La Inmaculada carmelita de las Teresas

ARTE

La Inmaculada carmelita que talló Juan de Mesa

La historia de una misteriosa imagen del convento sevillano de Las Teresas

Por  2:27 h.

Sobreviven los conventos femeninos frente a los masculinos. Una realidad histórica que convierte a Sevilla en la gran reserva de un tipo de patrimonio y de una espiritualidad en decadencia en el mundo occidental. Conventos femeninos que, en muchas ocasiones, fueron estudiados por investigadoras femeninas a las que también habría que reivindicar. El convento de San José, conocido como las Teresas, tuvo esa fortuna con el estudio de María Luisa Cano, investigación científica reeditada recientemente por la Universidad de Sevilla.

La inmaculada carmelita de las Teresas, en su retablo / SÁNCHEZ CARRASCO

Un convento que parte de una mujer, Santa Teresa de Jesús. La historia de una persecución de unos celos, de mil y una dificultades para fundar un convento que pasó de Armas a Pajería, y de allí, a la antigua casa de un banquero en la judería de Santa Cruz. No quedan los nombres de las calles, pero queda el testimonio de las monjas carmelitas. Y queda su patrimonio. Y hasta la palabra de la santa, cuya relación con la ciudad no fue especialmente buena “Las injusticias que se guardan en esta ciudad, la poca verdad, las dobleces…Yo le digo que con razón (Sevilla) tiene la fama que tiene. Yo confieso que la gente de esta tierra no es para mí y me deseo ver ya en la tierra de promisión. La abominación de pecados que hay por aquí son para afligir harto…” Y hasta su letra original en el manuscrito de Las moradas, una obra que en cualquier lugar civilizado del mundo sería un centro de peregrinación cultural.

La Inmaculada carmelita de las Teresas

Desde 1586, tras el último traslado, habitan las monjas carmelitas descalzas en el barrio de Santa Cruz. Iglesia de Vermondo Resta, adaptación a las casas del banquero Pedro de Morga, creación de un amplio patrimonio… Larga historia la del convento de San José, dedicación que tiene su origen en la profunda devoción que Santa Teresa tenía hacia el santo, una devoción que recogía la exaltación de “los padres terrenos” de Jesús que se realizó por los teólogos de la Edad Moderna. Un ejemplo representativo sería la obra del dominico Isolanus publicada en 1522 titulada “Suma de los dones de San José”, que defendió su figura como un compendio de todas las virtudes cristianas, idea que asimilarán órdenes como la del Carmelo, que lo coloca como modelo de pobreza, obediencia y castidad en su Camino de Perfección. La devoción aumentó en Santa Teresa tras una enfermedad que sufrió en 1539 y de la que sanó gracias a su invocación. Por ello fue devoción principal del Carmen Descalzo, que en 1629 lo declaró patrono principal de la orden. Un año más tarde, en 1630, la priora del convento y el ensamblador Jerónimo Velázquez firmaban el contrato de realización del retablo mayor el convento. Según publicó María Luisa Cano, en el contrato se hacía constar de modo expreso que debían adornarlo “las dos figuras de Nuestra Señora y Santa Teresa” que ya estaban esculpidas y se encontraban en poder de la comunidad. Después de innumerables cambios en el retablo mayor, con permutas y cambios de lugar de imágenes, la figura “de Nuestra Señora” que ya estaba realizada en 1630 se debe identificar con la  conocida como Inmaculada del Carmen, interesante modelo iconográfico que llegó a ser atribuida a Montañés y que, ya en 1972, fue atribuida a Juan de Mesa por Hernández Díaz, quien proponía la fecha de 1624 como la de su posible realización. Posteriormente, el estudio de M. Luisa Cano propuso una fecha más temprana, hacia 1610, ya que estaba documentada en el convento la compra que “dos imágenes de bulto (de talla completa) de Nuestra Señora y San José”. Esta atribución colocaría a la Inmaculada del convento de las Teresas como unas de las primeras obras de Juan de Mesa, fuera de la tutela directa de Martínez Montañés y con un nivel técnico de acabado que demuestra las condiciones del nuevo maestro. Junto a esta documentación, la imagen de la Inmaculada se ha puesto en relación con otras obras documentadas de Mesa con la que guarda notables parecidos estilísticos. Estas dos imágenes serían la Virgen de la Misericordia del Hospital de Antezana de Alcalá de Henares, en Madrid, o la Virgen de la Cuevas, que Mesa realizó para el monasterio de Santa María de las Cuevas de Sevilla y que hoy se puede contemplar en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Los rasgos de la imagen también se podrían relacionar con la imagen del relieve de la Asunción que se conserva en la actual parroquia de la Magdalena de Sevilla, otra obra documentada de Mesa.

Perspectiva desde la sacristía de las Teres/ SÁNCHEZ CARRASCO

La curiosa iconografía de la Inmaculada carmelitana hay que ponerla en relación con una costumbre habitual en la Edad Moderna que era la de vestir a la Virgen, o incluso a Cristo (era habitual en el mundo jesuita) con los hábitos de la orden que correspondiera. También habría que recordar la defensa de las órdenes carmelitas de la devoción a la Inmaculada junto a franciscanos y jesuitas, por lo que es iconografía habitual en el Carmelo.

Virgen de la Misericorida Hospital de Antezama, Alcalá de Henares

La talla muestra a la Virgen ataviada con túnica, escapulario y manto, con las manos juntas en actitud orante, rozándose apenas los dedos entre sí, con parte del pelo cubierto con una toca mientras que en la parte delantera se puede contemplar una larga y minuciosa cabellera. El manto, de una rica policromía, forma una amplia curvatura por la parte derecha y cae recto por la izquierda, una composición habitual en las primeras imágenes de Montañés, que Mesa debió tomar como modelo, y que luego emplearía también Alonso Cano. El manto aparece prendido sobre el pecho, disposición que ya representaron en la época Pacheco y Roelas en el apartado pictórico. Su cuerpo descansa sobre la pierna izquierda y avanza la derecha doblándola, una ruptura de las simetrías anteriores que alcanzará su culmen en la Cieguecita de Montañés.

Virgen de las Cuevas, Museo de Bellas Artes

La Inmaculada carmelita de las Teresas muestra una belleza en su rostro, mirada baja y hoyuelos junto a su boca, que la ponen muy en relación con la Virgen de las Cuevas, obra que realizó Mesa en 1623-24, y conde se vuelve a constatar el sentido de representación de la belleza, más allá del habitual cliché simplista de reducir al autor como “imaginero del dolor”.

Antigua postal de la Virgen de las Cuevas

Quizás una imagen poco conocida dentro del amplio catálogo pasionista de su autor, en el oasis conventual del monasterio carmelita del barrio de Santa Cruz, la imagen de la Inmaculada con hábito carmelita es un atractivo más del amplio catálogo de los secretos conventuales de la ciudad.

La Asunción de la parroquia de la Magdalena / ANTONIO SÁNCHEZ CARRASCO

Retablo mayor del convento de Las Teresas / SÁNCHEZ CARRASCO

Manuel Jesús Roldán

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