La Soledad de San Lorenzo en una estampa de principios del siglo XX

Historia

La intensa rivalidad que mantuvieron el Santo Entierro y la Soledad de San Lorenzo en el siglo XVI

En el último tercio del siglo XVI, dos cofradías sevillanas distintas, la del Santo Entierro y la Soledad, rivalizaron por celebrar el Domingo de Resurrección la procesión de Cristo Resucitado, después de que sus cofrades acudieran a su «Encuentro» muy temprano, junto al Sepulcro que se había velado

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No concluía la celebración de la Semana Santa del quinientos sin la conmemoración de la festividad de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, el Domingo de Pascua. De entre todas las del año, la fiesta de la Resurrección era una de las más célebres. Se trataba de rememorar un acontecimiento trascendental para la vida cristiana, por lo que el elevado número de fieles que participaban en ella lo hacían con gran júbilo y manifiesto regocijo. Cuentan las sagradas escrituras que después de haber sido enterrado Jesús, su cuerpo no lo hallaron en el sepulcro. Había resucitado, por lo que Cristo se llevó 40 días «Perdido». Este es precisamente el pasaje evangélico que recreaban los propios cofrades del Santo Entierro la mañana del Domingo de Pascua.

Muy temprano se dirigían los hermanos del Entierro, vestidos de gala, al convento dominico de San Pablo, en cuyo claustro habían dejado la imagen del Yacente dentro del Santo Sepulcro la noche del Viernes Santo, antes de concluir la procesión de Semana Santa. Luego, de madrugada, lo habían estado velando, e incluso durante el «Sábado de Gloria».

Santo Entierro. José María Martín (h. 1820). Grabado a buril sobre cobre. Cedido por J. C. Martínez Amores

El cuerpo perdido de Cristo lo terminaban encontrando ya resucitado, junto al sepulcro. Y con este sagrado simulacro se organizaba una procesión de gloria, en la que figuraba la imagen del Resucitado, acompañada con muchas velas y música de ministriles. El cortejo se encaminaba hasta la capilla que la hermandad del Santo Entierro poseía aquellas décadas finales del siglo XVI, en el barrio de los Humeros, cuando radicaba en el oratorio de la antigua Casa de Hernando de Colón, donde luego se fundaría el colegio mercedario de San Laureano. Dio en conocerse aquel emplazamiento como el Monte Calvario, por escenificarse allí la crucifixión de Cristo, junto a los ladrones, la noche del Jueves Santo, y, con gran dramatismo, el Descendimiento a las tres de la tarde del Viernes Santo.

Resurrección de Cristo. Juan Pérez (1730). Grabado a buril y aguafuerte sobre cobre. Cortesía de J. C. Martínez Amores

Nación genovesa

Muchos genoveses residentes en aquella Sevilla universal, cabecera y monopolio comercial de la Carrera de Indias, profesaban bastante devoción al paso que representaba esta hermandad del Santo Entierro. Formaron parte de ella, como hermanos, también muchos alemanes e ingleses. Entre los cofrades foráneos destacó el industrial alfarero de Génova, Tomas Pessaro, quien protagonizó la fundación de la cofradía de Nuestra Señora de Villaviciosa, en 1582, con la que terminaría fusionándose la del Santo Entierro. En su momento, esta quizá fuera una de las cofradías más devotas de toda Sevilla, pues a ella se integraron un buen número de curas que emularon al propio Jesucristo, como primer sacerdote de la cristiandad.

La del Santo Entierro se fundó después de que la Soledad sacase en su procesión del Viernes Santo el Cristo Yacente. La Soledad denunció ante el arzobispado la intromisión de la del Santo Entierro por el ejercicio de prácticas muy similares. Esta porfía originó un largo pleito entre ambas para dilucidar a cuál de ellas le correspondía la preeminencia de poder celebrar los rituales del Descendimiento y Entierro de Nuestro Señor Jesucristo. De aquellas pugnas y enfrentamientos entre ambas cofradías hace un pormenorizado análisis el historiador Pablo Alberto Mestre Navas en su Historia de la Real Hermandad del Santo Entierro de Sevilla.

La iglesia de San Laureno, que presidía el Santo Entierro, en la actualidad / JAVIER COMAS

Resucitado de la Soledad

Otra hermandad con mayor antigüedad, que reproducía esta misma escena bíblica era la de la «Soledad de Nuestra Señora», hoy establecida San Lorenzo, y en aquel tiempo radicada en la iglesia del convento casa grande del Carmen calzado.

Con independencia de la dolorosa titular, la corporación contaba con una «Virgen de Alegría», imagen mariana para acompañar al Resucitado. Los cofrades soleanos acudían, el Domingo de Pascua, al encuentro del Cristo Yacente que se había estado velando, formados en procesión con una imagen de la «Virgen de Alegría», clérigos y cruz parroquial. En el caso de la Soledad, el Santo Sepulcro lo dejaba depositado, entre los años 1575 y 1594, en el compás del convento masculino de la Merced, sede del actual Museo de Bellas Artes. En cambio, al llegar allí se llevaban la sorpresa de encontrar al Resucitado. Precisamente, el escultor Jerónimo Hernández recibió el encargo, en 1574, de tallar un Cristo Resucitado para la Soledad, según documentó Celestino López Martínez. Finalmente, no llegaría a concluirlo, por lo que la procesión continuó verificándose con la antigua efigie. Desde la Merced, lo llevaban luego hasta la iglesia del convento del Carmen, donde depositaban las imágenes junto a la Virgen de la Soledad en su propia capilla.

Grabado de Lucas Valdés de la Virgen de la Soledad de San Lorenzo, de 1660

Grabado de Lucas Valdés de la Virgen de la Soledad de San Lorenzo, de 1660

A partir del año 1595, la Soledad comenzó a realizar el peculiar ceremonial en el patio del convento de religiosas agustinas del Nombre de Jesús, popularmente conocido como el de las Arrepentidas. Dejaban el Sepulcro en el claustro, al regreso de su estación penitencial la tarde del Viernes Santo, y tras velarlo acudían el Domingo de Pascua, casi al amanecer, al encuentro del Hijo resucitado. Se estrechó tanto el vínculo entre las monjas del monasterio, que todas ellas, con su abadesa a la cabeza, se inscribieron como hermanas de la Soledad en 1595.

Antiguas insignias del cortejo del Santo Entierro / CÉSAR LÓPEZ HALDÓN

Por un inventario de alhajas y enseres de 1597, sabemos que el Resucitado de la Soledad se adornaba con unas potencias y un manto de tafetán rojo, bordado en oro.

Otras hermandades sevillanas, como la del Dulce Nombre de Jesús del convento de San Pablo o la O en Triana, contaban con imágenes de Resucitados y realizaban procesiones en su honor, el domingo pascual.

De los Encuentros de la imagen del Resucitado proviene el origen de los ceremoniales que han sobrevivido al tiempo, todavía persistente en algunos pueblos, el Domingo de Pascua. Entre ellos, «Los Abrazos» de la Soledad de Coria del Río y de la localidad onubense de Hinojos. No obstante, a imitación de la Soledad sevillana, se fundaron por muchas ciudades y villas del antiguo reino hispalense cofradías similares, que llegaron incluso a importarse hasta Hispanoamérica.

Antiguas insignias del cortejo del Santo Entierro / CÉSAR LÓPEZ HALDÓN

Narra el abad Gordillo que la Soledad sevillana pretendió hacer el «Encuentro» o «Humillaciones», confrontando la imagen del Resucitado con su Virgen de gloria, en la plaza de San Francisco, para luego volverlas hacia los espectadores. Pero este tipo de actos paralitúrgicos fueron desterrados, tras la prohibición establecida por el Sínodo diocesano de 1604. Dictaminó el cardenal Niño de Guevara que «no se hagan en la mañana de la Resurrección representaciones, conviene a saber andando con la imagen de Nuestra Señora alrededor del claustro i de los pilares de él, buscando a su precioso Hijo que le dicen que ha resucitado». Sobre esta doble vertiente de la hermandad de la Soledad, penitencial y gloriosa, rinde cumplida cuenta el investigador Ramón Cañizares Japón, en su libro de la Hermandad de la Soledad.

Desde el siglo XVI, nuestra Semana Mayor contó con un magnífico broche de oro. Las procesiones letíficas a Jesús Resucitado y el acompañamiento de su bendita Madre, envueltas de la genuina alegría del pueblo sevillano, que se ha caracterizado también por venerar con gran fervor la Resurrección del Señor.

Santo Entierro por Campana Sábado Santo 2019

La canina del Santo Entierro / ABC