La Macarena en la Campana en 2017 / RAÚL DOBLADO
La Macarena en la Campana en 2017 / RAÚL DOBLADO

Las mejores composiciones de Emilio Cebrián

Falleció el 3 de octubre de 1943 y dejó un importante legado para la Semana Santa de Sevilla

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El 3 de octubre de 1943 fallecía uno de los compositores y músicos más importantes del siglo XX, Emilio Cebrián Ruiz. En su legado ha dejado importantes piezas para la Semana Santa de Sevilla. Nació en Toledo en el año 1900. Tan solo vivió 43 años, perdiendo la vida en la localidad valenciana de Lira, debido a un accidente doméstico.

Dirigió la banda municipal de Talavera de la Reina, de Jaén, junto a los Coros del Colegio de Huérfanos Militares María Cristina en Toledo. Académico de Bellas Artes y Ciencias Históricas en su ciudad natal, miembro del Cuerpo Nacional de Directores Civiles.

Además de componer marchas, creó pasodobles, marchas militares, himnos y canciones ligeras. Recibió multitud de condecoraciones como la de la Real Academia de Bellas Artes de Toledo, la de Caballero de la Orden de la República, la de Socio de Honor de la Cruz Roja y la de Mayordomo de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús. En Jaén, Lliria, Talavera de la Reina y Toledo, le dedicaron calles. Con Sevilla, tenía una especial atracción y, por ello, compuso varias composiciones.

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Sin duda, «Nuestro Padre Jesús» es una de las marchas más interpretadas en la Semana Santa de Sevilla, aunque dedicada al Señor de Jaén, «al Abuelo». Data la marcha de 1935, donde incluyó un fragmento del himno de la ciudad jienense, también creado por Cebrián.

Otra de sus piezas más famosas es «Macarena», fechada en 1943. También «Jesús Preso», del mismo año del anterior y dedicada al Cristo de la Vera Cruz de Jaén. «Cristo de la Sangre», de 1941 para el crucificado de Torrijos en Toledo. Es la más grabada de todas las que ha compuesto. «María» es otra de ellas donde se desconoce la fecha de creación y dedicación.

Por otro lado, instrumentó la «Triunfal», de José Blanco, en 1911 para el Congreso Eucarístico de Madrid y convertido en uno de los himnos en las procesiones sacramentales. Por último, la marcha fúnebre, de Frédéric Chopin e instrumentada por Emilio Cebrián.