “cantidad de seis dedos, corva cuasi como semicírculo, tiene cuatro nudos en aquel espacio de su longitud y es de color pardo oscuro, e al pie de ella se muestra una desgajadura de cantidad de una pulgada y de color muy clara, que tira a blanco, y en el medio una línea parda que parece el corazón”.

La espina en su custodia de Francisco de Alfaro

La espina en su custodia de Francisco de Alfaro

Se conservaba en un relicario de plata dorada, con forma de ostensorio y piezas de cristal. En la actualidad forma parte del cortejo del Corpus,  en el cuerpo bajo de la custodia-relicario conocida como “la chica”, estando coronada por una rosa de plata y la figura de la Fe, en una notable obra de orfebrería realizada a fines del siglo XVI por el orfebre Francisco de Alfaro y que fue adquirida por el cabildo catedralicio al convento del Vado de Gibraleón.

El paso de la Coronación de espinas del Valle / M.J. RODRÍGUEZ RECHI

El paso de la Coronación de espinas del Valle / M.J. RODRÍGUEZ RECHI

La Santa espina es la única reliquia de un cortejo del Corpus en el que antaño llegaron a procesionar huesos, dientes y reliquias de santos en una abundancia ampliamente criticada por ilustrados como Blanco Whitte. Una reliquia que llegó a tener procesión propia el día 4 de mayo en recuerdo de su donación. Un ejemplo del culto a la corona de espinas de Cristo, que dio origen en la ciudad a la hermandad de la Coronación, que también posee una histórica espina, objeto de antiguos litigios, que procesiona en la tarde del Jueves Santo.

La Virgen del Valle de hebrea y con corona de espinas.

La Virgen del Valle de hebrea y con corona de espinas.

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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