La Virgen de la Caridad del Baratillo, con el fajín que en la hermandad se conoce como «el bueno» por su calidad / R. DOBLADO

Historia viva de la ciudad

La porfía de la memoria histórica con las cofradías

Las hermandades defienden que las pretensiones recurrentes de cada primavera no encuentran repercusión en la vida interna de las corporaciones

Por  11:22 h.

Cofradías y memoria histórica deberían configurar una redundancia a tres bandas, que no un enfrentamiento entre dos bandos. Las cofradías forman parte de nuestra memoria, y sin ellas no se entiende la historia de la ciudad. Sin embargo, la polémica salta de forma recurrente. Cuando se le pone a una Virgen, por ejemplo, el fajín de un general apellidado Franco Bahamonde. Sucedió en el Baratillo el pasado Miércoles Santo. Un grupo de abogados interpuso una denuncia que fue archivada. El asunto se remonta en el tiempo -memoria histórica- veinte años atrás. Entonces era hermano mayor de la hermandad del Arenal el abogado Joaquín Moeckel: «Aquello fue una donación de la hija de Franco, no de la nieta. No se trata de una pieza militar, sino de una obra de arte: seda de primera calidad, borlones de oro y un esmalte maravilloso. Se recibe y a partir de ese momento forma parte del ajuar de la hermandad. La faja -es más apropiado llamarla así- ya no es propiedad de Franco, sino de la Virgen de la Caridad desde hace veinte años».

Moeckel no ha sido el único, ya que «todos los hermanos mayores que han llegado después le han puesto la faja a la Virgen. El año pasado también, y nadie dijo nada». ¿De ahí se puede colegir un ánimo de ensalzar al dictador? «La hermandad no tiene ningún vínculo con Franco. Sí hay vínculos con las capitanías generales. En los años setenta se celebró una parada militar y el teniente general Castejón le entregó la faja a la Virgen de la Caridad, que en algunas ocasiones la lleva». En cuanto al debate interno, Moeckel se muestra tajante: «En la hermandad no hay debate. Y al fajín donado por Franco no se le conoce por el nombre del donante, sino que se le denomina el fajín bueno, por su calidad».

Esa ausencia de debate interno es el denominador común en las hermandades señaladas por los apóstoles laicos de la memoria histórica. Vicente Flores ha sido concejal del Ayuntamiento de Sevilla (PP) y es profesor de Materiales de Construcción. También ha pertenecido a la junta de gobierno de la Paz. Se apresura a aclarar que la Virgen tiene dos fajines, «pero son de la época constitucional». En cuanto al nacimiento de la cofradía como una hermandad de excombatientes, Flores lo desmiente: «Los fundadores de la hermandad eran unos capillitas que hacían la mili en la Farmacia Militar de la Borbolla. De hecho fundaron, con el tiempo, otras hermandades como el Beso de Judas». A la hora de encasillarla como una cofradía ligada a cierta ideología política, Flores lo tiene muy claro: «La hermandad es plural en lo social. Hay vínculos con el estamento militar, pero también con los políticos que dirigen la Delegación del Gobierno». Este profesor que fue concejal en la oposición y se marchó del Ayuntamiento junto antes de que Zoido ganara la Alcaldía, lo político no tiene nada que ver con su hermandad: «Da igual que sean de un partido o de otro. Este año, por ejemplo, estuvo con nosotros la delegada del Gobierno de Aragón, que como es lógico pertenece al PSOE».

Otro asunto recurrente es el de las hermandades de San Gonzalo y Santa Genoveva, cuyos nombres están asociados a las parroquias que se llaman como Queipo de Llano y su esposa. Son múltiples las alusiones que se han hecho sobre este asunto, pidiéndose que las cofradías cambien de nombre, cuando ese santo se refiere a la parroquia, no a la hermandad. ¿Existe alguna polémica en el seno de esas dos cofradías? ¿Las corporaciones aludidas se dividen en dos bloques enfrentados por este asunto?

Cualquiera que escuchara a los que denuncian esta situación pensaría que se tiran los trastos a la cabeza. Sin embargo, el estado de la cuestión es muy distinto. Javier Bonilla ha sido hermano mayor de Santa Genoveva, más conocida por el Tiro de Línea: «No se ha levantado ninguna polémica de ningún tipo. Nadie se para a pensar que la mujer de Queipo de Llano se llamaba Genoveva. Además, tenemos el bastón de mando del general Castejón, y nadie ha comentado nada al respecto».

José Fernández, hermano mayor de San Gonzalo, afirma otro tanto: «Es una polémica absolutamente ficticia. Como diría Felipe González, baladí. Se ha creado por intereses espurios. Nadie habla sobre este tema en el Tardón, un barrio donde predomina la clase humilde y trabajadora». Ese apellido no tiene raigambre en la cofradía: «El apellido Queipo de Llano solo se relaciona con un militar de Aviación -puede tratarse de Gonzalo Queipo de Llano Martí, hijo del general- que salía con una cruz. Además, San Gonzalo no es titular de la hermandad, sino el nombre de la parroquia. Era tan humilde, que ni siquiera era santo, solo beato».

Así pues, nos encontramos con una serpiente de primavera que sale a la superficie cuando el pueblo andaluz anda buscando escaleras para su subir a la cruz. Dice el adagio que cuando el dedo señala a la luna, el imbécil mira el dedo. Cuando el sectario quiere eliminar los fajines, en realidad está mostrando su verdadera intención: atacar a las cofradías y a la Iglesia. Unas cofradías que reúnen en su seno y en sus recorridos por la ciudad una ingente marea de personas que son ajenas a los partidos de esos sectarios. Algo tendrá que ver una cosa con la otra…

La tumba de Queipo de Llano en la Macarena / RAÚL DOBLADO

A tumba abierta

Entre las filas de la izquierda radical no deja de escucharse la exigencia del traslado de los restos del general Gonzalo Queipo de Llano y de su esposa, Genoveva Martí, a un lugar que no tenga nada que ver con la basílica de la Macarena donde están enterrados. Esta obsesión por exhumar generales empieza a convertirse en algo jartible. Desde la hermandad han dejado muy claro que esa decisión no les corresponde a ellos, si bien la Ley de Memoria Histórica se blande como una arma arromadiza por los que se empeñan en ese traslado. Es curioso que hasta ahora no se haya abierto esa cicatriz que se cerró durante años y que pasó inadvertida durante la Transición. Y que los más emperrados en el traslado sean los que defienden regímenes dictatoriales del pasado o del presente sin que nadie les pida que los exhumen de sus mentes.

Francisco Robles

Francisco Robles

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