La Nave Victoria en un grabado de Abraham Ortelius, entre las vírgenes de la Antigua y los Reyes

HISTORIA Y PATRIMONIO

Las vírgenes de la vuelta al mundo

Recreación de las devociones marianas en la Sevilla de 1522, año en el que Juan Sebastián Elcano culmino la primera circunnavegación de la Tierra

Por  12:15 h.

 

«El sábado 6 de septiembre de 1522, entramos en la bahía de Sanlúcar; no éramos ya más que dieciocho, la mayor parte enfermos. El resto de los sesenta que partimos de Maluco… quién murió de hambre, quién evadióse en la isla de Timor, quiénes fueron ejecutados por sus delitos.

Desde que abandonamos esta bahía hasta la jornada presente, habíamos recorrido más de 14.460 leguas, y logrado la circunvalación del mundo, de levante a poniente. El lunes 8 de septiembre, echamos el ancla junto al muelle de Sevilla y descargamos la artillería completa.

El martes, todos, en camisa y descalzos, fuimos -sosteniendo cada uno su antorcha- a visitar el lugar de Santa María de la Victoria y de Santa María de la Antigua».

La Virgen de la Victoria en su retablo de Santa Ana

La Virgen de la Victoria en su retablo de Santa Ana

Dieciocho hombres en camisa y descalzos, desfallecidos y con la mirada perdida. Acaban de dar la vuelta al mundo, tres años has pasado desde que en 1519 salían dirigidos por Fernando de Magallanes. Eran doscientos treinta y siete. Ahora no llegaban a veinte. Y Juan Sebastián Elcano los comandaba. Por la orilla del río que Antonio Pigaffeta, el cronista, llamaba Gadalcavir, suben hasta el arrabal de Triana. Un convento modesto les espera, el de santa María de la Victoria, con frailes de la orden de los mínimos, que habían fundado en la céntrica collación de san Miguel, pero que se trasladaron a la otra orilla del río. Todavía habitan en esta casa modesta de la antigua ermita de San Sebastián, en una «capilla pequeña, pero de maravillosa hechura y disposición». Ya se construye el que será gran monasterio de la orden entre unas calles que algún día se llamarán Pagés del Corro, Paraíso como el que esperan alcanzar algún día o el Salado que quema sus labios desde los primeros meses de la travesía. Se arrodillan ante la imagen de Santa María de la Victoria, sedente, con el Niño en brazos, de factura moderna para 1522, con aires de esas madonnas que traen los escultores italianos que vienen de Pisa, de Florencia o de Génova. Son dieciocho hombres grandes ante una Virgen de Mínimos, una talla que sobrevivirá, muy alterada por el tiempo y por los hombres, en la parroquia de Santa Ana de Triana. Por los siglos de los siglos.

Vista de Sevilla y su puente de Barcas / FUNDACIÓN FOCUS ABENGOA DE SEVILLA

Cruzan el puente de barcas. Su balanceo es quietud eterna en comparación con las tormentas que han sufrido en tres años de viaje. Atraviesan arenales de pícaros, entre olores a brea y a humos de sabor marino. Hay comerciantes en las gradas y santos de barro cocido adornan sus muros. La ya concluida catedral de Santa María de la Sede, otra Virgen de plata a la que algún marino invocó en alguna desventura de aquellos tres años, acoge una pintura mural ante la que se arrodillan uno a uno. Cierran los ojos y recuerdan a compañeros muertos, a deserciones, a tormentas, a traiciones, a ratas que se hacen alimentos, a océanos infinitos y a paisajes de leyenda.

La Nave Victoria en un grabado de Abraham Ortelius

Les oye una Virgen con un Niño en brazos. Antigua que ya ha dado nombre a lugares del Nuevo Mundo. Está en un muro lateral de una capilla donde antes hubo un mihrab musulmán. Es imagen que se repite y se repetirá en las estampas grabadas. Alguna se perdió en el camino. En lejanas tierras orientales, una de esas estampas lleva el nombre de la ciudad: «Nuestra Señora de Sevilla». Imagen que carga el peso de leyendas pero que todavía tiene cara de niña. «Aunque me veáis tan niña, soy más antigua que el tiempo», le escribirán algún día. También moverán su muro y la enmarcarán entre mármoles y bronces barrocos. Ahora es una pintura modesta ante unos hombres descalzos, pero esa es su grandeza: los ha acompañado en la primera vuelta al mundo. Es pintura gótica que recuerda a algún marino a otras de la ciudad, una que llaman del Coral en San Ildefonso y otra que llaman de Roca Amador en la collación de San Lorenzo. Tienen el alma gótica, pero están doradas con la luz de Siena. Vírgenes de la ciudad de las vírgenes.

La Virgen de la Antigua de la Catedral de Sevilla

En la procesión por la Catedral, Antonio Pigafetta y Martín de Yudícibus, originales de Vicenza y de Savona, han salido un rato del grupo para recordar a la Virgen de sus amigos genoveses. Es pequeña y con el alma de alabastro, y su latir se siente al otro lado de las gradas, en calle que llaman de Génova y que algún día será avenida. Los marineros también han tenido un agradecimiento para la Virgen por la que reinan los reyes y para aquellas góticas de un tiempo pasado, Cinta, Consolación, Hiniesta, Madroño, que ahora se transforma en renacer de las Artes.

Virgen de los Genoveses de la Catedral de Sevilla

Es tiempo de belleza en las imágenes de las Madres con sus Niños. Del Gótico al Renacimiento en la urbe que es Puerto de Indias. Todo pasa, pero las devociones permanecen. Dieciocho hombres descalzos dan gracias después de recorrer casi quince mil leguas marinas. Han vuelto a Sevilla con la palabra gracias grabada en sus labios resecos de sol y sal. Pronto conocerán al futuro Emperador, pero su corazón sólo tiene agradecimientos para la Reina. Nunca navegaron solos.

Grabado de la Virgen de la Antigua

La Vrgen del Coral en San Ildefonso

Grabado antiguo de la Virgen de los Reyes

Antiguo grabado de la Virgen de Rocamador

Virgen de Belén por Torrigiano, la nueva estética del Renacimiento

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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