CRÓNICA

La luz de la Conversión

El Cristo de Montserrat miró ayer a Sevilla en misión de evangelización con un Vía Crucis concurrido

Por  0:13 h.

Olía a azahar en la zona del Museo minutos antes de las cinco y media y el calor apretaba, señal de que la primavera se ha adelantado en Sevilla. Fue el vía crucis de la luz. El cielo fue una paleta de colores azules que fue poniendo el fondo al cuadro de la Conversión. Cristo miraba al pueblo, que descubría, como una iluminación que nunca llega el Viernes Santo por la noche y por la figura del Buen Ladrón, el rostro del Gran Poder de Dios crucificado.

El de Montserrat fue uno de los Vía Crucis más hermosos de cuantos se recuerdan, lleno de estampas al compás del reloj solar de la puerta del coro de la Magdalena, que vio salir al inmenso Cristo erguido. El termómetro marcaba en ese momento 28 grados. La manga de camisa hasta sobraba. Quizá por ello el público fuera escaso a la salida. La posición vertical del Señor se reveló como un acierto que debería repetirse en futuras ediciones con otros crucificados. Pero, desde el principio, se observó un ritmo excesivamente pausado. Uno miraba las caras de quienes portaban las andas y comprendía la razón: pesaban un quintal.

Llegaba a la plaza de la Magdalena y apenas se veía el crucificado entre la nube de incienso y la extraordinaria bola de fuego que ponía el contraluz por la espadaña del antiguo convento de San Pablo. Allí apretaba más si cabe el sol. Por eso, el público dejaba metros al cortejo, situándose en la frontera de la sombra. Sudaban los que iban de chaqueta. Entre ellos estaba la nueva consejera de Cultura y Patrimonio, Patricia del Pozo, con su medalla de la hermandad al cuello.

Se arriaban las andas al poco de levantarse. Paso corto. En Rioja, el público comenzaba a llenar la calle. El Cristo de la Conversión giraba en la confluencia de Velázquez y el sol del poniente le descubría matices al rostro. Todo el mundo vio entonces al Señor de Sevilla clavado en la cruz. Por Tetuán, se confunden los devotos con quienes van de tiendas. Cruza despacio la sinuosa recta que va de Jovellanos a Sagasta y, ya con la atardecida encima, aparece por el Salvador y se para frente por frente a la estatua de Montañés, que mira la obra que su discípulo más aventajado ejecutó hace ahora 400 años. Había ya mucho público, que fue creciendo conforme avanzaba el recorrido. En Álvarez Quintero, la luz de nuevo había cambiado. El azul se tornaba plomizo, que sólo daba sombra. La luna, en cuarto creciente, apareció cuando el Cristo bajaba la Cuesta del Bacalao. Y, en Placentines, a los pies de la Giralda, el cuadro era imponente. No cabía un alfiler.

El Cristo de la Conversión llegando a Placentines en el Vía Crucis / JUAN FLORES

Ya con la noche encima, y con 20 minutos de retraso, entraba el crucificado por la puerta de los Palos portado por la Corporación municipal. Comenzaba uno de los vía crucis más participados de los últimos años en el interior del templo metropolitano. Éste solía ser el principal debe del acto central de la Cuaresma.

La imagen acompañaba, y el rezo de las catorce estaciones fue más concurrido, a pesar de su excesiva duración y de los fallos de megafonía. Pasaba el Cristo de la Conversión por cada una de las cruces de guía de las hermandades. Así, hasta que minutos antes de las 21.30, el crucificado barroco de Juan de Mesa se situó frente por frente al mayor retablo de la Cristiandad. Este año, fue el obispo auxiliar, Santiago Gómez Sierra, quien dirigió la reflexión final, ya que monseñor Asenjo se encuentra recuperándose de una operación.

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Poco antes de las diez de la noche, con un retraso considerable, abandonaba el Cristo la Catedral por el camino natural hacia su capilla, aunque por el Postigo. Pese a que fueron los costaleros los que lo portaron de regreso mayoritariamente, no logró recuperar el horario. A las 23.35 horas, la hora prevista para la entrada, el Cristo bajaba por Doña Guiomar y enfilaba Zaragoza. Pasaba la medianoche, a las 0.12 horas y llegaba a casa. Lo hizo mirando a Sevilla, que fue San Dimas, en busca de la Conversión del pueblo. Montserrat dio este primer lunes de Cuaresma un aldabonazo por la evangelización.

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla