El Señor de Pasión en el via crucis del año de la Fe / PASION EN SEVILLA

La Unción Sagrada. ¿Imágenes, esculturas o muñecos?

¿Qué se entiende por unción sagrada? ¿Qué diferencia a la imagen de la escultura? ¿Acercan, deforman, representan o encarnan a Dios? Algunas pistas sobre el tema.

Por  13:30 h.

1.- Escultura. Arte de modelar, tallar o esculpir en barro, piedra, madera, etc., figuras de bulto. (d.r.a.e.). Vassari (1511-1573), afirmaba que “…el escultor saca todo lo superfluo y reduce el material a la forma que existe dentro de la mente del artista.”

 2.- Imagen. (Del lat. imāgo, -ĭnis). 1. f. Figura, representación, semejanza y apariencia de algo. 2. f. Estatua, efigie o pintura de una divinidad o de un personaje sagrado.(d.r.a.e.).

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Cristo de los Cálices / PASION EN SEVILLA

¿ 3.- Unción sagrada. 1. Acción de ungir o extender un líquido graso sobre una superficie. 2. Acción de ungir o hacer la señal de la cruz con aceite sagrado sobre el cuerpo de una persona, para administrarle un sacramento o darle un cargo determinado. El curioso concepto, con el apelativo de sagrado, fue empleado por muchos teóricos para diferenciar las imágenes sagradas de las simples esculturas, los iconos de los simples muñecos. La idea de unción, empleada especialmente en el cristianismo, hace referencia a la extensión de una característica por toda la superficie de un cuerpo, de forma que el todo se impregne del cargo, de la virtud o de la protección administrada: todo el cuerpo del recién nacido está ungido por el óleo sagrado, todos los poros de un enfermo están perdonados en la unción final y todos los rincones de una imagen están bendecidos con su carácter sagrado.

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Cristo del Descendimiento / PASION EN SEVILLA

 4.- Icono. Un icono o ícono (griego: εiκών literalmente imagen) es una obra de arte religioso del cristianismo oriental en la que se representa a Jesús, María, los santos, los ángeles o diferentes pasajes bíblicos. La pintura de iconos se desarrolló especialmente en el Imperio bizantino, especialmente en la ciudad de Constantinopla. Debía ser venerado pero no adorado.

 5.- Iconoclasta proviene de εικονοκλάστης, rompedor de imágenes, y define al “hereje del siglo VIII que negaba el culto debido a las sagradas imágenes, las destruía y perseguía a quienes las veneraban”. Entre el siglo VIII y el IX se produjeron en el Imperio romano de Oriente violentos movimientos de iconoclasia que, basándose en una interpretación literal de los Diez Mandamientos, prohibieron la representación de imágenes, y atacaron e intentaron eliminar (como las dagnatio memoriae de las culturas orientales) figuras de Jesús, la Virgen o los santos, que fueron destruidos, borrados o profanados. Así se perdió buena parte del patrimonio religioso de la época, basta visitar las iglesias cristianas de la Anatolia turca para comprobar la eliminación de ojos, el borrado de rostros o la destrucción completa de pinturas murales.

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Retablo de Pedro Roldán de la parroquia del Sagrario / PASION EN SEVILLA

 6.- Trento. Entre 1545 y 1563 se celebró en la localidad italiana de Trento uno de los concilios más decisivos de la historia de la Iglesia Su influencia marcó definitivamente el culto público y la representación de la Pasión mediante imágenes. Uno de los decretos aprobados más influyentes en el desarrollo de hermandades y cofradías fue el titulado “Sobre la invocación, veneración y reliquias de los santos y de las Sagradas Imágenes”. Aquí se hizo referencia al desarrollo y control del culto a las imágenes “que se deben tener y conservar, principalmente en los templos, las imágenes de Cristo, de la Virgen Madre de Dios, y de otros santos, y que se les debe dar el correspondiente honor y veneración: no porque se crea que hay en ellas divinidad, o virtud alguna por la que merezcan el culto, o que se les deba pedir alguna cosa, o que se haya de poner la confianza en las imágenes, como hacían en otros tiempos los gentiles, que colocaban su esperanza en los ídolos; sino porque el honor que se da a las imágenes, se refiere Cristo por medio de las imágenes que besamos, y en cuya presencia nos descubrimos y arrodillamos”. Toda una declaración de intenciones que marcaba las distancias frente a la austeridad protestante y que incidía en el carácter didáctico de la representación artística: “Enseñen con esmero los Obispos que por medio de las historias de nuestra redención, expresadas en pinturas y otras copias, se instruye y confirma el pueblo recordándole los artículos de la fe, y recapacitándole continuamente en ellos…”. Nacía, en buena medida, la Semana Santa que ha llegado hasta nuestros días.

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Cristo de las Penas de la Estrella / SANTI LEÓN

 7.- Naturalismo barroco. “Ha de estar vivo antes de haber expirado, con la cabeza inclinada sobre el lado derecho, mirando a cualquier persona que estuviera orando al pie de Él, como que le está el mismo Cristo hablando y como quejándose de que aquello que padece es por él.” El contrato que firma en 1603 el arcediano Vázquez de Leca con Juan Martínez Montañés marca las claves por las que se moverá la escultura del Barroco sevillano postridentino: la imagen debe conectar con el fiel, establecer una relación de cercanía, apelar al sentimiento y no a la razón, a la emoción dentro de la medida, hacer presente a la divinidad mediante su encarnadura en la madera. Es el mayor acercamiento de la imagen al fiel, el concepto de lo sagrado más humanizado, la idea que permite entender por qué las grandes obras de imaginería no son esculturas, por qué la unción sagrada diferencia a estas imágenes de los simples muñecos o de cualquier escultura de perfección técnica constatada, pero de frialdad emocional.

8.- Razón versus sentimiento. “De nada nos sirve hallar magníficas las imágenes de los dioses griegos y representados Dios Padre, Cristo y María: ya no nos arrodillamos ante ellos”. La conocida cita de Hegel (1770 – 1831) permite entender que la razón ilustrada del siglo XVIII, culminada en la Revolución Francesa que, en principio, admiró el filósofo alemán, y el idealismo dialéctico de su filosofía no casaban con la representación de imágenes. En España, las rígidas normas académicas dictadas por Carlos III para el control de la producción artística acabaron creando un arte frío y distante de las emociones que sostenían a la imaginería religiosa: nadie entendió aquellas canastillas pintadas de blanco en imitación al mármol, ni la ausencia de la abigarrada decoración del Barroco, ni a unas imágenes de perfección técnica pero de una frialdad académica que no conectaba con el público. La imaginería entre 1760 y 1810 produce escasas obras en la ciudad, tallas controladas por la Escuela de las Tres Nobles Artes que veían en el Barroco una auténtica “aberración de las Artes”. Habría que esperar al primer Romanticismo de Juan de Astorga para que la emoción volviera a la imagen.

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Virgen de la Antigua y Siete Dolores de la Magdalena / PASION EN SEVILLA

 9.- Nuevos iconoclastas. Ya en 1932 y, especialmente en 1936, las iras extremistas de una sociedad polarizada y construida en el antagonismo superficial, atacaron a las imágenes sagradas: iglesias quemadas, retablos destruidos, imágenes destrozadas… Con un análisis que permite entender la reaparición de un fenómeno tan arcaico. El bárbaro que quemaba una iglesia, o que se esforzaba en sacar los ojos a la imagen de una Virgen o de mutilar a un Crucificado, no actuaba de manera diferente al devoto de la talla sagrada: le estaba concediendo la misma importancia como imagen, como representación de Dios en el mundo; si fuera otro su pensamiento, simplemente habrían ignorado a las imágenes religiosas.

 10.- Muñecos bonitos. Cuando Ortega Brú (1916-1982) respondía sobre el desgarro de sus imágenes, reflejo de otras imágenes que sufrió en las prisiones franquistas por su pasado republicano, daba una clave para diferenciar la imagen de la escultura, la unción sagrada de la frialdad académica: “Todas mi esculturas son desgarros.

 Mi arte es la expresión del alma de mis amigos que han muerto luchando por un ideal. Son como sueños torturados… Los que me tachan de duro no saben que no puedo vender mi arte a los que sólo quieren ver reflejados muñecos bonitos”.

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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