Cortejo de los Negritos / ARCHIVO TURINA

HISTORIA Y PATRIMONIO

La historia de los Negritos a través de diez nombres

Apuntes para la comprensión de siglos de historia en la diversidad

Por  1:08 h.

La gran monografía que Isidoro Moreno dedicó a la historia de la hermandad de los Negritos sitúa su fundación en los años finales del siglo XIV. Unos años en los que Madrid era una discreta villa que había acogido apenas cuatro reuniones de las cortes. Faltaban más de 370 años para que fuera bautizada Nueva York con su nombre actual y unos 430 años para que los franceses fundaran Nueva Orleans… Una larguísima historia cargada de nombres.

Sepulcro del Arzobispo Gonzalo de Mena y Roelas

1. Fundación

El 28 de enero de 1394 tomó posesión de la sede hispalense Don Gonzalo de Mena y Roelas. La catedral se asentaba todavía en la antigua mezquita mayor de la ciudad y durante tres años había estado vacante el trono por el gran problema de la Iglesia conocido como Cisma de Occidente. Vivió el nuevo obispo hasta 1401, cuando una de las innumerables epidemias de la época acabó con su vida en su retiro de Cantillana. Dos importantes hitos marcaron el paso del prelado por la sede sevillana: la creación del monasterio de Santa María de las Cuevas, para monjes cartujos, en la vega de Triana, y la fundación de una casa-hospital para negros desvalidos. Los primeros cartujos llegaron a comienzos del año 1400. Se desconoce la fecha exacta de la fundación para los negros, que debió estar cerca de la antigua calzada romana que partía desde la puerta de Carmona. Era el inicio de una larga relación entre los negros, los arzobispos de la ciudad y el sector de la ciudad que se situaba en torno a la cruz del Campo: antiguo convento de San Agustín, templo de San Roque, el protector contra la peste, capilla de tradición franciscana dedicada a la Virgen de los Ángeles y Templete de la Cruz del Campo como una de las génesis de la Semana Santa. La tumba medieval de Gonzalo de Mena, hoy en la Catedral tras haber permanecido algunos siglos en la Cartuja, es testigo lejano de estos orígenes a fines del siglo XIV.

La raza negra, presente en un cuadro de Murillo

2. Negros

Morenos o negros. Una población abundante en la Sevilla de finales del siglo XV. Una población de esclavos que procedían de las capturas de prisioneros en las guerras entre Castilla y el reino de Granada y especialmente de las incursiones en África, con un mercado en manos de portugueses que hacían la ruta hacia Guinea, habitual lugar de procedencia. La fundación del hospital asistencial para negros se inscribe en un momento de crisis eclesial y política, en una sociedad multiétnica (negros, gitanos, mulatos, judíos…) y en la actuación política del rey Enrique III, quien tomó medidas de protección para algunos sectores populares frente al poder de los nobles. Se reglamentó el derecho de reunión y de celebración para los negros, en una zona cercana a Santa María la Blanca. La figura del Conde Negro es otro testigo de esta ordenación, que todavía se mantiene en el callejero de la ciudad. Medidas de protección e integración en torno a unos negros esclavos, un bien de lujo que en épocas de crisis llegó a ser abandonado por algunas familias, especialmente si tenían alguna enfermedad o tara física por la que acabaran convirtiéndose en una “una molesta carga para sus dueños”. Se gestaba así una cofradía racial de negros que acabaría siendo un modelo que se exportaría a Iberoamérica.

Vista de la capilla de los Ángeles, San Roque y San Agustín en el plano de Olavide

3. Capilla

El cercano convento de San Agustín, joya olvidada de la ciudad con restos ocultos entre nuevas construcciones, dio nombre al barrio que creció extramuros la ciudad, entre la Puerta de Carmona y el convento que acogió al Crucificado más milagroso de la ciudad. Una zona que se salía de los centros de poder y que, incluso, recogía las deficiencias de la ciudad: el cercano corral del conde desaguaba en aquel sector. Por la cercana calle Amador de los Ríos bordeaba el arroyo Tagarete. En un solar de esta irregular zona, junto al callejón conocido bien pronto como Conde Negro, en recuerdo de aquel Juan de Valladolid nombrado a fines del siglo XV como mayoral y juez de su etnia, comprarían los negros un espacio donde se acabaría situando la capilla de los Ángeles.  Nombrada un largo tiempo como capilla de la Virgen de los Reyes, en 1573 adquirió incluso el rango de parroquia, con el nombre de San Roque, santo de gran devoción popular por su protección contra las epidemias de peste. Trasladada la parroquia ya en el siglo XVII a una nueva ubicación, se mantendría en el tiempo la vinculación con la sacramental. Y se mantendría en su lugar, con ampliaciones y reformas en siglos posteriores, tras resistir cambios en el viario, la presión urbanística, guerras y revoluciones y hasta alguna dramática inundación como las de 1942 o 1961.

Rostro del Cristo de la Fundación

4. Crucificado

“Este Cristo se hizo en Sevilla año de mil y seiscientos y veinte y dos. Hízolo Andrés de Ocampo, maestro escultor”.  De forma escueta firmaba Andrés de Ocampo el que sería titular de la Cofradías, una imagen cercana a los cuatro siglos que, una constante en la hermandad, no entraba en los cánones al uso. Ocampo era ya un autor mayor, fue su última obra, y siguió un modelo de una obra ya realizada, el Crucificado destinado a Honduras que hoy se conoce como Señor de Salamé. Otro reflejo de la hermandad en Hispanoamérica. Cuando el anciano Ocampo, una persona con casi setenta años en aquella época era una excepción, terminaba una obra que quedaría en blanco, la policromía le llegó mucho más tarde, parecía dar fin a un tardomanierismo que ya había sido superado por el nuevo naturalismo barroco de Juan de Mesa. Un Cristo de otros tiempos, de marcada rigidez y profunda austeridad, con elementos estéticos que llevan al Crucificado de la capilla bautismal de Santa Ana en Triana. Otra prueba de siglos. Collación de San Roque, Triana y Comayagua en Honduras. Tres ubicaciones para contemplar la imagen del Crucificado más cercano a la rigidez de un cadáver. Lo menos es lo más.

5. Ángeles

Cartel de la coronación de los Negritos

Un culto solemne en pleno mes de agosto. En Sevilla. Su origen está en una hermosa historia, relacionada con la advocación de Santa María de los Ángeles y con la pequeña capilla de la Porciúncula, cinco kilómetros de Asís, el lugar donde San Francisco fundaría una orden que se expandiría por todo el mundo. Francisco vivió allí y allí pidió a Dios el perdón de sus pecados. En su cercanía escuchó la voz que decía “Francisco, tus pecados has sido borrados.”  Y al volver a la capilla vio como aparecía en medio de una gran luz, la imagen de la Santísima Virgen rodeada de numerosos ángeles. Es el inicio de una advocación y el inicio de una concesión plenaria de indulgencias y perdones que, desde la concesión del Papa Honorio III, se expandiría por todos los rincones de la tierra. Capillas de la Virgen de los Ángeles. La historia del Poverello, del padre Francisco de Asís, en un rincón extramuros la ciudad de Sevilla.

El cardenal Gonzalo de Mena y la fundación de La Cartuja

6. Reglas

Las más antiguas conocidas son las aprobadas por el provisor del Arzobispado en 1554. No son las primeras, ya que la hermandad tenía entidad jurídica anterior (había comprado los solares en los que edificaría su capilla) pero sí tienen un enorme peso por ser la base que ha ido sustentando la cofradía en las numerosas reglas y añadido posteriores. Desgraciadamente se perdió el ejemplar original en la inundación de 1961. «Nos, los hermanos y cofrades, deseando según nuestra flaqueza y poca posibilidad y pequeñas fuerzas mostrar en algo el deseo que tenemos de servir a Dios Nuestro Señor por tan supremo bien y soberano beneficio que nos ha hecho y hace, establecemos y ordenamos esta nuestra Hermandad y Regla y Capítulos de ella a honra y gloria del Omnipotente Dios y de la soberana Virgen nuestra Señora de la Piedad, para provecho y aumento de la salud para nuestras ánimas, y con celo de amor ordenamos las ordenanzas de la forma siguiente…” Como ya indicó Isidoro Moreno, no hay que buscar en el texto una posible advocación de la Piedad. Era la hermandad de los negros. Étnica. Racial. Así constatada en el primero de sus 27 capítulos: “Primeramente ordenamos que en esta Hermandad entren negros libres, y si algún cautivo entrare sea que traiga licencia de su amo, así para servir la cofradía como para pagar las penas, la cual licencia traiga firmada de su mano o, si no supiere escribir, con testigos”

Lápida con alguna leyenda añadida de Salvador de la Cruz

7. Salvador

Su nombre completo era Salvador de la Cruz. Cautivo y bautizado en la parroquia de Santa Cruz. Ingresó en la hermandad en marzo de 1729 y su nombre quedaría, por los siglos de los siglos, vinculado al de la hermandad. Comenzó como diputado de alcancía y en las elecciones de 1731 fue elegido alcalde. Al año siguiente, hermano mayor. También sería mayordomo y otros cargos, en una rotación habitual en las hermandades casi de todos los tiempos. Más de tres décadas de implicación en la vida de la hermandad que se tradujeron en un florecimiento económico y en un importante crecimiento patrimonial, tanto en la capilla como en los enseres. Para ello contó con el apoyo y las limosnas de diversas casas nobiliarias de la ciudad, como los duques de Medinaceli, compensando la falta de cofrades negros por la decadencia del comercio esclavista que se vivía la ciudad. Dedicando su vida de pleno a la hermandad, llegó a vivir en unas pequeñas dependencias de la capilla de los Ángeles, una especie de Miguel Mañana negro y del siglo XVIII. Cuando falleció en 1775 la hermandad era otra. De su labor pasaría a la posteridad el ofrecimiento al cardenal Solís del puesto de hermano mayor, iniciándose así la peculiaridad de que el arzobispo de la ciudad sea el hermano mayor de una corporación que está regida por un alcalde. Salvador de la Cruz descansa, hasta envuelto en la leyenda, a los pies de la Virgen de los Ángeles.

Retrato del Cardenal Solís

8. Solís

Francisco Solís y Folch de Cardona (1713-1776). Hijo del Duque de Montellano. Un cardenal que siempre aparece de perfil en todos sus retratos: perdió el ojo izquierdo en un lance de espada con el aún infante Carlos. Por ello es fácil reconocer su perfil de nariz aguileña, el perfil de un mecenas de la iglesia que patrocinó numerosas intervenciones artísticas como la reconstrucción del convento de Santa Rosalía o el palacio arzobispal de Umbrete. Recibido como hermano mayor en julio de 1766, su vida trascurrió desde entonces en paralelo a la de Salvador de la Cruz, ya que fallecieron incluso el mismo año. En abril de 1774 consiguió del papa Clemente XIV nada menos que seis bulas pontificias que concedían gracias, jubileos y perdones varios que convertían a la corporación y a su capilla de un reconocido centro devocional de la ciudad. Solís murió en Roma en 1775, quizás una muerte temprana que paralizó un posible proceso de beatificación de Salvador de la Cruz. Un cardenal simbólico en una hermandad que, en sus siglos de historia, sostuvo una compleja relación con el arzobispado en la que no faltaron pleitos, disputas y suspensiones.

La Virgen de los Ángeles de los Negritos saliendo desde su capilla / J. J. ÚBEDA

9. Sánchez

Juan Miguel Sánchez definió la modernidad sevillana en dos momentos muy diferentes de su carrera profesional. En 1930 al interpretar a la Macarena en un colorista cartel que se convertiría en todo un icono de la Semana Santa, vanguardia en tiempos de Juan Manuel y de transiciones políticas. Treinta años después, con una dictadura asentada, fue todavía más atrevida la propuesta de un pintor que se formó con Mattoni, Gonzalo Bilbao, González Santos o Bacarisas. Un palio diferente a todo lo anterior, tisú, marfiles, ángeles, alegorías, elementos neobizantinos, alusiones al Modernismo… Auténtica ruptura en una Sevilla anclada en el neobarroco. Fue quizás la mayor apuesta de la hermandad por una obra excepcional, la de un pintor que se supo adaptar al barroco en las pinturas del coro de San Luis de los Franceses o que dotó de contenido con sus pinturas la funcionalidad de un edificio como la estación de autobuses del Prado de San Sebastián.

Vista anónima de Sevilla / AYTO. DE SEVILLA

10. Diferencia

Pocas hermandades tienen en Sevilla una historia tan compleja. Tan apasionante. Tan difícil. Hermandad de negros que viste de blanco. Hermandad que vivió el apoyo de arzobispos, pero también la persecución, la marginación, la suspensión y la exclusión. Hermandad que pleiteó y que sufrió pleitos ajenos. Hermandad de diferentes que son tan iguales a todos. Austera y alegre. De música de capilla y de bolero de Machín. De paso de caoba y de bordados vanguardistas. Durante siglos original sin perder de vista sus orígenes. De Virgen blanca y de angelitos negros. Un rincón para Ángeles en Sevilla.

El cortejo de la hermandad de Los Negritos en la Revista Life

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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