Las caras de la Virgen de los Reyes

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La Virgen de los Reyes ríe de felicidad cuando desciende de su camarín para ir en busca del pueblo de Sevilla para tenerlos cerca y poder meditar con ellos, frente a frente. Es lo que sucede cada 4 de agosto cuando la patrona está en suelo terrenal.

«La Virgen está feliz, sonríe, se le ve en el rostro, está radiante», es una de las miles de frases que pudieron oírse cuando los sevillanos besaban las manos de la patrona en la capilla Real, en el inicio del mes de agosto dedicado a la Reina de Reyes.

Una devoción de más de siete siglos y medio, de la más antiguas de todas, heredada generación tras generación, que no necesita ningún tipo de acompañante musical, ni de costaleros, la Virgen lo centra todo. Hay que esperar un año entero para tenerla de cerca, para dar las gracias a aquellas peticiones cumplidas, por seguir besando sus manos un verano más.

En este fin de semana, nivel rojo por altas temperaturas, el periodo vacacional por excelencia de los sevillanos, no ha sido un inconveniente para asistir a la capilla Real. Una larga cola que llegó a adentrarse incluso en ambas jornadas en la calle Mateos Gago, casi una hora de espera a pleno sol, y tan sólo para estar unos segundos frente a la imagen que une a toda una ciudad.

Casi una hora para cumplir y ser fiel a la tradición, como si se tratase del periodo de acabar un año y comenzar otro nuevo. Había quien quedaba atónito cuando la tenía frente a frente, en ese instante el tiempo se detenía aunque fueses por unos segundos, otros no eran capaz de alzar la cabeza. Había impedidos que tienen que ser ayudados para todo, pero que de cualquier forma quieren tenerla de cerca. Algunos consiguieron levantar el cuerpo de su silla de ruedas para tocarla o besarla.

Esos abuelos que comparten una vida juntos y se sientan en uno de los bancos del templo para rezar y compartir lo que les une. La Virgen también consigue el reencuentro de muchas personas. Por eso, ahora sonríe más que nunca, cuando está junto con los suyos, al salir del camarín para ir al encuentro de Sevilla, tal y como el Rey Fernando III quiso. Darle una devoción a la tierra mariana por excelencia.

Cuando estén estos días en la Catedral, miren a su alrededor y observen las caras de los que la admiran, verán la mirada perdida hacía su rostro riendo o emocionado. Cada uno sabe lo que lleva en el interior, pero la Virgen de los Reyes lo aglutina todo en esa sonrisa, la sonrisa etrusca que continúa dando fe después de más de siete siglos y medio.

Las caras de la Virgen de los Reyes / M. J. RODRÍGUEZ RECHI