REAPERTURA DE SANTA CATALINA

Lágrimas en los regresos a Santa Catalina

Emociones y abrazos en la vuelta de las hermandades a su templo, más de catorce años después.

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Cuando Santa Catalina cerró sus puertas el 4 de junio de 2004, muchos no imaginaban volver a vivir este momento. Lágrimas, abrazos, caras de asombro en los que la desconocían, sonrisas en los más jóvenes y emociones en los más veteranos. El regreso más esperado de unas hermandades a su templo se produjo anoche desde los cierres de San Vicente o San Andrés. Santa Catalina vuelve a recobrar su vida, la que perdió hace catorce años, cinco meses y veinte días después.

El día comenzó con dudas. A partir de las 17:00 horas estaba previsto el primero de los traslados, el de Santa Lucía. El medio centenar de hermanos que acompañaban a la patrona de la ONCE tuvieron que esperar hasta las 17:18 horas para efectuar su salida. La leve lluvia que caía en la plaza de San Román fue la culpable. Tras recorrer Peñuelas, Bustos Tavera y la plaza de los Terceros, a las 17:53 horas tuvo el honor de abrir por primera vez el templo en este periodo de una década y media de cierre. Antes, por la mañana y de forma privada, el Carmen y el Rosario volvieron a sus relucientes y restaurados altares.

A medida que avanzaban las horas, los nervios se apoderaban de los que esperaban en San Román. Más de seiscientos hermanos y casi medio millar de ellos con cirios esperaban devolver a su hermandad a la casa que un día cerró. La lluvia volvió a aparecer, esta vez con más fuerza. Motivo por el que se retrasó la salida a las 18:36 horas, momento en el que la reconocida cruz de guía pasionista de esta cofradía se paraba en las puertas del templo que dejaba atrás tras años de acogida.

Santa Lucía a regresa a Santa Catalina / RAÚL DOBLADO

La llegada

Pero, si hay que destacar los grandes momentos, la entrada en Santa Catalina quedará para la memoria de las cofradías de la ciudad y de la propia del Jueves Santo. A las 19:15 horas, el prioste Raúl López, esta vez fiscal de cruz, como en aquel traslado de ida de 2004, llamaba a las puertas del templo con tres golpes de mano y rezando: «La hermandad de la Exaltación, que vuelve a su templo». Tras ello, se abrieron las puertas y un aplauso atronador retumbó en la calle Santa Catalina llegado desde los balcones atestados del Rinconcillo o desde el público que se apostaba hasta la plaza de los Terceros. Desde ahí, lo narrado pasa al terreno de la emoción más que de la razón. Los cientos de niños que entraban por primera vez miraban a sus techos asombrados, sus padres le contaban entre lágrimas en los ojos el sitio donde aprendieron a quererse y que un día dejaron atrás. Generaciones y generaciones de hermanos entraban con nerviosismo, era lo esperado, casi quince años son demasiados.

A las 19:35 horas lo hacía el Cristo. Su imponente talla se elevaba sobre un mar de cabezas gracias a la fuerza de la andas cedidas por la hermandad del Museo. En la puerta giró y entró de cara al público. Un mar de flashes lo iluminó mientras se produjo el segundo aplauso de la noche. La iglesia que lo ha acogido durante más de 400 años volvía a recibirle con sus mejores galas.

Minutos antes de las 20:00 horas, llegaba la Virgen de las Lágrimas. Tras ellas, todas las mujeres que nunca la abandonaron y todas las peticiones que nunca le han faltado durante estos años para que su templo volviera a estar como hoy reluce. En cada uno de sus catorce cirios, uno por cada año de cierre, las iniciales de los 84 hermanos difuntos en este periodo de exilio. En los lloros de los hermanos se leían historias personales que nunca sé conocerán; los nombres de Faustino, de Paco Hidalgo, de Pepe Peregil, de Antonio Comas, de «Migue», de Sonia,... de todos los que no han podido volver a verla abierta pero que ayer iluminaban a su Virgen. Todo ha vuelto a su sitio.

Esta es la historia sentimental de un traslado de lágrimas y emociones. Mañana, con la bendición por parte del Arzobispo en la eucaristía de las 12:00 horas, se cerrará la última página de este libro que se ha escrito durante casi quince años.

Javier Comas

Javier Comas

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