Manos de la Virgen del Voto de Pasión / RECHI

ARTE E HISTORIA

La Inmaculada del Voto, la imagen más enigmática de Pasión

«Prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores»

Por  1:15 h.

Lleva la vida en traje de reloj que marca un tiempo que todo lo alcanza. Bordado en hojillas de plata de un barroco cargado de promesas hechas para mirar al frente. Al futuro. Al devoto de ayer, de hoy y de mañana. Eso debe ser la eternidad, el tiempo sin tiempo que se traduce en una mirada frontal pero no perdida, en una actitud de majestad, pero no de distancia, en el peso de una historia que no es peso sino levedad.

La Virgen del Voto de la Hermandad de Pasión en torno a 1955

Una historia que es anterior a la misma talla. Corría el año 1543 y unos hermanos de la Sacramental del Salvador recogían en sus reglas la fiesta de la Inmaculada Concepción, consagrando todos los miércoles del año una misa cantada en honor “de la Limpia Concepción de Nuestra Señora”. Después llegarían otras celebraciones anuales, dotaciones y mandatos testamentarios de aquellos a los que alcanzó el tiempo de los mortales y llegó el tiempo de las eternidades. Sevilla haría de la defensa de la Inmaculada un complejo enfrentamiento entre frailes y congregaciones, entre intereses personales y generales, entre cofrades y teólogos. Procesiones y hasta sangre de por medio para pedir a la Roma papal lo que la Roma triunfante a orillas del Guadalquivir ya sentía: la Madre de Dios no debía tener mancha. Hasta unos quijotes lo defendieron por sus calles: “soy don Quijote el manchego / que aunque nacido en la Mancha / hoy defiendo a la sin Mancha”. Sevilla ciudad de quijotes y de sanchos por las calles: “caballero, eso mismo / defiendo desde mi rucio / y al pecado renuncio”.

Virgen del Voto de Pasión / RECHI

Llegarían los silencios administrativos desde Roma y hasta las decadencias de una ciudad que viviría la más terrible epidemia de peste en 1649. Una ciudad que se llenó de votos y juramentos en cada esquina para salvar las vidas que se escapaban por cada uno de sus poros. Pasada la epidemia, muchos votos quedarían en el olvido. Otros, se asentaron en el libro de horas de la historia. Nacía el mes de junio de 1653. Pascua de Pentecostés. Años de malas cosechas que elevaban el pan hasta tres reales y medio la hogaza. Velázquez ya había regresado de Italia y las Meninas jugueteaban en su imaginación. Felipe IV en el trono y el dominico Fray Pedro de Tapia en la silla arzobispal hispalense. Un día de junio en el que los hermanos de la sacramental hacían un voto, un juramento público para “sentir, afirmar, publicar y defender, en quanto alcançare nuestra capacidad, y sabiduría, que la siempre Virgen María, Nuestra Señora Madre del hijo de Dios, en el instante primero de su generación natural, fue concebida, limpia, y sin mancha de pecado, que fue privilegiada, libre, y exempta de la culpa original, por los méritos, passión y muerte de su santíssmio Hijo, Iesuchristo, Nuestro Señor…” No había sangre de por medio. Era un pacto con el tiempo. Una mirada a los hermanos de un tiempo futuro “de aquí adelante para siempre jamás… sin que el mismo día que aya de ser admitido en ella, haga el mismo voto, y juramento”.

Grabado con el Voto en defensa del Misterio Concepcionista de la hermandad de Pasión / Anónima. 1688. Plancha de cobre y grabado en talla dulce sobre seda.
0,16 x 0,135 m.

La imagen llegaría al año siguiente. 300 reales para un escultor anónimo, no digáis los nombres que los nombres se olvidan, dijo el poeta.  Severa, llena de majestad, erguida, pensada para procesionar. Su nombre, desde aquel siglo XVII, iría unido al de ese voto hecho ahora candelero para ser revestido como una dama de corte de un tiempo barroco. Las manos que la tallaron marcaron los mechones de un cabello sucinto, pensado para ser revestido con cabellos naturales. Su mirada, entornada, frontal, como un antiguo retrato etrusco que escribe la pervivencia en el tiempo con una simetría perfecta. No hay concesiones a la superficialidad, todo es trascendencia. Como la vida. Como la muerte. Como el libro de plata que porta en sus manos, el libro de horas que recuerda tiempos pasados cuando la Virgen se ornaba con una ráfaga de plata con pedrería de Ginebra labraba en 1694 o con una luna de plata que se refugiaba a sus pies del castigo de los malos poetas. Luna. La compleja escritura de esa rara / cosa que somos, numerosa y una. Compleja la historia que se escribe en la mirada al frente de una Virgen que es una promesa, un juramento, un voto.

Lleva la vida en traje de reloj. Eso has pensado al verla alojada en la capilla pensada para acoger el cuerpo del Hijo que la escolta. Carga el peso de la culpa colectiva de una humanidad. Una mancha en madera portada por el más Justo. En las promesas almíbar y en el cumplimiento acíbar. Anda de puntillas haciendo levedad de los pecados. Pasión es compasión. Rachea silencios junto a la que no tiene mancha. La que mira al frente. La que porta un libro de horas de plata. Has pensado que es el libro de tu vida. De vísperas a completas grabadas en un voto por el que no pasa el tiempo. Hay vidas que caben en un voto. Hay vidas que caben en una promesa.

Virgen del Voto de Pasión / RECHI

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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