VIsta frontal de la Virgen de los Reyes anterior a la restauración de 1948

VIRGEN DE LOS REYES

La sonrisa gótica en la Sevilla del siglo XIII

Contexto histórico-artístico de la Virgen de los Reyes

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A mediados del siglo XIII aparecía una nueva vía en las formas de la escultura gótica francesa. En la Catedral de Reims, en la puerta central de su fachada occidental, la imagen sonriente del ángel de la Anunciación forma conjunto con la sonrisa de la Virgen que recibe la buena noticia. Es una evolución de las esculturas de la Catedral de Amiens, que algunos estudiosos definen como la opción amable del Gótico, simbolizada en una marcada sonrisa sobre un esquemático rostro. La obra se suele datar a partir de 1252 pero su origen hay que rastrearlo antes, en los talleres cortesanos de París, irradiadores de una nueva estética que se puede encontrar en de Notre Dame, en los apóstoles de la Sainte Chapelle o en el tímpano de San Juan Bautista en Reims. Una nueva vía procedente de la corte francesa, con intercambio de ideas entre los maestros escultores y los talleres de eboraria, que trabajaban el marfil en piezas fácilmente transportables. Gótico amable que se expandía por España. Y por la corte.

La corte española de mediados del siglo XIII era, prácticamente, itinerante. Embarcada la monarquía de Fernando III en la conquista de las tierras musulmanas del Guadalquivir, las imágenes de la avanzadilla cristiana eran de un tamaño académico. Pequeñas tallas en madera o marfil que se podían portar a caballo. Pequeñas tablas pintadas que se abrían como retablos portátiles. Imágenes de una corte itinerante y guerrera que tenía relaciones con la corte francesa, una conexión en la que explicar el origen de la Virgen de los Reyes.

Virgen de los Reyes en 1948

Su origen y su contexto hay que indagarlo olvidando las numerosas leyendas que enmascararon la realidad histórica. Leyendas como la de los ángeles que se aparecen en el campamento de las tropas cristianas hay que enmarcarlas en la tradición medieval de adjudicar un origen celestial a las imágenes de culto. Los cronistas que narraron la entrada en Sevilla de las tropas cristianas, lunes 22 de diciembre de 1248, colocaron a la Virgen de los Reyes como parte integrante del cortejo. Una imagen que se repetiría en grabados, lienzos o en pinturas murales como las de Lucas Valdés en el antiguo convento de San Pablo. En los listados de aquellos primeros repobladores que entraron en la antigua Isbylia musulmana no había ningún escultor, aunque sí el nombre de algún pintor, como Juan Pérez o un orfebre, un tal Juan Simón.

El Ángel de la Sonrisa en Reims

Aquella imagen, reina de reyes, no pudo hacerse en un inestable campamento. Los estudios del profesor Hernández Díaz ya apuntaron a su posible origen francés y a la escuela francesa de Chartres como posible génesis, bien por talla directa o bien por influencia en los talleres castellanos. También apuntó el origen devocional del modelo en el Císter, curiosamente una de las primeras órdenes establecidas en la ciudad y que todavía mantiene otra imagen de la Virgen de los Reyes en el monasterio de San Clemente.

San Fernando recibe las llaves de la ciudad del rey Axafat, por Francisco Pacheco

Técnicamente, la Virgen de los Reyes es una talla que responde al modelo que el Concilio de Éfeso definió como Theotocos, María como Madre de Dios en un contexto de unión entre el poder religioso y político: una Reina es, al mismo tiempo, trono de Cristo. Una interpretación que deriva de los modelos bizantinos, vírgenes sedentes con el Niño en el eje de simetría de la imagen, un esquema que evolucionaría a una situación lateral, en la que Jesús se desplazaba a un brazo de la Madre.

Sueño de San Fernando, por Matías de Arteaga

La patrona de la Archidiócesis está realizada en madera de alerce, mide 1,76 m y se estructura como un maniquí articulado en el que sólo se talla el rostro y las manos, curioso y lejano precedente de las futuras Dolorosas. En su interior, un mecanismo de ruedas dentadas y correas permitía el movimiento de la cabeza y del cuerpo de la talla, posiblemente empleado en alguna ceremonia a modo de efectista bendición. El rostro tiene un modelado arcaizante, talla en madera con resabios de escultura románica en piedra por su esquematismo, en unas facciones con escasa profundidad donde apenas destaca la nariz. Es la policromía la que consigue crear toda la profundidad de la imagen, especialmente con el apunte de la sugerente sonrisa que entronca con los modelos franceses. Aunque no se suele ver en su disposición al público, la imagen no presenta cabello tallado sino unos finos cordoncillos trenzados en seda y recubiertos de oro a modo de cabellera. Manos tipo manopla en forma de peine y unos pies, que calzan mocasines puntiagudos bordados con la flor de lis y la palabra amor, rematan el icono.

Detalle de un relieve de alabastro subastado en Sothebys representando a San Fernando

En el conjunto, la imagen del Niño presenta una cronología algo posterior a la talla de la Virgen. Quizás, por una posible sustitución o intervención alteradora. Con cabellera ensortijada y sonrisa marcada, es también un maniquí en madera con un mecanismo similar al del la Madre, por lo que, alguna vez, tuvo movimiento. También, es posible que en alguna ocasión fuera situado sobre un brazo y no en el centro de la composición.

El gótico francés, las relaciones entre dos cortes y una devoción que llegó a la nueva Sevilla que se integraba en Europa. Por ella reinan los reyes.

Azulejo de la Virgen de los Reyes en el monasterio de San Leandro

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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