La devoción a la Virgen de Consolación de Utrera / A.F.

UTRERA

La madrugada más larga y bella de Consolación de Utrera

Miles de peregrinos acudieron a la cita con la Virgen de Consolación, una devoción que traspasa fronteras

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Cada ocho de septiembre, hay algo muy especial en el corazón de miles de sevillanos que les lleva a recorrer los caminos que llegan hasta el santuario de la Virgen de Consolación de Utrera. Desde localidades como Los Palacios y Villafranca, Mairena del Alcor, El Coronil o Los Molares, riadas de peregrinos cumplen con una tradición que hunde sus raíces en lo más hondo de la historia, para poder disfrutar de unos minutos a solas con la patrona de Utrera, una Virgen que suscitó una romería que se terminó convirtiendo en un fenómeno antropológico de primer orden, que fue prohibida por Carlos III en 1771, pero cuya fuerza y hondura se puede seguir sintiendo en los muros de su bello santuario.

Desde entonces la tradición de miles de familias consiste en recorrer andando el camino hacia este enclave mágico para visitar a la Virgen, una costumbre que ha pasado de padres a hijos, que se ha transmitido de generación en generación y que dota a la feria de Utrera de una jornada de contrastes inigualables. En el recinto ferial se disfruta de la animación propia de una feria de estas características, mientras a pocos metros, en el emblemático paseo de Consolación, los peregrinos ataviados con chalecos reflectantes, caminan silenciosamente a visitar a «la del barquito en la mano».

Miles de peregrinos acudieron a la cita con la Virgen de Consolación / A.F.

Solo desde la localidad de Los Palacios llegaron en la madrugada del ocho de septiembre a Utrera unos cinco mil peregrinos, son el grupo más numeroso y por ello incluso se procedió al corte de la carretera que une ambas poblaciones. «Muchas veces ni los propios utreranos nos damos cuenta de la importancia del fenómeno de Consolación, hemos destinado decenas de voluntarios y trabajadores de las fuerzas de seguridad para que las distintas peregrinaciones puedan caminar de la mejor manera posible», cuenta Juan Diego Carmona, coordinador de los servicios de emergencia del Ayuntamiento de Utrera.

Al contrario de lo que ocurre con la mayoría de las patronas de los pueblos de la provincia de Sevilla, la Virgen de Consolación no procesiona el 8 de septiembre, son los peregrinos los que acuden a verla. Las misas para recibir a los visitantes se suceden a lo largo de la madrugada y la mañana de esta jornada especial –la Función Principal ha estado presidida este año por Juan José Asenjo, arzobispo de Sevilla-, el santuario se llena con la luz de cientos de velas y el camarín de la Virgen es un continuo ir y venir de devotos. «En el siglo XVIII llegó un momento en el que Consolación escapó del control de las autoridades civiles y eclesiásticas, se convirtió en un fenómeno de religiosidad popular con una potencia inusitada. El pueblo se hizo con la Virgen y por ello la romería fue prohibida por el gobierno ilustrado de Carlos III», cuenta el historiador palaciego Julio Mayo, una de las personas que con mayor profundidad ha estudiado la historia de la Virgen de Consolación.

El descubrimiento de América situó a Utrera en un lugar de privilegio de la ruta que unía por tierra Sevilla con los puertos gaditanos. La localidad sevillana se convierte en un enclave por el que pasan miles de aventureros que se embarcaron en aquellos navíos para cruzar el océano. Un aspecto que fue vital para que el fenómeno de Consolación se extendiera por tierras americanas, un influjo que aún hoy es posible detectar. La Virgen de Consolación se convirtió en una Virgen marinera en tierra y su fama de milagrosa se extendió por todo el nuevo mundo.

La Virgen de Consolación de Utrera / A.F.

Una parte de Utrera vive de espaldas a lo que ocurre en el santuario en la madrugada más larga y bella de Consolación, pero hay otra parte de la localidad que mira con sana envidia y satisfacción esos grandes grupos de peregrinos que toman los caminos cada ocho de septiembre. «Siempre nos hemos querido poner en el lugar de los peregrinos, queremos saber que se siente al llegar a Utrera caminando desde los pueblos de alrededor», comenta Paco, un utrerano que junto a otro grupo de paisanos ha probado ya las rutas que parten desde Los Palacios, Mairena del Alcor o Los Molares.

El santuario utrerano ha permanecido abierto la friolera de 31 horas de manera ininterrumpida, lugar en el que la Virgen de Consolación ha recibido con los brazos abiertos a todos los peregrinos que han alcanzado su meta.

Lo que no sabía Carlos III es que si la Virgen utrerana fue capaz de navegar por el Océano Atlántico para llegar a los pueblos americanos, para Ella sobrevivir a esa prohibición, desafiar el paso del tiempo y seguir siendo una referencia para miles de personas de toda la comarca -a pesar de no salir en procesión- era una tarea que estaba completamente al alcance de su mano. Como lo demuestra la especial magia que se puede sentir en Utrera, cada madrugada de ocho de septiembre.