El Santísimo Cristo de la Vera-Cruz de Coria

CORIA DEL RÍO

La hermandad de la Vera-Cruz de Coria y los 33 escalones

Sin lugar a dudas, la salida de esta hermandad en la noche del Jueves Santo es una de las más impactantes de la provincia

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La ermita de San Juan Bautista, en Coria del Río, preside un lugar privilegiado en la localidad. Desde allí se puede contemplar la hermosa estampa de las casas que se amontonan en el horizonte, un paisaje que resulta más agradable saliendo desde la puerta del templo y girando hacia la izquierda. Hacia la calle San Juan. Esta es una cuesta que cuenta con una escalera de treinta y tres escalones y que se ha convertido en uno de los puntos cofrades más significativos de la Semana Santa.

Porque cada noche del Jueves Santo, se produce allí uno de los momentos cofrades más destacados de la provincia: la bajada de los escalones por la hermandad de la Vera-Cruz, popularmente conocida como el Cerro. La Humilde y Antigua Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz, Purísima Concepción de María Santísima y San Juan Bautista es una de las corporaciones más antiguas de la provincia, fundada en torno al 1500. Su salida procesional es largamente esperada en la localidad, no solo por esto, sino por la riqueza devocional y artística de que goza.

El Santísimo Cristo de la Vera-Cruz, sagrado titular de la hermandad, es, casi con toda seguridad, una de las tallas de Cristo Crucificado más antiguas de la provincia que procesiona en Semana Santa. De autor anónimo, esta escultura también fue esculpida en el año 1500. Responde a las características de la época, con un estilo tardo-gótico que se quiso «corregir» en el siglo XIX, cuando le colocaron una mascarilla con ojos de cristal. Pero Antonio Castillo Lastrucci, en una restauración, descubrió que no era el rostro original, eliminando la mascarilla.

La Inmaculada Concepción de Coria

La Inmaculada Concepción de Coria

Tras el Cristo procesiona la Santísima Virgen de la Inmaculada Concepción, que lleva la firma de Rafael Barbero, en el año 1953. Esta talla venía a sustituir a una dolorosa del siglo XVII que fue destruida en la Guerra Civil. Ambas imágenes son acompañadas por casi ochocientos nazarenos, un número muy alto, ya que la hermandad de la Vera-Cruz cuenta con una nómina que ronda los 1850.

Un error de cálculo

Teniendo en cuenta esos números se puede deducir que la hermandad es una de las más populares, por lo que los puntos álgidos del recorrido durante la procesión del Jueves Santo son muy concurridos. Aunque si hubiese que señalar alguno, sin duda sería la salida de la procesión. No solo por la espera para ver por primera vez al Cristo de la Vera-Cruz en la calle año tras año, sino por todo lo que ello implica.

Antes del momento estelar de la bajada de los escalones, la misma salida por la puerta de la ermita es un auténtico ejercicio de precisión. Como si a la ermita le costase trabajo despedirse del Crucificado, aunque solo sea por unas horas, la puerta del templo no termina de abrirse del todo por un error de cálculo. Ello, sumado a las dimensiones del imponente paso que talló Manuel Guzmán Bejarano hace que capataz y costaleros tengan que hacer un auténtico milagro cada Jueves Santo para que el paso no roce. Y, por si eso no fuera suficiente, el Cristo de la Vera-Cruz debe ser «enterrado» en el paso, para que no dé por arriba.

El silencio reina en las inmediaciones de la ermita cuando el paso se va aproximando a la puerta. El público asistente sabe que los costaleros necesitan una concentración especial para salvar esta dura prueba y tener los oídos solo para la voz del capataz. Paso a paso, con la paciencia infinita que deben tener los cirujanos en sus manos, el racheo de los costaleros consigue lograr esa proeza. Pero no hay tiempo para la relajación. Aún queda otra prueba igual de dura y, por ello, hermosa.

Bajada y subida de los escalones

La hermandad debe poner rumbo a las calles de Coria, y el camino le lleva por la calle San Juan, la de los treinta y tres escalones. No es habitual que un paso de Semana Santa avance por este tipo de calles, pero es necesario. Y las dificultades aumentan. Si precisión se necesita para que ninguno de los pasos roce las puertas, más habilidad se requiere para, además, corregir la inclinación de la calle San Juan.

Al amparo de la noche, el Santísimo Cristo de la Vera-Cruz enfila la calle, contemplando desde las alturas a la ciudad de Coria, cuyas calles esperan. Y poco a poco, cada uno de los escalones va quedando atrás. Es una proeza que se aprecia con más claridad en el movimiento del palio de la Virgen. Pero, por muy difícil que esto parezca, al final la fe y el buen oficio de los costaleros hace que la procesión pueda llegar a los fieles de Coria.

Así que, de repente, la calle San Juan se queda vacía. Como si allí no hubiese sucedido nada. Pero espera, con paciencia, porque sabe que aún no ha terminado su papel. La procesión de la hermandad de la Vera-Cruz regresará en torno a las tres de la madrugada a su templo. Y de nuevo, los escalones serán el único medio para llegar hasta allí, solo que esta vez, a la inversa. La puerta de la ermita, una vez más. El esfuerzo de los costaleros, la dirección de los capataces, la emoción contenida de los cofrades. Factores que convierten la noche del Jueves Santo de Coria en uno de los momentos cofrades más destacados de la provincia.

La calle San Juan y sus escalones

La calle San Juan y sus escalones

Juan Luis Mármol

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Juan Luis Mármol

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