Las luces secretas del Salvador / FRAN SILVA
Las luces secretas del Salvador / FRAN SILVA

Las luces secretas del Salvador

Fran Silva, fotógrafo y capiller de Pasión, conoce al milímetro las luces y contraluces del Salvador y su paso por todos los rincones de la Colegial

Por  10:02 h.

A la una y cuarto de la tarde el arcoiris de luz atravesando una vidriera revivió los colores del monte agreste del Cristo del Amor. Al fondo, dejaba pinceladas en el retablo rococó, dibujaba levemente las filigranas de la reja y se adentraba en la capilla sacramental del Señor de Pasión en su retablo de herencia jesuita dejando una estampa de las dos grandes devociones de la Colegial del Salvador en un único e insólito retrato.

A pie del camarín de la Virgen de las Aguas esperaba este justo momento el fotógrafo y capiller de la Hermandad de Pasión, Fran Silva, que inmortaliza día tras día estos haces que cambian de intensidad, de textura, de plasticidad durante las estaciones del año, jugando a colorear brillantes confesionarios de madera oscura, orfebrerías de plata, dorados de retablos, ropajes de santos lívidos, cuerpos rechonchos de ángeles y arcángeles, columnas, pilastras y rincones del templo, donde se oculta una pléyade de nombres del martirologio y representantes de la hagiografía más olvidada, que, de pronto, quedan resaltados por estas luces que persiguen circunvalar el interior de la grandiosa Colegial, expedita de sombras desde la brillante restauración de Fernando Mendoza.

Fran Silva, capiller de Pasión

Fran Silva, capiller de Pasión

Fran Silva considera el Salvador «su casa», ha sido -dice- su «salvación» desde que hace unos tres años y medio fue contratado por la Hermandad de Pasión como capiller, rescatándolo de la situación de paro que vivían tanto él como su mujer después de haber trabajado como auxiliar administrativo. Ahora, pasa sábados, domingos y festivos atendiendo la capilla sacramental, abriendo y cerrando sus puertas, en la tienda de recuerdos, en labores de limpieza, orden y mantenimiento y ayudando a preparar las misas, pero sin ser un sacristán al uso.

Reflejo de vidrieras en el Salvador / FRAN SILVA

Reflejo de vidrieras en el Salvador / FRAN SILVA

Es fácil verlo, cámara en mano, en cualquier rincón del Salvador, y no sólo las jornadas que le corresponden por turno, sino a diario, porque no puede despegarse de las inmensas posibilidades fotográficas que ofrece el templo y porque su pasión es atrapar esos instantes a veces fugaces a veces inadvertidos que ofrece la luz al atravesar el mosaico de las diecisiete vidrieras que regalara a la colegial Antonio de Orleáns, duque de Montpensier.

Tiene 43 años. Llegó a Sevilla desde su Villanueva del Ariscal natal, donde vivió hasta que se casó en 2001, es hermano la Vera-Cruz de Villanueva, Silencio y, por supuesto, de Pasión, Hermandad en la que ingresó a los dos meses de entrar como de capiller. Hoy es un enamorado de esta corporación, del Señor y de la Virgen de la Merced. Sobre todo de Pasión, su auténtico «salvador», el que lo rescató «económica y laboralmente» de aquellos malos tiempos en los que el mundo pareció derrumbarse y en los que sólo quedaba luchar por salir adelante. Estar junto al Señor de Pasión es para Fran Silva un auténtico «privilegio».

«Cumple 400 años y estoy aquí, a sus pies. Soy un privilegiado», insiste sin apartar la vista de la capilla sacramental, joyero de uvas, espigas, jaspes y huesos de mártires del retablo relicario que envuelve al Señor, hasta donde penetran los rojos, azules, morados, naranjas de los cristales, que, en la cúpula de la linterna «parecen fuegos artificiales», telas hebreas en la piedra y geodas en las filigranas más redondeadas; los cañonazos blancos de la luna y los focos de la calle de las noches de verano. Los mismos que va registrando milimétricamente según la hora del día, del mes, de la estación, siempre esperando ese enero que lleva luz hasta la cara de la Virgen de la Merced cuando el Señor está en besapiés.

Haces de luz en el interior del Salvador / FRAN SILVA

Haces de luz en el interior del Salvador / FRAN SILVA

Los mediodías de sol largo del verano son para Fran Silva los «más espectaculares», sobre todo cuando cesan las visitas turísticas, y el Salvador entra en soledad y se ilumina desde todos los flancos y él, en ese estado de «serenidad, paz y tranquilidad» que le procura el templo, puede dedicarse a contabilizar los estados de la luz.